martes

La venta de discos no es negocio: las ganancias, en la canción misma: Bonsái Publishing

Las nuevas generaciones no compran música, aseguran los integrantes de la editora independiente

La industria de la música ya no se solventa de la venta de discos; el negocio ha cambiado, y los músicos han tenido que adaptarse a las circunstancias. Hoy las ganancias están en la canción misma, en la creación, y los autores ganan de los derechos de autor. Para administrar y proteger los derechos de autor en la música, existen las editoras de música.

En Guadalajara, Bonsái Publishing es la única editora y productora independiente de rock-pop, que se encarga de la promoción de canciones, monitoreo y cobro de regalías. Los dueños de la empresa son cuatro músicos compositores mexicanos: Joselo Rangel, integrante de Café Tacvuba, Rodrigo Ro Velásquez, Alvaro Abitia y Juan Pablo Chino García.

“Se fundó hace cinco años y hace cuatro existe legalmente. La idea era crear una editora porque creemos y sabemos que la industria de la música debe estar sustentada en la canción, no en una agrupación ni en un intérprete. La canción genera y detona toda la música”, explica García.


La sincronización: el negocio


Cuando un autor compone una canción genera dos tipos de derecho: el patrimonial y el moral. El primero es el que le da dinero, a través de las regalías. El segundo es el que establece que como autor de un tema, es el dueño y por lo tanto siempre será reconocido su nombre con la canción.

“Nosotros como editora nos dedicamos a administrar el derecho patrimonial. Buscamos un tema, y vemos si cumple con ciertos requisitos básicos de estructura de canción. Cuando la encontramos una o un conjunto de canciones que forman un concepto interesante, firmamos y tratamos de colocarlo y generar la mayor explotación posible para el tema”, asevera García.

“Por ejemplo, buscamos que un tema entre en una película, telenovela, publicidad, etcétera. Esto se llama sincronización (es decir, se sincroniza la imagen con la música) y es de donde más dinero recibe el creador. Ahora es donde hay más negocio.

“Si hablamos de números, el precio de venta que sale de la disquera hacia la tienda de discos, es aproximadamente unos 40 pesos. La tienda es la que los pone en 120 pesos. Pero el autor gana de los 40 pesos, gana del 10 por ciento por derechos de autor. Esto se divide entre el número de autores de un disco. A menos que seas una estrella como Luis Miguel, que vende 800 mil copias en una semana, la venta de disco es buen negocio. Pero las bandas indies pueden vender 5 mil copias de forma independiente y estos casos son de éxito. Si vendes 10 mil copias, ganas el 10 por ciento, entonces no es gran negocio.

“En cambio si tú metes una obra en una película, por el pago de sincronización, dependiendo del tipo de película, el uso de la canción, se gana 2 mil dólares y van derecho al creador de la canción. El derecho de autor genera dinero y el máster, es decir, la grabación también. Cuando tu estás en una película hay dos pagos, uno es hacia el dueño de la grabación, y la otra es al pago del autor de la obra. Pagan 2 mil al autor y 2 mil al dueño del máster, son 4 mil dólares que van al artista. Como editora cobramos un 30 por ciento de todo lo que logramos generar con un tema”.

El artista firma un contrato de extensión de derechos patrimoniales con Bonsái, “para que nosotros podamos exigir a las compañías los pagos correspondientes. El límite, por ley, del contrato es 15 años, pero hay que tener en cuenta que la vida de una canción es muy larga”.

Hasta el momento Bonsái ha puesto la música a siete películas: Llamando a un ángel, El desconocido, La milagrosa, El quinto mandamiento y Labios Rojos, entre otras.

Esta editora independiente también ofrece servicios como diseño, composición, asesoría legal, marketing, diagnósticos y distribución.

“Promover el disco no nos interesa tanto, nosotros lo promovemos en sincronizaciones y la cobranza en regalías que genera el derecho de autor, que se generan por siempre. Hay un monitoreo mundial, que se hace a través de empresas como ésta y las sociedades de gestión colectiva, que son una especie de sindicato. Es decir, se asocian los autores para el cobro de regalías”, señala García.

La editora está abierta a recibir a cualquier artista. Maneja todos los géneros, “pero no queremos firmar con muchos para realmente darle un seguimiento directo a los derechos de autor. Hoy tenemos 40 autores y 300 canciones”.


Abiertos a cualquier género


Bonsái nació a partir de las propias vivencias que como compositores e intérpretes han tenido los socios de la empresa en la industria de la música. En algún momento de sus carreras han tenido problemas legales generados por sus propias canciones.

“Las grandes disqueras te ofrecen un contrato y te prometen mil cosas. Te marean y tú firmas, pero no sabes qué firmaste. Luego te das cuenta que todo lo que haces de aquí a un tiempo, será para la disquera, no para ti. Hemos sido artistas congelados, como se les llama. Y cuando esto te sucede, tienes dos alternativas, esperar que termine el contrato, o negociar tu salida. Es por eso que nos propusimos crear una editora”, cuenta García.

Dice que el desconocimiento sobre derechos de autor de los músicos ha provocado los “artistas congelados”. Sin embargo, en los últimos años hay más responsabilidad de registro de los derechos de autor, pero “por circunstancia” porque las escuelas de música y de derecho carecen de formación sobre el derecho de autor.

“Al músico le cuesta entender que su arte también se puede convertir en negocio. Muchas veces al explicárselo, les genera un trauma, pero yo como músico tengo empatía con ellos. Cuando lo entienden, hasta mandan a otros, y ese ya sabe de qué se trata una editora”, apunta Abitia.


La música terminará regalándose


García y Abitia también abordaron de la situación actual de la industria musical y coincidieron al decir que “está devastada”, pero que de las cenizas está surgiendo una nueva industria.

“Por los indicadores, que son números fríos, particularmente creo que la música terminará regalándose y lo que estamos viviendo es que se convierta en valor agregado de algún producto o marca. Las nuevas generaciones no compran música. Esto nos habla de una industria totalmente nueva, con esquemas nuevos. Tiene que modificarse la ley federal de los derechos de autor, tiene que haber gente más preparada detrás de los escritorios de la música. Pretendemos que México aparezca en las gráficas de la industria independiente de la música, porque no aparecemos. En México hay mucha industria independiente, pero no hay industria por el acaparamiento de las transnacionales, porque hay una tremenda torpeza de los medios de comunicación durante años y por desconocimiento de los creadores”, dice Abitia.

Añade: “Lo que sucede con los músicos que inician es que confían demasiado en su talento y desconfían de la industria. Eso es un choque que da como consecuencia que te dediques a otra cosa. Llegan pocos y en general son decisiones de escritorio, no de escenario.

“No hay industria independiente de la música que permita una estructura autosustentable y amenace al negocio. Así podríamos tener opciones en la radio, porque no las tenemos. Yo confío en que existirá una industria independiente de la música. Para que exista tiene que haber gestión cultural, que haya profesionalización de los diferentes bloques de la industria”.

No hay comentarios: