sábado

Basura, memoria creativa

El artista madrileño Daniel Canogar ha impartido en Arteleku el taller 'Residuos'. Una docena de artistas trabajaron sus piezas con objetos recuperados de vertederos


«Mirar en la basura, en los residuos, es una manera de conocernos a nosotros mismos. A la sociedad se le conoce por lo que tira». Bajo esta premisa, el artista madrileño Daniel Canogar, ha impartido, a lo largo de la pasada semana en Arteleku, un taller artístico denominado 'Residuos', en el que gran parte de los materiales utilizados en las creación de la docena de participantes fueron sacados de diferentes vertederos.
Canogar, autor de la instalación que España ha llevado a Bruselas con motivo de su turno de presidencia de la Unión Europea, considera que «el artista por naturaleza es alguien interesado en el residuo, interesado en mirar y apuntar a cosas que el resto de la sociedad quizás no quiere ver o quiere quitarse de la vista». En este taller, el artista madrileño ha querido hacer reflexionar a los participantes -casi todos jóvenes con estudios de Bellas Artes- «desde la independencia y libertad del arte, sobre el fenómeno de los residuos y las basuras», y también hacerles posicionas ante la realidad, «una realidad del exceso de una cultura del consumo, del usar y tirar». Luego quizás, «a través del arte, como una forma de posicionarnos, reformular otros modelos».
En busca de material
El 'Punto Limpio' de Irún se abría el miércoles a otras y diferentes miradas. Las de los inquietos ojos de una docena de artistas. En sus retinas, aquel lugar, al que habitualmente se acude para desprenderse de esos objetos que ya no se quieren, pasaban a ser una infinita posibilidad de creación. De sus contenedores, como de enormes cofres de tesoros, todo lo que se iba rescatando entre comentarios y gestos de entusiasmo, dejaba de ser morralla para convertirse en una posibilidad artística.


Ruedas reventadas, bolsos rotos, televisores desmontados, tornillos de mil calibres oxidados, plásticos usados en diferentes batallas, bombillas fundidas, botellas sin cuello y sin culo, frigoríficos destrozados, carros sin ruedas, cables sin cobre, juguetes sin niños... miles de objetos calificados de 'inservibles' cobraban nueva vida en la mente de los artistas rescatadores.
«Estas salidas a los vertederos son muy interesantes, aunque lo son más por lo que te pueden inspirar que por lo que vayas a encontrar», asegura Bea Churruca, joven navarra licenciada en Bellas Artes, que lleva vinculada a Arteleku desde hace casi diez años. «Yo suelo acudir a vertederos de manera periódica, pero creo que esta salida que hemos realizado en el taller ha estado muy bien planificada y ha resultado muy efectiva ya que mucha gente ha utilizado el material recogido en diferentes trabajos».
Tras el 'Punto Limpio' y, en caravana, la segunda parada se realizó en un desguace de automóviles en la zona de Gaintzurizketa y por último, y ya con la noche encima, se acercaron hasta las montañas de escombros de hierro que se desparraman por el Puerto de Pasajes. Todos volvían cargados con sus pequeños tesoros para los diferentes ejercicios prácticos que tendrían que realizar los días siguientes.


La dinámica del taller «ha sido muy acertada» asegura la gazteiztarra Mirian Isasi, quien, tras acabar Bellas Artes, está con su tesis enfocada hacia 'El refugio temporal'. El taller estaba estructurado básicamente en una primera hora de teoría «en la que Daniel nos daba una especie de conferencia», proseguían con un ejercicio con limitación de tiempo para, una vez terminado, analizar cada obra de forma conjunta, «exponiendo cada uno lo que la pieza le sugería». Además de todo esto, ha habido tiempo para hacer excursiones a vertederos y desguaces. «Ha sido agotador pero muy interesante». Está claro que Canogar, a sus 45 años, «tiene muy probada esta dinámica de taller que le funciona perfectamente. No te da tiempo a dispersarte y, de alguna manera, da pautas de cómo enfocar futuros trabajos».
Las charlas que el artista madrileño impartía a primera hora «trataban sobre aspectos vinculados al tema del residuo como pueden ser el exceso, la huella, la ruina, lo fantasmagórico...», comenta el donostiarra Ibon Mainar, que dejó de lado su titulo de empresariales para dedicarse al arte. «Me gustó mucho», confiesa Mainar, «que en la primera clase presentase su propia obra y sus métodos de trabajo. De esa manera él se abría a nosotros y daba mayor sentido a sus explicaciones teóricas». Mainar considera que esos apuntes teóricos «nos abrían y ampliaban el campo de visión para los posteriores ejercicios prácticos»



Tras la parte teórica, Canogar les imponía un tiempo limitado para realizar sus piezas-bocetos. «Son ejercicios de ejecución rápida en los que no me gusta que los participantes pasen mucho tiempo pensándolos. Es la parte intuitiva en la que se procura evitar los censores interiores que todos llevamos encima», asegura el artista. Este tiempo de ejecución fue haciéndose mayor a medida que pasaba la semana y se acercaban a un último proyecto con más empaque. «Ha sido como una reactivación neuronal. Como una inyección», afirma el donostiarra Abel Barcenilla, quien nunca antes había participado en actividades de Arteleku. «Para quienes trabajamos en arte y tenemos parones de ideas, es una gozada tener estímulos que nos hagan realizar una obra al día».
Análisis de las piezas-boceto
Una vez terminados esos trabajos urgentes, todos los participantes se reunían en torno a la obra para exponer en voz alta su impresión. La voz de Canogar, que atendía silencioso a todas las opiniones, se dejaba oír en último lugar precediendo a la del propio creador. Con este ejercicio conjunto, «pasamos a distanciarnos de los resultados, a analizarlos. Después de lo rápida que ha sido la ejecución de esa pieza, que sirve como apunte o boceto, nos tomamos nuestro tiempo para ver qué es lo que ha pasado ahí».



«Ha sido uno de los aspectos más interesantes del cursillo», reflexiona la gazteiztarra Nerea Lekuona. «El 'feed-back' que se consigue con este trabajo en equipo es muy enriquecedor. Ayuda a descubrirte y también a reafirmarte en muchos aspectos. Y lógicamente sirve para que te conozcan los demás», asegura esta joven que ha estudiado para técnico de imagen y sonido, diseño gráfico y moda. «Daniel tiene callo, nos ha pillado enseguida a todos, aunque también es normal porque, de alguna manera, nos ha visto en el proceso creativo».
El taller 'Residuos' acabó el viernes con la sensación común de haber resultado «muy intenso e interesante», con una calificación «sobresaliente» en la dinámica llevada a cabo por su conductor, Daniel Canogar, y un «apasionante» trabajo en equipo. Con más de 30 trabajos-bocetos que sirvieron para un último proyecto individual que se consideró conveniente tenerlo «perfectamente documentado»


http://www.diariovasco.com/20100201/cultura/basura-memoria-creativa-20100201.html