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Eureka!

La intuición es un proceso arcaico de la inteligencia humana, que ejerció un rol fundamental para la supervivencia de nuestros ancestros.

El hombre primitivo dependía de ella para vivir ya que el ambiente y las amenazas le exigían respuestas rápidas y exitosas. Esta necesidad de inmediatez de respuesta hizo que la intuición se volviese un proceso inconsciente.

La intuición, a diferencia de los procesos lógicos de nuestro cerebro, tienen lugar fuera de la consciencia. Esta cualidad es lo que la ha convertido a la intuición en algo abstracto que, con frecuencia, se coloca en la categoría de superstición.


Los pasos del pensamiento intuitivo nos son desconocidos y apenas podemos acceder a su resultado final.
La desvalorización de este tipo de proceso mental, lo coloca con frecuencia junto al INSTINTO: “Fue una reacción instintiva…”.


Sin embargo en un gran número de situaciones, es la intuición la que nos mantiene a salvo de accidentes, la que nos permite evitar disputas maritales o laborales o la que nos permite manejar con ecuanimidad las relaciones de nuestra vida.
La intuición opera eficazmente, solo luego de un largo periodo de observación y experimentación y alimentada por otros conocimientos.


Es importante diferenciar entre un simple golpe de suerte y el famoso Eureka!, producto de una intuición entrenada y estimulada.

En ciertos procesos de investigación, o diseño, es nuestra mente intuitiva lo que nos guía acerca de a qué debemos prestar atención y hacia donde dirigir nuestra mirada. Razón por la cual, es la intuición quien traza el recorrido de nuestra mente pensante o lógica.

Contrario a lo que el imaginario popular sostiene, la intuición es mucho más que un don de unos pocos iluminados. Muchas veces los pensadores de tipo lógico más puro -hemisferio cerebral izquierdo- inclinados a moverse con esquemas del tipo paso a paso, secuencias, cifras y hechos concretos; suelen desacreditar y menospreciar el pensamiento de tipo intuitivo.
Sin embargo, ambos procesos tienen sus beneficios y tratar de desarrollarlos y hacer que interactúen a nuestra conveniencia es una excelente forma de alcanzar la excelencia.

Las diferencias entre un tipo de pensamiento y el otro pueden verse claramente al comparar el pensamiento occidental –de tipo lógico- y el pensamiento de tipo zen –de tipo intuitivo-.


Podemos comenzar a despertar nuestra intuición, aprendiendo a pensar de un modo cercano al zen, dejando de lado, por momentos, nuestros prejuicios, categorizaciones, etiquetas, nuestra necesidad de orden y estructuras.


Un buen ejercicio de percepción intuitiva es contemplar algo –un paisaje, un cuadro, una situación cotidiana- sin decir nada acerca de ella, sin dejar que nuestra mente juzgue silenciosamente.
Experimentando sin juicios, sin etiquetas; simplemente dejando que exista en nuestra mente. Al intentar hacerlo, nos damos cuenta lo difícil que es apagar nuestros dialogos internos acerca de las cosas o las situaciones.


La capacidad intuitiva, se basa en ciertas habilidades, de modo tal que si desarrollamos y entrenamos esas habilidades, estaremos estimulando nuestra intuición.


Habilidades que favorecen la intuición:

• Encontrar cosas de manera rápida. Por ejemplo, la capacidad de encontrar a la persona que buscamos de un simple vistazo



http://gfimpronta.blogspot.com/2010/03/eureka.html