miércoles

NUESTRA SALUD MENTAL

LA CONSTRUCCIÓN DE LOS PUENTES



El Distribuidor Vial Revolución, apodado el DVR, porque después de todo, así se acostumbra apodar a los maleantes, es verdaderamente un excelente ejemplo para todos nosotros como laguneros y naturalmente como mexicanos también, sobre el cómo no deberíamos planear nuestros proyectos, de cómo no deberíamos construir nuestros puentes, si es que realmente nos interesa que se desarrollen, que lleguen a alguna parte y que alcancen sus objetivos e ideales. Hemos visto heridos y avergonzados con pena ajena, como a la larga esta experiencia se llegó a convertir en una noticia y una burla nacional, como tantas otras de las muchas que con frecuencia suceden en México; noticias que para algunos nos hacen cuestionar en qué tipo de sociedad vivimos, mientras para otros, simplemente representa una encogida de hombros, un voltear la cara para el otro lado y un continuar con lo que sigue, "porque al fin y al cabo así somos y así estamos hechos". De esa manera, el DVR y su sustituto, del que todavía no probamos sus resultados, permanecerá siempre como un monumento a la ignorancia, a la deshonestidad, al fraude, al engaño, al dispendio sin sentido de recursos ajenos naturalmente, a la mala administración, organización y planeación de las obras públicas, pero sobre todo al descaro, a la impunidad, a la arbitrariedad, al abuso del poder y a la falta de una transparencia que se nos quiere hacer creer que existe y que se publica a los cuatro vientos. Desgraciadamente, la realidad es que nadie tiene el valor de dar la cara, rendir cuentas, aceptar el gravísimo error, pedir disculpas públicamente, y tratar de enmendarlo, y compensarnos de alguna forma a nosotros como ciudadanos, que lo sufrimos y que a la larga tenemos que cargar con los errores de otros y además pagarlos. Unos a otros se culpan, se cubren, se protegen y se esconden, con esa agilidad, habilidad y capacidad artística que les caracteriza, hasta convertirlo en un "thriller" excepcional y fantástico, como "El misterio del DVR desaparecido", que si viviera, el mismo Hitchcock envidiaría.

La motivación y las técnicas para construir puentes se aprenden desde muy temprano en casa, en el hogar, en el seno de una familia en la que nacemos, en donde nos criamos y nos desarrollamos. Se aprenden no sólo con las palabras y la orientación, sino en la mayoría de los casos con los ejemplos cotidianos, en vivo y a todo color, en todo momento de nuestra infancia temprana, tardía o de nuestra adolescencia y aún después, ya que siempre seguimos aprendiendo, quizás hasta el momento mismo de nuestra muerte. Lo aprendemos de nuestras madres y padres, hermanos y hermanas, tíos y tías, abuelas y abuelos, así como de todos aquellos adultos que conocimos, que se cruzaron con nosotros en el camino y que dejaron su huella, que fueron significativos en ese aprendizaje. Así sucedió también con las maestras y maestros, con el personal de las escuelas en sus diferentes etapas de la educación académica, pero igualmente con los compañeros y compañeras, con los amigos y las amigas, con todas las personas con quienes hemos ido compartiendo tiempos y espacios a lo largo de nuestra vida. Es así como hemos ido aprendiendo a construir puentes, estimulados por los demás y por nuestro ambiente, pero aprendiendo a a la vez a descubrir y utilizar nuestras propias habilidades y capacidades, así como nuestra inteligencia, nuestra imaginación y nuestra creatividad.

Pero la enseñanza definitivamente, no se limita al hogar o a la escuela, puesto que fuera de estas dos áreas tan básicas y extensas, nos movemos además en ese ambiente social y cultural en el que vivimos y al que pertenecemos, que es todavía más extenso. Y dentro de ese ambiente, se encuentran dos fuerzas fundamentales que marcan y orientan nuestras vidas en una forma quizás todavía más radical y definitiva, de lo que nosotros mismos suponemos o podemos darnos cuenta y aceptar. Por un lado, nuestro sistema político, legal y administrativo en general, que es naturalmente el que nos rige; pero por otro lado, el cada vez más formidable y vasto sistema que involucra a todos los diferentes medios de comunicación masiva que han surgido en nuestros tiempos. Ambas fuerzas obviamente nos enseñan y ejemplifican desde niños esas técnicas para construir puentes, mediante mensajes poderosos y enérgicos, casi imperativos en ocasiones, pero igualmente sutiles e inclusive subliminales en otras. Tales fuerza funcionan en forma directa sobre cada uno de nosotros, pero también a través de su influencia en los hogares, las familias y las escuelas



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