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7 ideas para marcar la diferencia

¿Por qué marcar la diferencia? No es ni mucho menos “para destacar”, no van por ahí los tiros. El primer beneficiado de marcar la diferencia, de hacer las cosas mejor, que tu trabajo sea más imaginativo y entretenido, que tenga más calidad, que resulte menos monótono… eres tú. La satisfacción personal, la autoestima, la ilusión que te genera el trabajo bien hecho y de forma distinta, no tienen precio.

Por supuesto que el marcar la diferencia tiene otros muchos “beneficios colaterales”, pero yo me quedo con ese por ser el más directo, inmediato y el que tú vas a disfrutar a título personal.

Aquí van mis pequeñas recetas para intentar mejorar cada día y marcar la diferencia en todo lo que hacemos.


1 Sé Proactivo
No conozco a nadie en el planeta que haya mejorado su trabajo o su vida personal “viéndolas pasar”, sentado plácidamente con un espíritu contemplativo-pasivo. La persona que quiere mejorar, que está decidida a marcar la diferencia, se levanta, da un paso y luego otro. Camina.

A veces implica tener que aprender, tener que pedir algo, acudir a un sitio buscando algo, tomarse la molestia… lo que sea. El Proactivo no se para a ver la molestia, visualiza el resultado de su acción, su éxito. ¿Tengo que aprender a manejar una nueva aplicación? Es un fastidio, sí, pero mi trabajo tendrá más calidad, lo terminaré antes, con menos agobios y será todavía más creativo y eficaz.

Es imprescindible tomar la iniciativa, querer de verdad hacerlo y, lo más importante, hacerlo. Y si te cuesta dar ese imprescindible paso, párate a pensar medio minuto lo que obtendrás tú si lo haces, el beneficio de hacerlo.

2 Apasiónate por lo que haces
No hay nada más terrible que caer en la monotonía o, todavía peor, no ser capaz de ver nada más que monotonía en lo que hacemos. Para mejorar cada día tienes que abrazar cada cosa como tu primera vez, apasiónate por cada paso que das. Desecha el “buff, otra vez a hacer esto…”

A veces es difícil combatir la rutina, pero si no le ponemos pasión —eso es lo que hace una persona proactiva— nos terminará por ahogar. Por supuesto que en nuestro día hay cosas más apasionantes que otras, unas hay que hacerlas porque sí y otras hasta no son agradables. Pero no dejes que ésas sean las que marquen tu día y tu trabajo. Busca y detecta aquello que de verdad te apasiona, y apasiónate más todavía con ello. El entusiasmo es la mejor medicina para la rutina y para marcar la diferencia, pero nosotros tenemos que poner de nuestra parte.

3 Concéntrate en lo pequeño
Yo creo que buena parte del éxito —de marcar la diferencia— reside en hacer muy bien las pequeñas cosas cotidianas. “¡Qué presentación tan bien hecha!”. Seguramente esa persona se detuvo a mejorar y aplicar calidad en los pequeños detalles, ojo, NO las minucias y lo irrelevante, sino lo pequeño y esencial.

Muchas veces creemos erróneamente que lo pequeño no es lo esencial, sólo lo que tiene una cierta magnitud lo es. No siempre es así. Imprime toda tu ilusión y creatividad en algo pequeño, y la suma de esas cosas hará que tu trabajo tenga mejor calidad, marcará la diferencia.

4 Conoce a fondo tus herramientas
“¡Qué presentación tan bien hecha!”. Seguramente el responsable de hacerla sea un hacha en Keynote o Powerpoint. ¿Quieres marcar de verdad la diferencia? Conviértete en un experto en las aplicaciones o herramientas que manejas a diario. No digo conocerlas bien, hablo de dominarlas por completo. ¿Por qué?

Terminarás antes tu trabajo, porque aprenderás los secretos de esa herramienta, serás más eficiente y eficaz.
Tu trabajo tendrá seguro más calidad, porque aprenderás cómo aplicar efectos más sorprendentes o utilizarás técnicas avanzadas que has aprendido.
Podrás contar mejor tu mensaje —por ejemplo para vender—, porque esa herramienta estará al servicio de tu creatividad, y en modo alguno te la condicionará.
Tú creas e imaginas tu trabajo, la herramienta te permite plasmarlo.

5 Fíjate objetivos reales
Yo creo que si quiero marcar la diferencia, mejorar cada día, tengo que ponerme unos objetivos. Pero por encima de eso, es fundamental que sean reales, factibles. Mucha gente naufraga porque se pone metas inalcanzables que suponen muchísimo trabajo, muchísima creatividad o cambios muy drásticos.

Esto son como las piezas de un puzzle. “Mi reto para hoy es poner estas cinco piezas, nada más. Pero lo voy a hacer muy bien, sin agobios y con toda la ilusión y energía que pueda”. En el punto tres hablaba de concentrarnos en lo pequeño. Con los objetivos diarios yo creo que hacer lo mismo. Fíjate una gran meta pero vete hacia ella con pequeños objetivos reales que puedas cumplir, por ejemplo, cada día.

6 No tengas miedo a experimentar
Es también una buena receta para combatir la monotonía que mencionaba antes. Hacer algo de una forma invariable, todos los días del año, es pasaporte directo al país del tedio. ¡Justo lo contrario de lo que perseguimos! Prueba nuevas formas de hacerlo, aplicaciones, investiga un poco, cambia el orden en el que haces tus tareas, el método. Trata de ser también creativo con el modo en el que trabajas. Además de frenar la apatía es muy posible que consigas mejorar todavía más tu flujo de trabajo y el resultado será mejor.

7 Saborea tu trabajo, visualiza tu éxito
Esto tiene mucho que ver con la pasión que le pones a lo que haces —el punto dos—. No hay nada más injusto contigo mismo que hacer algo, hacerlo bien o muy bien, y ni siquiera pararte a saborearlo. ¿Acaso somos cadenas de montaje? El degustar tu trabajo es la recompensa más inmediata que obtendrás, te animará a seguir mejorando, a seguir investigando, a aprender e innovar.

Y si estás en medio de un proyecto complejo… que parece que nunca termina, debes apreciar los pequeños avances, los mini éxitos. Saboréalos, que te insuflen moral y autoestima, y sobre todo visualiza el éxito del proyecto en global, no importa si tardará meses en llegar. Tú lo estás haciendo-y-consiguiendo. Eso te ayudará a ilusionarte cada día más con ello y sobre todo te animará a hacerlo mejor.

8 Evalúa tu trabajo
En el título del artículo digo 7 pero en realidad son 8. Este es un pequeño bonus que debería añadirse siempre en todo lo que hacemos y nos proponemos si de verdad queremos un mínimo de éxito.

No hay mejora sin cambios, eso está claro, pero hasta que evaluemos esos cambios, no habrán servido para nada. ¿De verdad quieres que tu trabajo tenga más calidad y que tú te sientas mejor contigo mismo? Evalúa, analiza. Tanto los resultados como el modo en que los consigues. Hazlo de forma diaria y semanal.

La evaluación te permitirá responder a estas preguntas —los anteriores puntos—:

¿De verdad he puesto todo de mi parte para mejorar?
¿Me he divertido y apasionado con lo que he hecho?
¿He mejorado de verdad las pequeñas cosas importantes?
¿He utilizado mis herramientas de forma inteligente?
¿He cubierto los objetivos para hoy? ¿No? ¿Por qué motivo?
He conseguido mis objetivos para hoy… es momento de saborearlos.



http://el-bloq.blogspot.com/2010/01/7-ideas-para-marcar-la-diferencia.html