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Talleres de redacción estimulan autoestima de hispanos en Chicago

Las mujeres se ríen, lloran y recuerdan a medida que tratan de poner en palabras sus historias personales en el sótano de una iglesia en el barrio de Highland Park en Chicago, durante un taller de redacción en busca promover su creatividad y su autoestima.

Las participantes, en su mayoría hispanas de Highland Park y de Highwood, se pasan horas hablando en español de sus experiencias mientras toman café y galletas, y luego, las escriben y retocan sus historias hasta el cansancio. Al completarse diez reuniones semanales, elegirán las mejores composiciones.

Los instructores esperan que los talleres les permitan ganar confianza a estas mujeres y tener una mayor participación en la comunidad. Las mujeres, por su parte, disfrutan compartiendo sus experiencias.

“Esto nos ha dado mucho más de lo que esperábamos“, comentó Marielena Lara, de 38, de Highland Park.

La clase, encabezada por Janise Hurtig, de la Universidad de Illinois, es parte de una iniciativa que lleva una década, en la cual se realizan talleres de redacción entre los inmigrantes y las comunidades de bajos recursos en Chicago y sus alrededores.

Hurtig dijo que el proyecto fue inspirado por el educador brasileño Paulo Freire, quien plantea que la educación tradicional a menudo no prepara a la gente para combatir las injusticias de que son víctimas. Freire propone un método de enseñanza alternativo, en el que los estudiantes exploran un tema con profesores que valoran sus experiencias y sus opiniones. El objetivo es ayudar al estudiante a mejorar su vida.

El College of Education de la Universidad de Chicago ha realizado decenas de talleres de redacción en comunidades hispanas y negras, señaló Hurtig. Muchos de ellos en escuelas. El grupo de Highland Park se reúne en una iglesia presbiteriana los lunes por la tarde.

Hurtig dijo que lo mejor es cuando una clase hace que se tomen medidas concretas, como cuando algunos estudiantes se movilizaron para apoyar a mujeres que estaban siendo desalojadas de sus viviendas. El verdadero objetivo de los talleres, manifestó, es fomentar la autoestima de los estudiantes y su capacidad creativa.

“Tienen muchas cosas que contar. Y muchas técnicas de redacción que usan en forma intuitiva“, declaró Hurtig.

Indicó que las clases no son solo para mujeres, pero que las mujeres son más proclives a inscribirse. Con frecuencia escriben sobre sus vidas, su infancia y su añoranza de su patria. En un ensayo que Hurtig tradujo al inglés, Martha Sánchez, de Highland Park, relató las reuniones familiares en México.

“Todos los jueves y domingos nos juntábamos con mis tías y primos, mi madre y nosotros, para pasar buenos momentos“, escribió Sánchez, quien tiene 35 años. “Todos traían comida, que poníamos en una mesa preparada por mis tías“.

Al leer el ensayo en una clase, Sánchez comenzó a lagrimear durante un pasaje en el que alude a que su hijo menor no conoce a su familia en México. Las mujeres se pasaron una cajita con pañuelitos de papel y esperaron a que se calmase y pudiese reanudar la lectura.

Algunas mujeres se sensibilizaban tanto que no podían leer sus escritos, que eran leídos por otras. Las estudiantes dicen que los talleres son “terapéuticos“ y que había sido muy importante aprender acerca de los pasares y las alegrías de los demás participantes.

Hurtig y las otras instructoras, Nora Barquin y Alicia de la Cruz, esperan que esa solidaridad las ayude a forjar personalidades más fuertes. Muchas de las mujeres son esposas y madres, y es enfocan mayormente en su responsabilidad hacia otros, señalaron.

“Tal vez nunca tuvieron tiempo para sentarse a pensar sobre estas cosas“, comentó Barquin.

La oportunidad de ser creativa es inusual en los suburbios, donde, según Hurtig, las mujeres están más aisladas. Destacó que en barrios como Pilsen y Little Village hay vibrantes comunidades de hispanos, pero en suburbios alejados, los inmigrantes están rodeados de gente con la que no se pueden comunicar y con la que no tienen mucho en común.

“Muchas de estas mujeres están bastante aisladas“, manifestó Hurtig. “Vienen con sus maridos y ni ella ni él tienen familia aquí“.

Bertha Chávez trabaja con Family Network, una agencia de apoyo a la familia sin fines de lucro que ayudó a realizar el taller. Ella misma se sintió atraída por las clases y escribió ensayos, junto con Barquin y de la Cruz.

En uno de ellos, Chávez, de 53 años, relató cómo una vecina la aconsejó durante su primera época en los Estados Unidos.

“Esa mujer me enseño cómo criar un hijo en otro país“, escribió Chávez. “Me enseñó cómo llamar al médico para hacer una cita y a valorar nuestros derechos como persona y como paciente“.

Hurtig ve cómo gente como Chávez se encuentra a sí misma al tratar de expresar su identidad por escrito. Dijo que las mujeres descubren que las sesiones las ayudan a ganar “confianza y fuerza“.


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