Claves para el desarrollo de la Creatividad personal
F. Javier Corbalán Berná
Universidad de Murcia
VII Premio Internacional TEA Ediciones 2008
Cuántas veces nos hemos maravillado por encontrar una respuesta inesperada a un problema que nos preocupaba... Sin mediar más que un hágase, estaba listo en su justa medida y proporción, y además, funcionaba...
Cuántas veces también nos hemos maravillado ante la destreza de un niño por encontrar una salida aceptable a una situación imposible. O una verbalización tal que pone en conflicto las normativas más establecidas de lenguaje y de gramática.
Cuántas otras veces, hemos quedado admirados ante una obra de arte, ante una acrobacia que desafĂa las más elementales leyes de la gravedad, o ante una salida temperamental que con poco riesgo arregla marcados desatinos.
Cuántas, cuántas veces nos ha sorprendido la simplicidad de un mecanismo al que aĂşn no habĂamos logrado ni imaginar, o quedamos turbados ante un cuestionamiento interesante que pone en crisis sistemas anteriormente bien fundados...
Y tantas otras muchas veces nos hemos contemplado, perplejos, de nuestra astucia, agudeza y sensibilidad para encontrar una salida allà donde el resto encontraba solo dificultades... y tantas veces también hemos sido generosos (tal vez con un algo de envidia encubierta) para reconocer a los demás ese toque de genialidad oportuna.
Las interjecciones ¡es genial! o ¡que creativo!, surgen espontáneas, modifican el espĂritu y llenan el ambiente de una sensaciĂłn que Csikszentmihalyi apodarĂa como fluir mental!!!, convirtiĂ©ndonos, al menos por unos instantes, en ‘una persona especial’.
Pero este dominio interior no siempre es asĂ... ni los notables creativos ni los humildes sabedores de este poder pueden hacer gala de una presencia destacada en todos los momentos de su vida ni en todas las áreas. Tal vez es posible, y solo tal vez, cuando simultáneamente se hacen presente en un tiempo y un espacio determinado las juguetonas variables intervinientes; es entonces que la luz, más que el calor, ilumina la escena y el genio creativo, la obra, la manifestaciĂłn, se expresan en toda su presencia y poder.
La pregunta: ¿quĂ© lo hace ser asĂ al fenĂłmeno de creaciĂłn, tan potente y atrevido? Respuestas sencillas muestran caminos ingenuamente mágicos, que dan por contestaciĂłn: un don divino, es heredado, es genĂ©tico, su padre era asĂ, está tocado por la varita fantástica... Si bien algo o mucho de estos componentes pueden darse asociados, lo que seguro no faltan son el conocimiento sobre un tema y asuntos relacionados, la oportunidad con su cara más atrayente de necesidad y un reconocimiento inmediato o tardĂo sobre la conveniencia de comenzar a transitar por un nuevo rumbo.
Entendida asĂ la creaciĂłn deja de ser un patrimonio personal Ăşnicamente y desde su inicio tiene fuertes relaciones con el tema de que se trate y con la aceptaciĂłn social de que la propuesta es una mejor perspectiva de satisfacer un requerimiento de supervivencia, o relacionado con el arte, lo estĂ©tico, lo bello y lo plástico; con la ciencia, con el placer o con formas de hacer distintas… AsĂ, tanto saber como oportunidad deben encontrar la persona creativa donde eclosionar.
En tal caso, ¿quĂ© marca la diferencia entre el creativo experto y el ocasional aficionado? A nuestro entender la principal diferencia está en la frecuencia con que uno y otro hacen uso de alternativas creativas en el comportamiento existencial. Para el primero es una forma de vida y busca la oportunidad para mostrar ‘algo imaginativo’; para la mayorĂa silenciosa es un camino pocas veces transitado conscientemente.
TambiĂ©n caracterizan al experto creativo la mayor variedad y profundidad de intereses que es capaz de mantener vigentes y actualizados; su incesante bĂşsqueda de los aspectos paradĂłjicos en lo que ocurre y de aquello que en circunstancias similares no se confirma; tienen una manifiesta incontinencia por preguntar y preguntar aunque las respuestas le sean esquivas la más de las veces, su pasiĂłn está en hacerle un amague a lo desconocido en el deseo de encontrarlo -a lo desconocido- con la guardia baja y asĂ poder asaltar la fortaleza en busca de lo ocurrente, de lo singular, de lo bello… Por contraste, los menos calificados derrochan sus esfuerzos en el cotidiano devenir sin intuir casi otras alternativas. Lo rutinario embota sus sentimientos y sus vidas, restringiendo significativamente no solo la pasiĂłn por el uso sino, además, el uso espontáneo de estas potencialidades.
Una tercera cuestiĂłn, que puede mencionarse como distintiva entre ambas categorĂas, tiene que ver con una cualidad de la personalidad identificada como la toma de fuerza del chasco. Casi nada[1] en el mundo guarda tanta energĂa potencial para un creativo como no haber dado en la tecla adecuada al intentar una pregunta, al proponer una soluciĂłn o en la interpretaciĂłn de un fenĂłmeno fĂsico, social, estĂ©tico o cultural… El fracaso inicial es el principal motivo para unos y sume en el desaliento a los menos preparados.
¿QuĂ© identifica a unos y otros? PodrĂamos acordar en que son los procedimientos lo que tienen en comĂşn los esfuerzos y los resultados tanto de los creativos como de aquellos que lo son menos. AsĂ este nuevo elemento potencia la idea de que ser creativo es una cuestiĂłn de grado, de nivel de asociaciĂłn con algo definido como prototipo de persona creativa.
Y como vemos, los procedimientos están asociados a la persona, al tema de que se trate y también a que la gente reconozca como especial y sorpresivo el resultado obtenido.
Es todavĂa una cuestiĂłn abierta y agregan complejidad al tratamiento del tema de la creatividad aspectos como la presiĂłn publicitaria, en el sentido de lograr la penetraciĂłn en el mercado de tal o cual producto o personaje al que se hace famoso por un exiguo tiempo, o que adquiere notoriedad en poblaciones especificadas, que logra reconocimiento y aclamaciĂłn por multitudes y por tiempos considerables, pero terminada su visibilidad desaparecen del escenario dejando tras de sĂ menos vestigio que los leves aleteos de una mariposa. En cambio otros se convierten y convierten sus obras en tradiciĂłn o en clásicas.
1.- El concepto de creatividad
¿CĂłmo definir, entonces, la creatividad? Ya resulta delicado distinguirla de conceptos como genialidad, superdotaciĂłn o arte; comprometido situarla en un marco neurofisiolĂłgico; inviable discernir si ubicarla en la personalidad o en la inteligencia. Pero definirla, describirla, es como pedir al agua que haga de cauce.
En principio, como dice Boden (1991, p.51), tenemos definiciones operativas de la creatividad, pero no una definiciĂłn conceptual. Es decir, estamos en una situaciĂłn similar a la del descubrimiento de la electricidad: nadie sabĂa quĂ© era aquello, pero se tenĂa una clara experiencia de su descarga. Probablemente hemos de tener mucha paciencia con el problema de la definiciĂłn conceptual de la creatividad. Parece tratarse de un problema similar al que existe en la PsicologĂa sobre la definiciĂłn de la inteligencia. Durante muchos años los psicĂłlogos se han estrellado tratando de dar una definiciĂłn que conceptualizara el fenĂłmeno de la inteligencia: en 1921 y en 1986 se celebraron dos estentĂłreos simposios mundiales sobre el tema que sirvieron para comprobar la imposibilidad de la definiciĂłn. Hoy dĂa se abre camino la postura de, al menos por ahora, reconocer a la inteligencia como un concepto primitivo, no definido ni definible, pero que encuentra significaciĂłn en las teorĂas y a su vez hace posible la definiciĂłn de los demás conceptos de las mismas. Un planteamiento que no es ajeno al resto de las ciencias.
Parece bastante claro que hay que adoptar el mismo planteamiento para la creatividad. Probablemente nos imposibilita la definiciĂłn conceptual la enorme complejidad del concepto. Como afirman Runco y Sakamoto (1999, p.62), “La creatividad se encuentra entre las más complejas conductas humanas. Parece estar influida por una amplia serie de experiencias evolutivas, sociales y educativas, y se manifiesta de maneras diferentes en una diversidad de campos”. Es, por tanto, necesario romper con la idea de que la creatividad es un rasgo simple e interior del sujeto (aunque esto nos facilitarĂa una relativamente fácil definiciĂłn de la creatividad). No es un rasgo simple porque, por un lado tiene que ver con muchos rasgos del sujeto: el estudio del individuo creador supone el estudio de su mente y su personalidad, los procesos cognitivos que en Ă©l se realizan, su mundo afectivo y motivacional: de manera que considerada la creatividad como rasgo es necesariamente un rasgo muy complejo, lo que tĂ©cnicamente considerarĂamos como un factor de orden superior. Pero además, es cierto que no podemos comprender al sujeto si nos limitamos al estudio aislado de su interior: los individuos humanos no existen como islas en el espacio, sino en una esencial interacciĂłn de sistema abierto con los demás sistemas, en transacciĂłn imprescindible con el contexto. No se puede hoy dĂa comprender la conducta del individuo sin el análisis de la interacciĂłn con su entorno (ambiente general, grupo social e influencias sociales y culturales que recibe y con las que interacciona). El resultado es que lo que llamamos “creatividad” es un fenĂłmeno de tal manera complejo que algunos optan por describirla no como un rasgo sino como un sĂndrome (es decir, un conjunto de sĂntomas), o esencialmente un conjunto. Algunos le atribuyen tal complejidad que piensan en la necesidad de una nueva disciplina (la “creatologĂa”) para poder comprenderla.
Para los psicĂłlogos es bastante evidente hoy dĂa que la creatividad debe ser considerada como un constructo multidimensional, que representa la interacciĂłn o confluencia entre mĂşltiples dimensiones. Por aquĂ van las aportaciones actuales más fecundas. PodrĂamos citar algunas de estas teorĂas. Para Feldman, D. H. (1999) las dimensiones implicadas en la creatividad serĂan básicamente los procesos cognitivos, los procesos socioemocionales, los aspectos familiares evolutivos y actuales, la educaciĂłn y preparaciĂłn, las caracterĂsticas del dominio (el contenido teĂłrico) y el campo (el grupo social), los aspectos contextuales socioculturales, las influencias histĂłricas (sucesos y tendencias). Amabile (1983) elaborĂł un modelo de la creatividad formado por tres componentes: las destrezas importantes para el campo (pintura, matemáticas...), las destrezas importantes para la creatividad, y la motivaciĂłn intrĂnseca. Csikszentmihalyi (1988, 1996) propone un modelo de sistemas en el que se da esencialmente la interacciĂłn del individuo, el dominio y el campo, Sternberg y Lubart (1997) hablan de la confluencia de seis recursos interrelacionados: las capacidades intelectuales, el conocimiento, los estilos de pensamiento, la personalidad, la motivaciĂłn y el ambiente.
La hipĂłtesis sobre la manera como se conectan estas diferentes dimensiones y sobre la que trabajan los diferentes investigadores, es tambiĂ©n compleja y contempla diferentes planos y aspectos (Sternberg y Lubart, 1999, p.12). La creatividad no es igual a una simple yuxtaposiciĂłn, ni siquiera a una suma de la potencialidad de las diversas dimensiones, sino más bien una integraciĂłn de las mismas segĂşn ciertas condiciones e interrelaciones. Puede ocurrir, por ejemplo, que sea necesario un umbral mĂnimo de alguna dimensiĂłn (como la inteligencia), de manera que si no se sobrepasa este umbral la creatividad es imposible aunque el sujeto posea las demás dimensiones en grado excepcional. La debilidad de algunos otros componentes (por ejemplo una habilidad tĂ©cnica no excepcional) puede ser contrarrestada por la excelencia de otras (como puede ser la altĂsima motivaciĂłn). Se dan necesariamente interrelaciones entre todas las dimensiones: pero algunas de estas interrelaciones pueden tener un efecto multiplicador importante de la creatividad (como puede ocurrir en una alta interrelaciĂłn entre motivaciĂłn, inteligencia y conocimientos).
Todas estas complejidades contribuyen tambiĂ©n a que la definiciĂłn conceptual de la creatividad resulte una tarea imposible. Lo cual no ha impedido que haya innumerables intentos de definiciĂłn: unos con intenciĂłn conceptual, otros operativa, y otros con una ambiciosa mezcla de las dos intenciones. El problema está en que han caĂdo muchos en la fácil tentaciĂłn, cuando no se tienen comprobaciones empĂricas suficientes, de adelantar en las definiciones las teorĂas aĂşn no comprobadas, o de no arriesgarse a plantear presupuestos básicos. Quizá por esto, Taylor (1975, p.2) decĂa: “Las definiciones de creatividad son frecuentemente engañosas: dicen demasiado o excesivamente poco. Pueden, con todo, proporcionar un punto de arranque para una investigaciĂłn más extensa y sistemática”. A pie de página[2] aportamos algunas de las definiciones más prudentes. Parten de diferentes teorĂas y paradigmas y necesariamente se diferencian entre sĂ. Aunque es bueno subrayar que en general estas definiciones no se enfrentan contradictoriamente: tendremos ocasiĂłn de notar cĂłmo existe una confluencia importante entre las diferentes teorĂas actuales de la creatividad que, aun desde paradigmas y mĂ©todos diversos, están haciendo propuestas perfectamente compatibles e integradoras. Mientras tanto, dada nuestra imposibilidad de definiciĂłn conceptual, para andar por casa, podrĂamos utilizar operativamente la siguiente definiciĂłn inicial: “¿QuĂ© es una persona creativa?. Los psicĂłlogos generalmente están de acuerdo en que para ser creativo se necesita generar ideas que sean relativamente nuevas, apropiadas y de alta calidad”. (Sternberg y Lubart, 1997, p.18). Por supuesto, no está encerrado aquĂ todo lo que se encierra en la actividad creadora. Pero sĂ unos elementos básicos de discernimiento, que nos permiten acercarnos sin ambigĂĽedad al fenĂłmeno de la creatividad (cfr. Alonso Monreal, 2000, p. 53-57).
2.- Las aplicaciones de la creatividad
la dimensiĂłn psicolĂłgica de la creatividad es un constructo complejo y teĂłrico que alude, como se ha visto, a una multitud de caracterĂsticas del comportamiento. La perspectiva aplicada del mismo ofrece una riqueza diagnĂłstica y unas posibilidades de intervenciĂłn para el psicĂłlogo en mĂşltiples ámbitos de su actividad profesional.
La creatividad participa en la explicaciĂłn de claves relevantes en las conductas de excelencia, por lo que su aportaciĂłn nos informa principalmente de las posibilidades y los problemas generados en torno al alto rendimiento. Pero la creatividad se define como un rasgo universal y alude tambiĂ©n de forma directa a pautas existenciales y laborales cotidianas. Resolver adecuadamente una situaciĂłn familiar, realizar con brillantez el trabajo para una asignatura en la Universidad, improvisar una cena de amigos con el frigorĂfico escaso, concebir nuevas posibilidades de ahorro, dilaciĂłn, extorsiĂłn, trabajo, donaciĂłn o cualquier otra para hacer frente a la hipoteca, llegar a fin de mes, intuir un pequeño negocio, redactar un poema para tu novia, conseguir una cita, optimizar el ambiente de trabajo, colocar los muebles nuevos de la habitaciĂłn, y tantas otras, son situaciones cotidianas que resolvemos gracias a este afortunado recurso.
Pero hay muchas otras, en general relacionadas con lo que se puede considerar un trabajo que evoluciona, crece y se adapta, que a diario marcan las diferencias de la satisfacciĂłn y el Ă©xito laboral. Millones de personas hacen cada dĂa su aportaciĂłn creativa a un mundo que evoluciona mucho más deprisa que las especies que lo sostienen.
La creatividad no es una cosa de artistas, diseñadores industriales, grandes empresarios, inventores, publicistas o polĂticos, que tambiĂ©n. Es de todos. En cualquier diminuto puesto de trabajo, en la escuela, en los pequeños y grandes negocios, en la concejalĂa o la consejerĂa, poder contar con la persona creativa en el puesto adecuado supone la posibilidad de subsistir en tiempos cambiantes, de crecer, de optimizar los recursos, de alcanzar la excelencia. En la vida cotidiana, en el ocio, en las relaciones humanas, en la pareja, en los propios planteamientos vitales, haber logrado desarrollar la creatividad y permitir que fluya confiadamente, puede marcar la diferencia entre el hastĂo y la alegrĂa, entre la depresiĂłn y la autorrealizaciĂłn.
Para la práctica profesional del psicĂłlogo, la creatividad es un referente inexcusable en la evaluaciĂłn y la intervenciĂłn clĂnica, educativa y organizacional. Además está el ámbito del arte, el diseño y la publicidad, donde el interĂ©s del psicĂłlogo en relaciĂłn con la creatividad tiene que ver con que Ă©sta es el eje central de la actividad que allĂ se desarrolla.
En la práctica clĂnica, el conocimiento de la creatividad nos permite distinguir planteamientos existenciales autolimitantes, inhibiciones más o menos graves, inflexibilidad para abordar los problemas, o las relaciones, etc. Pero además, una posible demanda de asistencia es hecha por niños o adultos creativos o superdotados, no siempre bien identificados, entendidos ni apoyados; con fuertes problemas de inadaptaciĂłn; con desconocimiento, rechazo o infravaloraciĂłn de sus capacidades; con dificultades de socializaciĂłn, y tantas otras. Identificar quĂ© parte de estos conflictos puede estar relacionada con una dotaciĂłn creativa, reubicar al sujeto ante su capacidad, enseñarle pautas adaptativas, liberarle de inhibiciones, son tareas profesionales cada vez mas demandadas y necesarias, y con posibilidades de Ă©xito terapĂ©utico notable.
En la práctica educativa, la aplicaciĂłn de la creatividad tiene dos grandes vertientes y posibilidades: por una parte la identificaciĂłn del niño creativo, generalmente conflictivo y mal entendido por los profesores. Comprender correctamente su problemática y darla a entender a los profesionales que lo atienden es una tarea muy eficaz de cara a su adaptaciĂłn escolar, tambiĂ©n sin duda, de cara a su Ă©xito escolar y posiblemente profesional. Es un hecho descrito infinidad de veces cuántos de estos niños quedan marginados del sistema escolar por falta de una detecciĂłn a tiempo y una ayuda adecuada. Por otra parte, lo que es la propia práctica de la creatividad en la docencia, sea como mĂ©todo de trabajo para el docente, o como propuesta de objetivo para el curriculo. Una clase creativa es un foro para el pensamiento, un antĂdoto para el aburrimiento, una fuente de motivaciĂłn para los alumnos, un recurso garantizado ante los disruptores y un caldo de cultivo para la excelencia.
En la práctica organizacional la creatividad es un recurso obligado. La empresa es un lugar de emprendimientos, de innovaciĂłn, de bĂşsqueda y adaptaciĂłn. Muchos de los puestos de mayor responsabilidad en una organizaciĂłn, empresarial, polĂtica o asistencial, exigen de sus ocupantes perfiles altamente creativos. Otros no. Seleccionar adecuadamente a unos y otros, formar a los destinados a determinadas funciones para el desarrollo de su capacidad innovadora, aplicar tĂ©cnicas para la producciĂłn de nuevas ideas, son todas ellas tareas del psicĂłlogo organizacional. Uno de sus recursos inexcusables ha de ser un adecuado conocimiento de la creatividad, tanto en su dimensiĂłn de recurso del capital humano de su empresa, como en su dimensiĂłn de tĂ©cnica aplicable a diferentes actividades de su organizaciĂłn.
Adicionalmente, la creatividad es una variable de relevancia extrema en el mundo de las artes, el diseño y la publicidad. Con menor intensidad, tambiĂ©n podrĂamos incluir aquĂ la comunicaciĂłn, la polĂtica, la ingenierĂa, la investigaciĂłn, etc. Se trata de todas aquellas actividades donde el eje central del trabajo a desarrollar exige un componente importante de creaciĂłn, puesto que sus productos han de ser permanentemente nuevos, y porque precisamente gran parte de su Ă©xito recae directamente sobre la mayor o menor creatividad que comporten. Se trata de actividades donde el estrĂ©s de la novedad marca cada minuto, donde los rendimientos se miden no por el esfuerzo ni el tiempo, sino por la sorpresa, por el Ă©xito. En este ámbito no se trata sĂłlo de seleccionar, que tambiĂ©n; sino de cuidar dĂa a dĂa la salud mental de quienes los practican; de ayudar a superar las crisis de producciĂłn; de ofrecer recursos tĂ©cnicos alternativos de innovaciĂłn para cuando la demanda supera la oferta, para cuando llega el agotamiento; de prever los estados emocionales disruptivos, y de ayudar a salvarlos; de estimular las nuevas bĂşsquedas y facilitarlas; de detectar grandes genios que puedan haber pasado desapercibidos. Una multitud de tareas para el psicĂłlogo dedicado a estas lides. Es un ámbito restringido, pero de una relevancia social y econĂłmica impresionante, un espacio donde la excelencia y la banalidad compiten a diario, y donde la creatividad marca las diferencias.
3.- TeorĂas de la creatividad
Sintetizar la historia de la preocupaciĂłn y la investigaciĂłn de la creatividad es bastante complejo. A quien le interese seguir el discurso histĂłrico que han seguido las diferentes lĂneas de investigaciĂłn, le sugerimos la lectura de Taylor (1975), quien hizo una conocida sĂntesis que, aunque resulta algo reduccionista (no todos los autores se autosituarĂan donde Taylor los coloca), da una idea bastante detallada de lĂneas, autores y referencias puntuales.
En perspectiva, y partiendo de la clasificaciĂłn de Taylor, podrĂa decirse que la creatividad ha sido tratada desde todos los ángulos imaginables. Estos se extienden a lo largo de los siglos desde la postura de asombro de los "inspirados" o embargados por la "locura divina" (esto significa enqousiastikoj, entusiasmado) hasta las teorĂas actuales del procesamiento de la informaciĂłn y planteamientos cognitivos. Puede hablarse inicialmente de una lĂnea mágica o poĂ©tica que de alguna manera intenta hacer pervivir el impulso primitivo de la magia, y que ha persistido hasta hace no mucho (Rothbart, 1972). En los planteamientos más generalizados de la PsicologĂa, se ha tratado la creatividad desde un aspecto básicamente biolĂłgico (Galton, 1870; Berlyne, 1971), o básicamente ambiental (Osborn, 1953; Parnes, 1962), o como un resultado mixto de fuerzas hereditarias y ambientales (Wertheimer, 1945), o como un producto de la personalidad estudiado tanto desde la teorĂa de los rasgos, como desde el psicoanálisis o las teorĂas humanistas, o como un producto básicamente cognitivo (Guildford, 1968: Sternberg, 1988).
Nosotros vamos a centrarnos en los hallazgos sobre la creatividad obtenidos en dos contextos: el de la psicologĂa de los rasgos y el de la psicologĂa de los procesos. Vamos a intentar agrupar los hallazgos básicos sobre la creatividad en torno a dos ejes: las caracterĂsticas del individuo creativo y las caracterĂsticas del producto creativo.
3.1.- El individuo creativo
La intención nuestra es permitir, de alguna manera, contemplar cómo se construye el individuo creativo en los dos contextos teóricos de los rasgos y de los procesos. Como ya sabemos, y aquà comprobaremos una vez más, rasgos y procesos son realidades distintas, pero no antagónicas.
3.1.1.- El individuo creativo en el contexto de la PsicologĂa de los rasgos
En el contexto de los rasgos se ha investigado la creatividad fundamentalmente en relaciĂłn con dos aspectos básicos: la personalidad (sistema afectivo-motivacional) y la inteligencia (sistema cognitivo). Utilizando la denominaciĂłn clásica, agrupamos los principales planteamientos de la teorĂa de los rasgos en torno a los tĂ©rminos personalidad e inteligencia.
3.1.1.1.‑ La personalidad del individuo creativo
La PsicologĂa cientĂfica se encontrĂł con una aportaciĂłn cuantitativamente muy importante sobre personalidad y creatividad hecha por el Psicoanálisis. Desde Freud mismo, los psicoanalistas han estado muy interesados por el hecho de la creatividad fundamentalmente artĂstica y, como no podĂa ser de otra manera, de los aspectos motivacionales y psicolĂłgicamente conflictivos como interĂ©s fundamental. Esta informaciĂłn pesĂł de manera importante en muchas de las investigaciones sobre la creatividad surgidas en la PsicologĂa de los rasgos. Constantemente pesĂł la idea de las motivaciones para la creatividad y que algo relacionado con la salud mental iba y venĂa entre rasgos y creatividad. Las hipĂłtesis fueron muy diversas. Es posible que globalmente la postura de Cattell, R. y Drevdahl, J.E. (1958) sea la que más acertadamente ha expresado una teorĂa de relaciĂłn de personalidad con la creatividad: segĂşn ella, determinadas diferencias en personalidad entre individuos, o son necesarias para la creatividad o de alguna manera están implicadas en ella, aunque puede ser de forma transitoria por deberse a situaciones ambientales que pueden cambiar.
3.1.1.1.1.- Cuestiones básicas
La PsicologĂa de los rasgos tuvo que intentar resolver una cuestiĂłn fundamental que, de alguna manera, se enfrentaba a la corriente más vieja del pensamiento mágico que estimaba que la creatividad era cosa de pocos y privilegiados. No fue fácil el abrirse camino para la idea de que la creatividad es una caracterĂstica universal de todos los individuos, y puede decirse que ha sido relativamente lento el llegar a una convicciĂłn definida sobre el tema. La universalidad de la creatividad fue una adquisiciĂłn creciente. Entre los que expresamente han planteado el tema, podemos recordar a Steinberg, L. (1964), quien dice que la creatividad es una aptitud con la que el individuo nace, un rasgo universal: pero, a la vez, esta caracterĂstica universal de la naturaleza humana puede inhibirse por aculturaciĂłn; a Martin, A.R. (1950, 1952) que no cree en la diferencia entre creativos y no creativos: son los conflictos Ăntimos los que inhiben la creatividad; a Maddi, S.R. (1965), para quien lo que realmente hace que se produzca el acto creativo es la motivaciĂłn, que como opinan Murray (1938) y McClelland (1951) debe ser pluralĂstica. Lo que nadie dice es que este rasgo sea del mismo nivel en todos los individuos. Presenta formas y potencias distintas en cada uno de los individuos.
AquĂ surge un nuevo interrogante para la PsicologĂa de los rasgos. Si admitimos la universalidad del rasgo, parece que deberĂamos rechazar que los orĂgenes de la creatividad se deban a las diferencias de personalidad. Y efectivamente es asĂ en cuanto a la existencia de la capacidad básica creativa. Lo que la creatividad va a deber a las diferencias de personalidad va a ser la historia personal y el perfil concreto de creatividad de cada sujeto: el distinto nivel o forma o estilo de creatividad, asĂ como el hecho de la inhibiciĂłn de la creatividad a partir de determinados rasgos.
Desde esta plataforma, la PsicologĂa de los rasgos se planteĂł una nueva cuestiĂłn: ¿las diferencias de personalidad son predictivas de la creatividad?. Hay matizaciones importantes en la manera de responder a este interrogante. Unos opinan, como Guilford, J. P. (1967), que las cualidades temperamentales y de motivaciĂłn pueden ayudar a identificar a los creativos, pero no son indicio independiente cada una de ellas, ni globalmente todas juntas, de la creatividad ni del proceso creativo. De otra manera opina Cattell, R.B. (Cattell, Eber, y Tatsuoka, 1970), hasta el punto de que creĂł su "ecuaciĂłn de creatividad" (con esquizotimia, imaginaciĂłn y sensibilidad como caracterĂsticas nucleares productoras de creatividad en el 16 PF). En esta lĂnea ha habido otros intentos de desarrollar predictores similares para otros cuestionarios, realizados por el IPAR (Hall y McKinnon, 1969).
La abundante investigaciĂłn ha encontrado correlaciones entre personalidad y creatividad: esto parece hablar a favor de una posible predictibilidad, por lo menos en la lĂnea de Guilford: es decir, como ayuda y como parte del complejo multidimensional de componentes de conducta que producen los actos creativos. En definitiva, el sistema afectivo-motivacional acompaña al acto creativo, pero no lo produce. Se hace, pues, necesaria una amplia investigaciĂłn, y no sĂłlo de la predicciĂłn de la capacidad básica de la creatividad, sino sobre todo de la predicciĂłn de las distintas formas y estilos (en el sentido de Taylor, I.A.) de creatividad, que es donde más oportunidad predictiva parecen tener las caracterĂsticas de personalidad.
3.1.1.1.2.- CaracterĂsticas de personalidad de los creativos
Las investigaciones realizadas en este campo han sido ingentes, y pertenecen en su gran mayorĂa a la dĂ©cada prodigiosa. Uno de los autores (Alonso Monreal, 1983) ha hecho una sĂntesis, que ahora resumimos, de las caracterĂsticas de personalidad que han ido descubriendo las investigaciones dentro de la PsicologĂa de los rasgos. Para su comprensiĂłn debemos advertir fundamentalmente dos ideas. Estas investigaciones han sido hechas sobre personas diferentes, a veces grupos especĂficos y determinados (arquitectos, escritores, pintores...), y a veces personas sin especial determinaciĂłn (estudiantes, varones, mujeres...). Dada la enorme aportaciĂłn de investigaciones, hemos tratado de alguna manera de sistematizarlas y ordenarlas en torno a unas coincidencias de significado. Hemos procurado que no ocurra, pero es posible que al intentar esta confluencia sistemática hayamos caĂdo en el inevitable peligro del sesgo. Hay que tenerlo en cuenta. Indudablemente hemos tenido que prescindir de aspectos y elementos menores que enriquecen el conocimiento de cada caracterĂstica, pero harĂan prolija e ininteligible la sistematizaciĂłn.
Estas son las agrupaciones de resultados que nos parecen posibles respecto a los rasgos de personalidad de los individuos creativos.
Complejidad. Psicodinámicamente son complejos, pero a la vez con mayor potencial para una sĂntesis compleja del yo. Sienten preferencia por la complejidad y cierto grado de aparente desequilibrio en los fenĂłmenos (Barron, F. 1968). Poseen un alto nivel de tolerancia de la ambigĂĽedad. Prefieren el desorden, al menos en las formas visuales, pero con deseo de resolver la ambigĂĽedad y el desorden (Guilford, J.P. 1975)
Impulsividad. Son impulsivos, no disciplinados (Guilford, J.P. 1975). Son menos controlados (Rees, M. G. y Goldman, M. 1961). Rechazan la supresiĂłn como mecanismo para el control del impulso: de aquĂ que se prohiben menos pensamientos (no aceptan los tabĂşes) y tienen un cierto tipo de indisciplina que corresponde psicoanalĂticamente al primer estadio anal (Barron, F. 1968). La creatividad está asociada con la falta de negativismo y con el entusiasmo positivo más que con actitudes crĂticas (Thurstone, L.L. 1952). Son personas genuinamente serias y responsables (McKinnon, D.W. y otros, 1961), aunque Rees, M.G. y Goldman, M. (1961) los encuentran menos graves y reflexivos. Tienen gran sentido del humor (Guilford, J.P. 1975, Getzels, J.W. y Jackson, P.W. 1958). Necesidad de aventura: puede ser la razĂłn de su tendencia al riesgo (Guilford, J.P. 1975; Brim, D.G. y Hoef, D.B. 1957).
Identidad sexual. Los creativos tienden a tener una puntuaciĂłn alta en Mf (femineidad) del MMPI, lo que puede explicarse por el amplio espectro de intereses, muchos de los cuales son propios del sexo femenino. Biográficamente parece haberse originado en una identificaciĂłn ambigua con los padres (McKinnon, D.W. 1962). La tendencia a modelos femeninos de interĂ©s y conducta podrĂa relacionarse con la bisexualidad de los creativos de que hablan los psicoanalistas (Rees, M. G. y Goldman, M. 1961). Los jĂłvenes artistas tienen intereses femeninos y las jĂłvenes tienen intereses masculinos (Guilford, J.P. 1975; Getzels, J.W. y Csikszentmihalyi, M. 1976) Los cientĂficos en general no sienten gran admiraciĂłn por la madre, aunque no se rebelan contra ella: son más bien distantes que rebeldes. En los fĂsicos investigadores aparece una mayor distancia entre padre‑hijo. (McClelland, D.C. 1962). El individuo original tiene imperfectamente internalizadas las reglas paternas, particularmente las acompañadas por una clase contrastante de reglas: la fuerza del superyo es baja (Anderson, CH. 1966).
Sociabilidad. Bajo nivel de sociabilidad, y a la vez seguridad y valentĂa ante el grupo social (Guilford, J.P. 1975, Thurstone, L.L. 1952, Garwood, D.S. 1964). Menos amistosos, más hostiles y agresivos, lo que podrĂa interpretarse como inseguridad (Rees, M.G. y Goldman, M. 1961). Son introvertidos (Guilford, J.P. 1975). Menos extravertidos y sociales que el promedio de las personas (Thurstone, L.L. 1952). Hay una fuerte relaciĂłn del psicoticismo (segĂşn Eysenck) con el pensamiento divergente (Claridge, G. 1972; Woody, C. y Claridge, G. 1977).
Disposiciónes para el cambio. Los creativos tienen un alto nivel de intereses (McKinnon, D.W. 1962). Son menos sumisos a la realidad: no aceptan las cosas como son, quieren mejorarlas. Sienten gran necesidad de variedad (Guilford, J.P. 1975). Son más flexibles y fluidos (Crutchfield, R.S. 1963, y passim Guilford, Barron, McKinnon, Taylor, etc.).
Autoconfianza. Su autoevaluaciĂłn y autoconfianza son altas (Guilford, J.P. 1975; Taylor, C.W. y Ellison, R.L. 1964). Tienen seguridad y valentĂa ante el grupo social (Guilford, J.P. 1975; Thurstone, L.L. 1952; Carwood, D.S. 1964), aunque Rees, M.G. Y Goldman (1961) los perciben inseguros, y por eso agresivos. Son más lĂderes que seguidores. Sienten fuerte necesidad de ser reconocidos por los otros (Guilford, J.P. 1975). Tienen un alto nivel de aspiraciĂłn para sĂ mismos (McKinnon, D.W. 1962).
Autosuficiencia. Guilford, J.P. (1975) los ve con un alto nivel de autosuficiencia, pero con fuerte necesidad de autonomĂa y autodirecciĂłn. McKinnon, D.W. (1962) por el contrario los ve preocupados con la propia suficiencia como personas.
Independencia de juicio. Valoran su propia independencia o autonomĂa (McKinnon, D.W. 1962). Son inconformistas (Anderson, CH.C. 1966). Es condiciĂłn indispensable para que exista la creatividad (Maslow, Rogers, May). Barron, F. (1968, 1969) es quien más ha estudiado este aspecto y sus conclusiones son generalmente aceptadas. Piensa que las personas originales son más independientes en sus juicios, lo que parece contener estos factores: en los independientes parece haber:
a) una cierta evaluaciĂłn positiva del entendimiento y la originalidad cognitiva, asĂ como del espĂritu de libertad de prejuicios;
b) un alto grado de implicaciĂłn personal y reacciĂłn emocional;
c) falta de facilidad social, o ausencia de las virtudes sociales comĂşnmente evaluadas.
Salud Mental. Aunque parezca un poco sorprendente, el tema de la relaciĂłn de la creatividad con la salud mental ha sido un tema muy estudiado, y sobre el que sigue siendo frecuente encontrar estudios sobre todo en revistas de PsiquiatrĂa. Puede decirse que hay dos lĂneas básicas de opiniĂłn: los que creen que la creatividad está relacionada con el conflicto mental y los que opinan que está relacionada con la salud. Entre los que relacionan la creatividad con el conflicto la figura paradigmática es Lombroso (1891), quien del estudio de los genios histĂłricos deduce que la genialidad es una “psicosis degenerativa del grupo epileptoide”. Nadie le acepta hoy ni sigue este original diagnĂłstico. Pero actualmente resucita por otros caminos: Hasenfus, N. y Magaro, P. (1976) han hecho estudios sobre creatividad y esquizofrenia en las que encuentran una igualdad de constructos empĂricos (fluencia ideacional, superinclusiĂłn y complejidad de la percepciĂłn), que no hacen esquizofrĂ©nico al creativo ni siquiera esquizotĂmico: pero que abren interrogantes para las conexiones entre salud y enfermedad.
La prolongaciĂłn real de la tradiciĂłn de Lombroso ha consistido en situar el origen de la creatividad en relaciĂłn con el conflicto psicolĂłgico. Entre las teorĂas que subrayan la importancia del conflicto psicolĂłgico en el origen de la creatividad, ocupa el primer lugar el psicoanálisis. Freud, S. (1910) establece que la obra artĂstica equivale a la sublimaciĂłn de la neurosis del artista originada en los conflictos edĂpicos que están asĂ presentes en todas las obras del artista. LlegĂł a afirmar que un artista psicoanalizado dejarĂa de ser artista.
Hay otras teorĂas que, aun situando el origen de la creatividad en relaciĂłn con el conflicto, lo que subrayan es el esfuerzo por alejarse de Ă©l. De la lĂnea psicoanalĂtica deberĂamos situar aquĂ a Jung: en realidad sigue pensando que la obra de arte realiza una funciĂłn estructurante (quizá terapĂ©utica) de la personalidad del artista: pero la obra de arte no es sĂłlo funciĂłn de la psicologĂa del artista, sino expresiĂłn de su Ă©poca, obra colectiva. AquĂ situarĂamos tambiĂ©n a Kris, E. (1952) con toda su importancia en el psicoanálisis del arte: afirma expresamente que la potencialidad creativa surge en conexiĂłn con los conflictos primitivos de la persona, pero el Ă©xito depende del grado en que la actividad se ha vuelto autĂłnoma y se ha alejado del conflicto.
Entre los cientĂficos, situarĂamos aquĂ a dos nombres muy conocidos, quizá representativos de otros. Uno es Vigotski, L.S. (1970), quien ataca y niega las concepciones psicoanalĂticas del arte: Ă©l lo define como catarsis, no en el sentido usual, sino como soluciĂłn de problemas de personalidad. Otros nombres son Cattell, R.B. y Drevdal, J.E. (1958), quienes dicen que el individuo creativo no es el que mejor se puede definir como "ajustado" sino como el "divino descontento": aluden a que con frecuencia se encuentra en ellos alta ansiedad. En realidad más que un acento patolĂłgico, quieren poner un acento en la diferencia respecto a la media.
La posiciĂłn que tiende a predominar entre psicĂłlogos cientĂficos es la de que la creatividad se relaciona más con la salud mental. Galton, F. (1878) veĂa la salud como una caracterĂstica de los cientĂficos. Guilford, J.P. (1975) dice que los creativos no son ni neurĂłticos ni psicĂłticos: los que puntĂşan alto en producciĂłn divergente tienden a puntuaciones un poco más bajas en tendencia neurĂłtica o inmadurez emocional, lo cual es consistente con la observaciĂłn comĂşn de que los neurĂłticos son menos creativos. Barron, F. (1958) opina que aunque la persona creativa puede aparecer como desequilibrada, puede de hecho ser más saludable que el promedio. McKinnon, D.W. y otros (1961) afirman que no hay evidencia empĂrica que apoye la postura de una relaciĂłn necesaria entre creatividad y neurosis: los estudios del IPAR han mostrado que las personas creativas son superiores en las escalas de fuerza del yo, lo que presumiblemente ofrece creativos con mecanismos adecuados para manejar los problemas. Varios estudios confirman que no existe relaciĂłn entre la ansiedad y la creatividad (Wadia, D. y Newell, J.M. 1963; Ruebush, B.K. 1963; Feldhusen, J.F., Denny, T., Condon, Ch.F. 1965). Rees, M.E. y Goldman, M. (1961) afirman que no hay indicaciĂłn de que la creatividad estĂ© relacionada con el desajuste emocional en la poblaciĂłn experimental (aunque en ella no habĂa sujetos de estatura creativa indiscutible).
Recientemente Sandblom (1995), en un anecdĂłtico y curioso libro, ha ofrecido una direcciĂłn reductivamente práctica: “cĂłmo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la mĂşsica”; y Prentky (1989) tras estudiar artistas relevantes diagnosticados de esquizofrenia o desĂłrdenes afectivos o de personalidad concluye que creatividad y psicosis no están relacionadas causalmente. Aunque quizá como Sandblom Ă©l cree que la verdadera pregunta no es Ă©sa, sino más bien si la comprensiĂłn de la enfermedad mental ofrece algĂşn insight sobre el proceso creativo.
3.1.1.2.‑ La inteligencia del individuo creativo
las relaciones entre creatividad e inteligencia plantean dos interrogantes básicos. ¿Es lo mismo ser creativo que ser inteligente? ¿A una inteligencia alta o baja corresponde siempre una creatividad alta o baja, y viceversa? Veamos cuáles han sido las respuestas de los investigadores.
Durante mucho tiempo se identificĂł al individuo creativo con el individuo inteligente, de manera que no se diferenciaba entre creatividad e inteligencia. El primero que establece formalmente la diferencia es Guilford (1950): segĂşn su teorĂa habĂa determinados factores de la inteligencia que eran caracterĂsticos de la conducta creativa. Dentro de su modelo estos factores están en el eje "operaciones del pensamiento" y confirman la hipĂłtesis de Barron de que los creativos tienen una estructura intelectual más compleja que los no creativos. Estos factores son los siguientes:
a) Los conocimientos (cogniciones), que presentan la capacidad de comprender datos. Tienen menor relaciĂłn con la creatividad.
b) La memoria que es, en general, necesaria para el saber, para los conocimientos. También tienen menor relación con la creatividad.
c) La producción divergente, o pensamiento divergente que conduce a diversas posibilidades de solución de un problema, o, según otros, que se diversifica de la norma social. Ambas acepciones se encuentran en la literatura psicológica como sinónimos de "pensamiento creador". Guilford destaca tres grupos de factores: Fluidez (figurativa, verbal, de ideas, de asociación, de expresión), flexibilidad (espontánea, que permite al individuo reestructurar por sà mismo los datos de que dispone; de adaptación, cuando hay indicaciones adicionales), elaboración (producción cuantitativa y cualitativa). Guilford califica a la flexibilidad adaptativa de "originalidad" y cree que es la condición más excepcional del individuo creador.
d) La producciĂłn convergente. Aunque parezca un factor de difĂcil correlaciĂłn con la creatividad, Guilford estima imprescindibles para la misma dos grupos de factores convergentes: la capacidad de establecer un orden entre datos muy diversos y proceder a su transformaciĂłn.
e) La evaluaciĂłn. SegĂşn Guilford es necesaria a lo largo de todo el proceso creativo tanto para hacerse cargo del problema inicial como para la comprobaciĂłn de los pasos lĂłgicos y de la soluciĂłn definitiva.
Otra lĂnea de trabajo que ha resaltado la independencia de la inteligencia respecto a la creatividad es la de Getzels y Jackson con las controversias que ha originado. El punto de partida fue un estudio (Creativity and Intelligence, 1962) con adolescentes, del que dedujo la diferencia entre alta creatividad y alta inteligencia, aunque ambas eran factores predictivos del Ă©xito escolar. A partir del estudio de Getzels y Jackson surgiĂł una intensa polĂ©mica. Otros estudios (Fletscher (1963), llegaron a una conclusiĂłn contraria: cuando el C.I. es más semejante a la poblaciĂłn general (más cercano, por tanto, a la media) hay menos relaciĂłn entre creatividad y Ă©xito acadĂ©mico que entre inteligencia y Ă©xito acadĂ©mico. En otro estudio, Torrance (1963) llega a la conclusiĂłn de que los niños con creatividad alta aparecen en las aulas separados del grupo restante: si son aceptados es porque han renunciado a su originalidad. En un estudio posterior, Getzel y Jackson encuentran que los profesores suelen preferir a los alumnos de C.I. elevado más que a los de creatividad elevada, de los que rechazan su humor exasperante. Los de capacidad creadora más elevada son más libres, imaginativos, humoristas, agresivos. Se considera que, tras otras intervenciones (puede verse la descripciĂłn de la polĂ©mica en Butcher (1974), páginas 122-136) fue un estudio de Wallach y Kogan (1965) el que estableciĂł unos resultados que hoy dĂa se aceptan generalmente como comprobados. Puede afirmarse que no son lo mismo la creatividad y la inteligencia. Parece que para que exista un buen nivel de creatividad es necesario un cierto nivel de inteligencia. Inteligencia y creatividad interactĂşan entre sĂ y dan origen a cuatro grupos básicos de sujetos:
1.- Individuos con inteligencia alta y creatividad alta: dan pruebas de control de sĂ mismos y de libertad, tanto en conducta adulta como infantil,
2.- Individuos con inteligencia baja y creatividad alta: generalmente son individuos con fracaso escolar y personal. Pueden ser favorecidos por un ambiente permisivo.
3.- Individuos con inteligencia alta y creatividad baja: centrados en el rendimiento escolar: sienten como una tragedia el fracaso escolar.
4.- Individuos con inteligencia baja y creatividad baja: individuos profundamente perturbados, con grandes problemas de orientaciĂłn.
En resumen. Al final de la polĂ©mica dentro de la psicologĂa de los rasgos, la conclusiĂłn más importante puede establecerse en el hecho de que inteligencia y creatividad tienen estructura propia y distinta, y que existen profundas interacciones entre una y otra.
3.1.2.- La creatividad como proceso
El estudio del proceso creativo es uno de los campos de investigaciĂłn más prometedores dentro de la evoluciĂłn cognitiva de los paradigmas de la PsicologĂa. En parte, porque está casi todo por recorrer. Pero curiosamente, y dentro de las limitaciones teĂłricas y metodolĂłgicas inevitables, ha sido a su vez un campo por el se ha interesado intensamente el paradigma correlacional. Sus hallazgos están siendo asumidos como macroprocesos por la PsicologĂa cognitiva que, a su vez, ha introducido el estudio de macroprocesos de menor amplitud. De manera que podemos organizar la revisiĂłn de las vĂas cognitivas en dos pasos, referido el primero a los macroprocesos más amplios, y el segundo a los macroprocesos intermedios, menos amplios.
3.1.2.1.- Los procesos fenomenolĂłgicos (macroprocesos) de la creatividad
Puede verse una amplia sĂntesis de las investigaciones sobre el proceso creativo (macroproceso) en Ulmann, G. (1972), pp.28‑48. AquĂ nos limitamos a aludir a las hipĂłtesis e investigaciones más clásicas.
Dentro del estudio de los procesos de creatividad se ha desarrollado una doble direcciĂłn. Unos han intentado buscar lo que tienen en comĂşn los diversos procesos de creatividad. Otros se han inclinado hacia ulteriores análisis de diversos procesos creativos para diversos productos. En esta segunda direcciĂłn la atenciĂłn principal se ha dirigido a la creatividad cientĂfica y a la creatividad artĂstica, y todavĂa se ha especificado más en procesos concretos: por ejemplo, en procesos artĂsticos visuales; en procesos artĂsticos musicales; en procesos artĂsticos verbales; en procesos creativos matemáticos. Esta segunda direcciĂłn es interesante al acercarse al hecho empĂrico concreto. Sus resultados son imprescindibles para conseguir un acercamiento global a una teorĂa del proceso creador. No es Ă©ste lugar para poder desarrollar todas estas vĂas. Pero no debe olvidarse en la investigaciĂłn que Ă©ste es el largo camino necesario. Mientras tanto, veamos cĂłmo han funcionado las hipĂłtesis más globales que se hicieron hasta el momento sobre el proceso creador (Ulman, 1972).
Dewey (1910) describe cinco niveles en el proceso creador: 1.- Encuentro con una dificultad. 2.‑ LocalizaciĂłn y precisiĂłn de la misma. 3.- Planteamiento de una posible soluciĂłn. 4.- Desarrollo lĂłgico de las consecuencias del planteamiento propuesto. 5.‑ Ulteriores observaciones y procedimientos experimentales conducen a la aceptaciĂłn o rechazo de la soluciĂłn‑hipĂłtesis.
PoincarĂ© (1913) analiza su propia experiencia de gran matemático creativo, y distingue cuatro momentos o fases: 1.‑ Fase de preparaciĂłn. 2.- Fase de incubaciĂłn.‑ 3.‑ Fase de iluminaciĂłn.‑ 4.‑ Fase de verificaciĂłn.
Woodworth (1934) admite el planteamiento de Dewey, pero subraya que el pensamiento creativo se caracteriza por seguir un camino de solución antes no recorrido. Por eso estima que es más adecuado el análisis del proceso hecho por Poincaré.
Wallas (1926) es quizá un nombre clásico. A su modelo fenomenológico no se le puede negar el éxito de ser unánimemente citado y comentado. En parte se debe a que el modelo es en realidad una buena sistematización del autoanálisis de Poincaré y de los análisis de Dewey, asà como una herencia de lo dinámico y cognitivo atribuido a lo largo de la historia al proceso creativo. Quizá por esto sigue siendo un rompeolas de las distintas hipótesis y contrastes. Wallas distingue las mismas fases de Poincaré y las caracteriza del siguiente modo:
1.‑ Fase de preparaciĂłn. Su nĂşcleo serĂa el enfrentamiento del individuo con un problema que debe resolver.
2.‑ Fase de incubaciĂłn. Su nĂşcleo es un estado de tensiĂłn psĂquica, difĂcilmente analizable, en el que se dan actos involuntarios no conscientes, desde brevĂsima a larguĂsima duraciĂłn, y que giran en torno a la soluciĂłn del problema planteado.
3.‑ Fase de iluminaciĂłn. La soluciĂłn del problema se presenta de manera sĂşbita, y frecuentemente inesperada, bien de modo global, bien a travĂ©s de complementarias y sucesivas iluminaciones.
4.‑ Fase de verificaciĂłn. El individuo verifica el producto ofrecido por la iluminaciĂłn con normas o cánones considerados necesarios por el creativo en los campos en que se mueve (cientĂfico, artĂstico, polĂtico, social, etc.).
Estas cuatro fases no siempre se producen de forma sucesiva, sino que con frecuencia se solapan y entretejen, produciéndose también regresiones hacia las más primitivas.
Se han intentado diversos tipos de comprobaciĂłn o crĂtica de estas cuatro fases: Patrick (1937) estima haberlas confirmado empĂricamente; Eindoven y Vinacke (1952) creen que las cuatro fases se presentan de un modo recursivo a lo largo de todo el proceso, pero no consideran defendible la ordenaciĂłn temporal sucesiva de los mismos. Recientemente Armbruster (1989) ha hecho unas propuestas de interĂ©s sobre el papel de la metacogniciĂłn en cada una de las cuatro etapas que considera válidas como macroprocesos, y la necesidad de investigar en esta direcciĂłn.
3.1.2.2. Tratamiento cognitivo actual de la creatividad
Resumimos las lĂneas cognitivas de tratamiento de la creatividad en torno a cuatro puntos: la orientaciĂłn teĂłrica del trabajo cognitivo sobre la creatividad, las aportaciones de los cognitivistas a su conocimiento, la relaciĂłn de la creatividad con los estilos cognitivos, y el planteamiento de una hipĂłtesis: la consideraciĂłn de la creatividad como un estilo cognitivo.
3.1.2.2.1.- OrientaciĂłn del tratamiento cognitivo de la creatividad
Damos por supuesto y conocido todo lo que en los temas 4 y 5 hemos estudiado sobre el sistema cognitivo. Es teóricamente sencillo aplicar al estudio de la creatividad los principios del procesamiento de la información. Pero, en la práctica, no puede decirse que haya hasta el momento hallazgos espectaculares en el estudio de la creatividad desde el campo cognitivo.
Hasta el momento la psicologĂa cognitiva se ha centrado en el estudio de la creatividad como macroproceso. Básicamente el procesamiento de la informaciĂłn ha asumido como punto de partida los planteamientos de Guilford (1967) sobre el pensamiento divergente y la creatividad. Nada hay hasta el momento de investigaciĂłn de microprocesos, donde se da todavĂa un vacĂo (y un salto no conveniente) entre la neurobiologĂa y el macroproceso. Como se sabe, un microproceso es una operaciĂłn simple, no reducible a otras operaciones inferiores, y que de ordinario no es directamente observable en la conducta. Un macroproceso está constituido por microprocesos relacionados o secuenciados y aparece generalmente como una conducta observable y diferenciada. Los macroprocesos surgen del substrato de microprocesos y de su interacciĂłn por una parte, y, por otra, de su transacciĂłn ambiental. Pero tambiĂ©n puede surgir de la interacciĂłn entre otros macroprocesos, con lo que viene a establecerse una cierta jerarquĂa de amplitud entre los macroprocesos: los más amplios están más en la superficie de la conducta, son más observables y manejables. La creatividad estarĂa formada por un conjunto de macroprocesos intermedios: concretamente el procesamiento de la informaciĂłn asume como tales los contenidos en el pensamiento divergente de Guilford.
¿De quĂ© manera se explica desde el campo cognitivo el origen de las diferencias individuales en creatividad? Indudablemente por los mismos procesos que se originan en general en los campos cognitivos. CastellĂł Tarrida (1993) precisa cĂłmo se originan fundamentalmente en dos campos: la cantidad y combinaciĂłn de microprocesos, y la combinaciĂłn de recursos creativos con los otros recursos intelectuales del sujeto.
3.1.2.2.2.- Algunas aportaciones del cognitivismo
Vamos a aludir a algunas aportaciones especĂficas del planteamiento cognitivo.
Uno de los elementos que aporta el cognitivismo es la relevancia que para el pensamiento creativo poseen las actividades de bĂşsqueda. En Ă©stas se distingue entre “bĂşsqueda en amplitud” y “bĂşsqueda en profundidad”, segĂşn se trate de exploraciones de todas las posibilidades de un nivel antes de pasar al siguiente o profundizaciĂłn en una Ăşnica soluciĂłn hasta sus Ăşltimas consecuencias a fin de verificar su eficacia. Pero, en cualquier caso, existe una evidencia objetiva de que, ante un problema, la mente que pretende resolverlo no trabaja sĂłlo deduciendo, antes al contrario, parece que trabaja “buscando” la soluciĂłn, siendo este no “un mĂ©todo entre otros, sino el más fundamental de nuestra inteligencia” (Newell y Simon, 1972).
Otro concepto propuesto en este tipo de estudios es el de “problema mal definido” sobre el que la mente trabaja para generar un estado final igualmente mal definido; por ejemplo, un escritor que “comienza su tarea en una situaciĂłn mal definida (sus posibilidades literarias, su criterio, el conocimiento de la literatura, el conocimiento del lector, etc.) y quiere alcanzar otro estado mal definido, que es la novela, de la que sĂłlo posee el proyecto” (Marina, 1993). En conceptos como Ă©ste (“ill-defined problem”) se observa, no obstante, la virtual convergencia que puede llegar a existir entre los planteamientos clásicos de la creatividad (Getzels, J.W.; Csikszentmihalyi, M., 1976) y sus más recientes avances (Glover, J.A.; Ronning, R.R.; Reynolds, C.R., 1989).
Desde los planteamientos cognitivistas, se entiende con claridad el destacado papel que los aspectos motivacionales tienen en el surgimiento de las conductas creativas. Un reciente estudio de J.R. Hayes (1989) sobre procesos cognitivos en creatividad concluye que las diferencias en creatividad “tienen su origen en diferencias en motivaciĂłn. Esas diferencias en motivaciĂłn causan a su vez diferencias cognitivas, y esas diferencias motivacionales y cognitivas informan conjuntamente sobre las observadas diferencias entre individuos creativos y no creativos”.
Una aportaciĂłn importante es la denominada lĂnea computacional, que pretende responder a las cuestiones de si la Inteligencia Artificial podrĂa tanto servir como referente para la comprensiĂłn de la propia creatividad humana, mediante la construcciĂłn de modelos computacionales creativos, como ser capaz de generar innovaciones y creaciones susceptibles de ser confundidas con las humanas, e incluso de realizar genuinos actos creativos (Partridge, D.; Rowe, J., 1994). El debate es enormemente amplio y polĂ©mico, aunque, en general, da la impresiĂłn de poderse responder afirmativamente a todas las cuestiones excepto a la Ăşltima, que parece entrar en un terreno más allá de lo definible tĂ©cnicamente (Boden, 1994).
3.2.- El producto creativo
El estudio del individuo creativo que hemos resumido hasta aquà tiene un contrapunto importante: el del producto creativo. Como ya dijimos más arriba, es importante su delimitación puesto que en definitiva será el producto quien nos diga si el individuo es o no creador.
Para definir el "producto" como creativo podemos prestar atenciĂłn a diversos criterios. Uno de ellos serĂa la cantidad: es decir, hablarĂamos de creatividad en cuanto que el individuo produce "muchos" objetos. Se tratarĂa indudablemente de un criterio altamente objetivo (puede perfectamente cuantificarse) pero de gran pobreza de contenido. En la práctica equivaldrĂa a confundir la creatividad con la productividad. Otro aspecto serĂa la cualidad, es decir, la clase y especificidad del objeto en sĂ, bien Ăşnico y diferente de otros, bien dotado de caracterĂsticas superiores en un aspecto determinado. Otro aspecto importante serĂa la significaciĂłn, es decir, la amplitud comprehensiva del producto que permitirĂa su aplicaciĂłn a muy diferentes objetos y situaciones: por ejemplo, una tĂ©cnica determinada (industrial, o de soluciĂłn de problemas) puede ser de amplia significaciĂłn por la posibilidad de ser utilizada en situaciones o problemas diferentes.
Una cuestiĂłn discutida: ¿cuándo comienza a existir un producto creativo? "Rhodes (1961) entiende ya por "producto creativo" la idea, tan pronto como es puesta en forma "captable" (comprensible). "Esto no quiere decir que la idea ha de verse realizada en un objeto (esto puede ser llevado a cabo por otros medios o instrumentos), sino que la idea es comunicada (hecha comĂşn) de alguna manera, de modo que deja de estar ligada a la vida exclusiva de un determinado individuo" (Brogden y Sprecher, 1964). AsĂ, Leary entiende que solamente puede ser calificado de creativo, en rigor, quien, aparte de descubrir una nueva idea, descubre, asimismo, caminos nuevos para la comunicaciĂłn de esa idea. Ello implica que la forma de comunicaciĂłn no es indiferente, sino que a determinada idea le corresponde una muy especĂfica forma de comunicaciĂłn, de expresiĂłn. De esta manera, cierta idea puede ser comunicada a travĂ©s de la imagen; cierta otra, a travĂ©s de la mĂşsica, a travĂ©s de unidades semánticas, desprendiĂ©ndose siempre de la idea misma si se trata de un producto artĂstico o cientĂfico" (Ulmann (1972), p.43).
En Ăşltimo tĂ©rmino nos enfrentamos con la siguiente cuestiĂłn: ¿cuándo una idea es creativa? Las respuestas son variadas, pero pueden organizarse en torno a dos criterios: el criterio de la novedad, que se define como una condiciĂłn necesaria, pero no suficiente; y el criterio de valor, verdad y utilidad.
A) El criterio de novedad es el más utilizado. Pero ¿quĂ© es la novedad? No hay unanimidad en las respuestas. Para Guilford lo nuevo es lo inusual, es decir, lo estadĂsticamente raro o no frecuente (se refiere a respuestas a tests). Mednick (1968) define la novedad de las asociaciones por la lejanĂa de las mismas. Por ejemplo, asociar mesa con silla serĂa una asociaciĂłn cercana, mientras que serĂa lejana asociar mesa con dromedario. Wallach y Kogan (1965) consideran que la novedad se da cuando la respuesta es Ăşnica en una poblaciĂłn dada. (Se refiere a respuestas de tests). Ghiselin (1958) dice que una idea es nueva cuando aparece por primera vez en el tiempo. Barron (1955) dice que si una idea aparece raramente serĂa una idea original. Si original no coincide con creativo parecerĂa que este criterio no serĂa suficiente para determinar los productos creativos. Henle (1963) opina que lo importante no es ser el primero en pensar algo o ser de los pocos que piensan algo: esto serĂa una diferenciaciĂłn gradual, no una diferenciaciĂłn cualitativa. En este sentido la comprensiĂłn de un orden nuevo de ideas es tan creativo como su hallazgo. Diferentes autores (Henle, Bruner, Jackson y Messick...) creen que lo nuevo consistirĂa en evadirse de un sistema conceptual previo percibido como incompleto o inexacto. Lo nuevo serĂa más bien lo libre, lo inesperado, lo trascendente.
Puede resultar Ăştil en orden a la valoraciĂłn general de productos creativos, la sugerencia de Boden (1994) de distinguir entre P-creatividad y H-creatividad, segĂşn nos refiramos a la novedad de la producciĂłn respecto de la mente individual que la crea (psicolĂłgica) o respecto de toda la cultura humana (histĂłrica).
B) Los criterios de valor, verdad y utilidad se suelen exigir como condiciones de la idea creadora. Digamos que exigen su eficacia social y su sensatez, puesto que para ser creadora una idea no solo debe ser nueva, sino tambiĂ©n valiosa, verdadera y Ăştil. Hay diferentes formas de pensar en torno a estos criterios. Jackson y Messick (1965) creen que una idea creativa se caracteriza más que por su verdad por su bondad. La verdad se aplicarĂa a la valoraciĂłn de ideas en un sistema lĂłgico donde puede darse lo verdadero y lo falso, pero no podrĂan aplicarse en sistemas no lĂłgicos (por ejemplo, la pintura, la mĂşsica, la escultura...) en los que han de utilizarse otros criterios de tipo psicolĂłgico y subjetivo. Henle (1963) propone sustituir el criterio de verdad por el de armonĂa, que exigirĂa soluciones por un lado adecuadas al problema planteado y por otro elegantes. Bruner (1963) elabora el criterio de utilidad distinguiendo tres clases de lo que Ă©l llama efectividad: efectividad formal (equivale al criterio de "armonĂa" de Henle), efectividad metafĂłrica (la "armonĂa" dentro del campo artĂstico) y efectividad de predicciĂłn (indica lo que va a suceder si se dan unas condiciones determinadas).
4.- Ser más creativos: PedagogĂa de la creatividad
Al hablar del desarrollo de la capacidad creativa podrĂamos hablar del Ă©l de dos maneras: desde el punto de vista de la educaciĂłn para la creatividad, o desde la utilizaciĂłn de tĂ©cnicas de potenciaciĂłn de la creatividad. Vamos presentar brevemente cada uno de estos aspectos.
4.1.- FormaciĂłn para la creatividad.
El clásico en esta materia es sin duda Torrance (1963), quien con sus textos sobre la enseñanza creativa ha intentado elaborar un programa para la introducción de esta dimensión del aprendizaje en la práctica docente cotidiana de los educadores.
Mas recientemente, Mayer (1986) presenta un interesante capĂtulo con el mismo tĂtulo que utilizamos en este apartado. En Ă©l presenta una sĂntesis histĂłrica, en la que se percibe con toda claridad cĂłmo la idea del pensamiento como destreza adquirible, en concreto bajo la forma de capacidad creativa, no es una idea nueva: es una antigua idea, que se ha ido desarrollando de formas diferentes. Aconsejamos su lectura. La sĂntesis básica del desarrollo histĂłrico es literalmente la siguiente:
“Las dĂ©cadas de 1930 y 1940: formaciĂłn para la creatividad en la industria. La dĂ©cada de 1950: recuperaciĂłn de resoluciĂłn de problemas en estudiantes universitarios. La dĂ©cada de 1960: enseñanza del pensamiento productivo a niños de escuela. La dĂ©cada de 1970: formaciĂłn especĂfica en procedimientos. La dĂ©cada de 1980: conocimiento especĂfico contra destrezas generales” (Mayer, 1986, pág. 375).
Esta simple enumeración de etapas es suficientemente clarificadora del hecho de que la creatividad se puede enseñar. Seguramente no podremos enseñar la creatividad emergente que convierta a un sujeto negado aptitudinalmente en un genio de la pintura o de la ciencia. Pero sà podemos aprender a generar ideas y soluciones nuevas para situaciones concretas.
Como afirma Ambruster (1989), la metacognición de cada sujeto sobre sus procesos creativos es posible que deba considerarse como la base teórica sobre la que deben elaborarse cualesquiera métodos de formación de la creatividad. Partiendo de esta base, suelen establecerse los siguientes criterios educativos de la creatividad:
1.‑ SupresiĂłn de los procedimientos inhibitorios.
2.‑ CreaciĂłn de un clima de libre producciĂłn.
3.‑ Fomentar las motivaciones para la creatividad: necesidad o deseo de crear, curiosidad, implicaciĂłn profunda en el campo de trabajo, necesidad interior de recogniciĂłn y autoafirmaciĂłn, etc.
4.‑ Utilizar tĂ©cnicas educativas que no marginen el pensamiento divergente, sino que lo exijan y mantengan. No debe olvidarse que es muy frecuente que los profesores se encuentren incĂłmodos con los alumnos más creativos que fácilmente resultan incordiantes, mientras se encuentran muy satisfechos con los alumnos "convergentes" que se someten fácilmente a los sistemas preconcebidos.
5.‑ Utilizar las tĂ©cnicas de creatividad en grupo que resultan generalmente provocadoras y estimulan la creatividad de los menos motivados. Hoy dĂa existe una amplia experiencia de trabajos en la escuela y en la industria para la formaciĂłn de la creatividad. Muy en contacto con esta idea están los contenidos del apartado siguiente.
4.2.- Técnicas de potenciación de la creatividad
Desde el comienzo de la preocupaciĂłn por la enseñanza de la creatividad, sobre todo a impulsos de la industria americana, se pensĂł en la posibilidad de utilizar determinadas tĂ©cnicas que ayudaran a los sujetos a romper los esquemas mentales y de acciĂłn recibidos y descubrir nuevas vĂas de soluciĂłn de problemas. La primera tĂ©cnica propuesta fue la del “listado de atributos” (Crawford, 1931). Consiste básicamente en hacer un listado de atributos de un objeto, y preguntarse luego cĂłmo puede modificarse cada uno de ellos. El “listado de atributos” tuvo larga vida, y puede considerarse el germen de las tĂ©cnicas posteriores.
Puede decirse que las dos tĂ©cnicas básicas utilizadas posteriormente en la industria fueron la “tormenta de ideas” (brainstorming) y la “sinĂ©ctica” (synectics).
El brainstorming (Osborn, 1963) es una tĂ©cnica para aportar ideas nuevas en grupo. Se parte de la base de no utilizar ningĂşn tipo de crĂtica en las aportaciones (se dice en voz alta lo que viene a la mente), hacer el mayor nĂşmero de aportaciones, intentar que sean ante todo originales (aunque parezcan locas), procurar combinar y mejorar las aportaciones de los otros. Al final se hace una sĂntesis y discernimiento de lo Ăştil y lo inĂştil,
La sinĂ©ctica (Gordon, 1961) es una tĂ©cnica que consiste en reunir elementos que no tienen entre sĂ ninguna relaciĂłn: se trata de utilizar las analogĂas posibles en la resoluciĂłn de problemas. Por ejemplo, ¿quĂ© caracterĂsticas de un Ăłrgano electrĂłnico podrĂan aplicarse a una maquina de escribir?
A partir de estas dos tĂ©cnicas han surgido multitud de otros instrumentos que o utilizan diversas combinaciones de los criterios del listado de atributos, el brainstorming o la sinĂ©ctica; o buscan orientaciones en torno a la soluciĂłn de problemas (Fustier, 1975. Brandsford y Stein, 1987). Básicamente se clasifican como mĂ©todos analĂłgicos -los que emplean el poder evocador y creativo de la metáfora (vgr. el euridrama)-; los mĂ©todos aleatorios -o serendĂpicos, que fomentan una actitud de provocaciĂłn azarosa de relaciones interpretables en tĂ©rminos de sugerencias nuevas (vgr. la “Ars magna” de Raimon Llull, o el “Pensamiento lateral” de Edward De Bono) y propugnan una visiĂłn conciliada con el error como fuente de inspiraciĂłn-, y los mĂ©todos antitĂ©ticos -en los que se fuerza el contraste de los elementos estudiados para resaltar sus aspectos más contradictorios y romper los convencionalismos sobre su percepciĂłn-.
Para lo que es el desarrollo de la propia capacidad individual tomamos como propias las sugerencias de Sternberg (1997, págs. 295-298), que suponen una excelente sĂntesis de lo que uno puede hacer por sĂ mismo para ir más allá de sĂ.
1.- Redefinir los problemas. No limitarnos a aceptar lo que se nos dice a cerca de cĂłmo hemos de pensar o actuar.
2.- Buscar lo que otros no ven. Reunir las cosas de modos que otros no hacen; y pensar de qué modo las experiencias pasadas, incluso aquellas que inicialmente pueden parecer irrelevantes, pueden desempeñar un papel en nuestros afanes creativos.
3.- Aprender a distinguir nuestras ideas buenas de las precarias, y prestar atenciĂłn a su contribuciĂłn potencial.
4.- No nos sintamos como si lo supiéramos todo acerca de un ámbito en el que trabajamos antes de que seamos capaces de realizar una contribución creativa.
5.- Cultivar un estilo legislativo, global.
6.- La perseverancia ante los obstáculos, asumir riegos sensibles y querer crecer.
7.- Descubrir y ahondar en las propias motivaciones endĂłgenas.
8.- Encontrar los entornos creativos que nos recompensen por lo que nos gusta hacer.
9.- Los recursos necesarios para la creatividad son interactivos y no aditivos.
10.- Tomar una decisiĂłn acerca del modo de vida que fomenta la creatividad.
Asà pues, la creatividad no aparece como un territorio marcado. Conocer las potencialidades no es sino el inicio de un posible proceso de expansión. Superar las pautas inhibitorias, aprender los modos de estimular las propias capacidades, recurrir a técnicas externas que complementen o suplan nuestros recursos. Son muchas las posibilidades de optimización de que disponemos; el desarrollo creativo es una meta que corre más que sus perseguidores.
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http://jotanag.blogspot.com/2009/09/claves-para-el-desarrollo-de-la.html
F. Javier Corbalán Berná
Universidad de Murcia
VII Premio Internacional TEA Ediciones 2008
Cuántas veces nos hemos maravillado por encontrar una respuesta inesperada a un problema que nos preocupaba... Sin mediar más que un hágase, estaba listo en su justa medida y proporción, y además, funcionaba...
Cuántas veces también nos hemos maravillado ante la destreza de un niño por encontrar una salida aceptable a una situación imposible. O una verbalización tal que pone en conflicto las normativas más establecidas de lenguaje y de gramática.
Cuántas otras veces, hemos quedado admirados ante una obra de arte, ante una acrobacia que desafĂa las más elementales leyes de la gravedad, o ante una salida temperamental que con poco riesgo arregla marcados desatinos.
Cuántas, cuántas veces nos ha sorprendido la simplicidad de un mecanismo al que aĂşn no habĂamos logrado ni imaginar, o quedamos turbados ante un cuestionamiento interesante que pone en crisis sistemas anteriormente bien fundados...
Y tantas otras muchas veces nos hemos contemplado, perplejos, de nuestra astucia, agudeza y sensibilidad para encontrar una salida allà donde el resto encontraba solo dificultades... y tantas veces también hemos sido generosos (tal vez con un algo de envidia encubierta) para reconocer a los demás ese toque de genialidad oportuna.
Las interjecciones ¡es genial! o ¡que creativo!, surgen espontáneas, modifican el espĂritu y llenan el ambiente de una sensaciĂłn que Csikszentmihalyi apodarĂa como fluir mental!!!, convirtiĂ©ndonos, al menos por unos instantes, en ‘una persona especial’.
Pero este dominio interior no siempre es asĂ... ni los notables creativos ni los humildes sabedores de este poder pueden hacer gala de una presencia destacada en todos los momentos de su vida ni en todas las áreas. Tal vez es posible, y solo tal vez, cuando simultáneamente se hacen presente en un tiempo y un espacio determinado las juguetonas variables intervinientes; es entonces que la luz, más que el calor, ilumina la escena y el genio creativo, la obra, la manifestaciĂłn, se expresan en toda su presencia y poder.
La pregunta: ¿quĂ© lo hace ser asĂ al fenĂłmeno de creaciĂłn, tan potente y atrevido? Respuestas sencillas muestran caminos ingenuamente mágicos, que dan por contestaciĂłn: un don divino, es heredado, es genĂ©tico, su padre era asĂ, está tocado por la varita fantástica... Si bien algo o mucho de estos componentes pueden darse asociados, lo que seguro no faltan son el conocimiento sobre un tema y asuntos relacionados, la oportunidad con su cara más atrayente de necesidad y un reconocimiento inmediato o tardĂo sobre la conveniencia de comenzar a transitar por un nuevo rumbo.
Entendida asĂ la creaciĂłn deja de ser un patrimonio personal Ăşnicamente y desde su inicio tiene fuertes relaciones con el tema de que se trate y con la aceptaciĂłn social de que la propuesta es una mejor perspectiva de satisfacer un requerimiento de supervivencia, o relacionado con el arte, lo estĂ©tico, lo bello y lo plástico; con la ciencia, con el placer o con formas de hacer distintas… AsĂ, tanto saber como oportunidad deben encontrar la persona creativa donde eclosionar.
En tal caso, ¿quĂ© marca la diferencia entre el creativo experto y el ocasional aficionado? A nuestro entender la principal diferencia está en la frecuencia con que uno y otro hacen uso de alternativas creativas en el comportamiento existencial. Para el primero es una forma de vida y busca la oportunidad para mostrar ‘algo imaginativo’; para la mayorĂa silenciosa es un camino pocas veces transitado conscientemente.
TambiĂ©n caracterizan al experto creativo la mayor variedad y profundidad de intereses que es capaz de mantener vigentes y actualizados; su incesante bĂşsqueda de los aspectos paradĂłjicos en lo que ocurre y de aquello que en circunstancias similares no se confirma; tienen una manifiesta incontinencia por preguntar y preguntar aunque las respuestas le sean esquivas la más de las veces, su pasiĂłn está en hacerle un amague a lo desconocido en el deseo de encontrarlo -a lo desconocido- con la guardia baja y asĂ poder asaltar la fortaleza en busca de lo ocurrente, de lo singular, de lo bello… Por contraste, los menos calificados derrochan sus esfuerzos en el cotidiano devenir sin intuir casi otras alternativas. Lo rutinario embota sus sentimientos y sus vidas, restringiendo significativamente no solo la pasiĂłn por el uso sino, además, el uso espontáneo de estas potencialidades.
Una tercera cuestiĂłn, que puede mencionarse como distintiva entre ambas categorĂas, tiene que ver con una cualidad de la personalidad identificada como la toma de fuerza del chasco. Casi nada[1] en el mundo guarda tanta energĂa potencial para un creativo como no haber dado en la tecla adecuada al intentar una pregunta, al proponer una soluciĂłn o en la interpretaciĂłn de un fenĂłmeno fĂsico, social, estĂ©tico o cultural… El fracaso inicial es el principal motivo para unos y sume en el desaliento a los menos preparados.
¿QuĂ© identifica a unos y otros? PodrĂamos acordar en que son los procedimientos lo que tienen en comĂşn los esfuerzos y los resultados tanto de los creativos como de aquellos que lo son menos. AsĂ este nuevo elemento potencia la idea de que ser creativo es una cuestiĂłn de grado, de nivel de asociaciĂłn con algo definido como prototipo de persona creativa.
Y como vemos, los procedimientos están asociados a la persona, al tema de que se trate y también a que la gente reconozca como especial y sorpresivo el resultado obtenido.
Es todavĂa una cuestiĂłn abierta y agregan complejidad al tratamiento del tema de la creatividad aspectos como la presiĂłn publicitaria, en el sentido de lograr la penetraciĂłn en el mercado de tal o cual producto o personaje al que se hace famoso por un exiguo tiempo, o que adquiere notoriedad en poblaciones especificadas, que logra reconocimiento y aclamaciĂłn por multitudes y por tiempos considerables, pero terminada su visibilidad desaparecen del escenario dejando tras de sĂ menos vestigio que los leves aleteos de una mariposa. En cambio otros se convierten y convierten sus obras en tradiciĂłn o en clásicas.
1.- El concepto de creatividad
¿CĂłmo definir, entonces, la creatividad? Ya resulta delicado distinguirla de conceptos como genialidad, superdotaciĂłn o arte; comprometido situarla en un marco neurofisiolĂłgico; inviable discernir si ubicarla en la personalidad o en la inteligencia. Pero definirla, describirla, es como pedir al agua que haga de cauce.
En principio, como dice Boden (1991, p.51), tenemos definiciones operativas de la creatividad, pero no una definiciĂłn conceptual. Es decir, estamos en una situaciĂłn similar a la del descubrimiento de la electricidad: nadie sabĂa quĂ© era aquello, pero se tenĂa una clara experiencia de su descarga. Probablemente hemos de tener mucha paciencia con el problema de la definiciĂłn conceptual de la creatividad. Parece tratarse de un problema similar al que existe en la PsicologĂa sobre la definiciĂłn de la inteligencia. Durante muchos años los psicĂłlogos se han estrellado tratando de dar una definiciĂłn que conceptualizara el fenĂłmeno de la inteligencia: en 1921 y en 1986 se celebraron dos estentĂłreos simposios mundiales sobre el tema que sirvieron para comprobar la imposibilidad de la definiciĂłn. Hoy dĂa se abre camino la postura de, al menos por ahora, reconocer a la inteligencia como un concepto primitivo, no definido ni definible, pero que encuentra significaciĂłn en las teorĂas y a su vez hace posible la definiciĂłn de los demás conceptos de las mismas. Un planteamiento que no es ajeno al resto de las ciencias.
Parece bastante claro que hay que adoptar el mismo planteamiento para la creatividad. Probablemente nos imposibilita la definiciĂłn conceptual la enorme complejidad del concepto. Como afirman Runco y Sakamoto (1999, p.62), “La creatividad se encuentra entre las más complejas conductas humanas. Parece estar influida por una amplia serie de experiencias evolutivas, sociales y educativas, y se manifiesta de maneras diferentes en una diversidad de campos”. Es, por tanto, necesario romper con la idea de que la creatividad es un rasgo simple e interior del sujeto (aunque esto nos facilitarĂa una relativamente fácil definiciĂłn de la creatividad). No es un rasgo simple porque, por un lado tiene que ver con muchos rasgos del sujeto: el estudio del individuo creador supone el estudio de su mente y su personalidad, los procesos cognitivos que en Ă©l se realizan, su mundo afectivo y motivacional: de manera que considerada la creatividad como rasgo es necesariamente un rasgo muy complejo, lo que tĂ©cnicamente considerarĂamos como un factor de orden superior. Pero además, es cierto que no podemos comprender al sujeto si nos limitamos al estudio aislado de su interior: los individuos humanos no existen como islas en el espacio, sino en una esencial interacciĂłn de sistema abierto con los demás sistemas, en transacciĂłn imprescindible con el contexto. No se puede hoy dĂa comprender la conducta del individuo sin el análisis de la interacciĂłn con su entorno (ambiente general, grupo social e influencias sociales y culturales que recibe y con las que interacciona). El resultado es que lo que llamamos “creatividad” es un fenĂłmeno de tal manera complejo que algunos optan por describirla no como un rasgo sino como un sĂndrome (es decir, un conjunto de sĂntomas), o esencialmente un conjunto. Algunos le atribuyen tal complejidad que piensan en la necesidad de una nueva disciplina (la “creatologĂa”) para poder comprenderla.
Para los psicĂłlogos es bastante evidente hoy dĂa que la creatividad debe ser considerada como un constructo multidimensional, que representa la interacciĂłn o confluencia entre mĂşltiples dimensiones. Por aquĂ van las aportaciones actuales más fecundas. PodrĂamos citar algunas de estas teorĂas. Para Feldman, D. H. (1999) las dimensiones implicadas en la creatividad serĂan básicamente los procesos cognitivos, los procesos socioemocionales, los aspectos familiares evolutivos y actuales, la educaciĂłn y preparaciĂłn, las caracterĂsticas del dominio (el contenido teĂłrico) y el campo (el grupo social), los aspectos contextuales socioculturales, las influencias histĂłricas (sucesos y tendencias). Amabile (1983) elaborĂł un modelo de la creatividad formado por tres componentes: las destrezas importantes para el campo (pintura, matemáticas...), las destrezas importantes para la creatividad, y la motivaciĂłn intrĂnseca. Csikszentmihalyi (1988, 1996) propone un modelo de sistemas en el que se da esencialmente la interacciĂłn del individuo, el dominio y el campo, Sternberg y Lubart (1997) hablan de la confluencia de seis recursos interrelacionados: las capacidades intelectuales, el conocimiento, los estilos de pensamiento, la personalidad, la motivaciĂłn y el ambiente.
La hipĂłtesis sobre la manera como se conectan estas diferentes dimensiones y sobre la que trabajan los diferentes investigadores, es tambiĂ©n compleja y contempla diferentes planos y aspectos (Sternberg y Lubart, 1999, p.12). La creatividad no es igual a una simple yuxtaposiciĂłn, ni siquiera a una suma de la potencialidad de las diversas dimensiones, sino más bien una integraciĂłn de las mismas segĂşn ciertas condiciones e interrelaciones. Puede ocurrir, por ejemplo, que sea necesario un umbral mĂnimo de alguna dimensiĂłn (como la inteligencia), de manera que si no se sobrepasa este umbral la creatividad es imposible aunque el sujeto posea las demás dimensiones en grado excepcional. La debilidad de algunos otros componentes (por ejemplo una habilidad tĂ©cnica no excepcional) puede ser contrarrestada por la excelencia de otras (como puede ser la altĂsima motivaciĂłn). Se dan necesariamente interrelaciones entre todas las dimensiones: pero algunas de estas interrelaciones pueden tener un efecto multiplicador importante de la creatividad (como puede ocurrir en una alta interrelaciĂłn entre motivaciĂłn, inteligencia y conocimientos).
Todas estas complejidades contribuyen tambiĂ©n a que la definiciĂłn conceptual de la creatividad resulte una tarea imposible. Lo cual no ha impedido que haya innumerables intentos de definiciĂłn: unos con intenciĂłn conceptual, otros operativa, y otros con una ambiciosa mezcla de las dos intenciones. El problema está en que han caĂdo muchos en la fácil tentaciĂłn, cuando no se tienen comprobaciones empĂricas suficientes, de adelantar en las definiciones las teorĂas aĂşn no comprobadas, o de no arriesgarse a plantear presupuestos básicos. Quizá por esto, Taylor (1975, p.2) decĂa: “Las definiciones de creatividad son frecuentemente engañosas: dicen demasiado o excesivamente poco. Pueden, con todo, proporcionar un punto de arranque para una investigaciĂłn más extensa y sistemática”. A pie de página[2] aportamos algunas de las definiciones más prudentes. Parten de diferentes teorĂas y paradigmas y necesariamente se diferencian entre sĂ. Aunque es bueno subrayar que en general estas definiciones no se enfrentan contradictoriamente: tendremos ocasiĂłn de notar cĂłmo existe una confluencia importante entre las diferentes teorĂas actuales de la creatividad que, aun desde paradigmas y mĂ©todos diversos, están haciendo propuestas perfectamente compatibles e integradoras. Mientras tanto, dada nuestra imposibilidad de definiciĂłn conceptual, para andar por casa, podrĂamos utilizar operativamente la siguiente definiciĂłn inicial: “¿QuĂ© es una persona creativa?. Los psicĂłlogos generalmente están de acuerdo en que para ser creativo se necesita generar ideas que sean relativamente nuevas, apropiadas y de alta calidad”. (Sternberg y Lubart, 1997, p.18). Por supuesto, no está encerrado aquĂ todo lo que se encierra en la actividad creadora. Pero sĂ unos elementos básicos de discernimiento, que nos permiten acercarnos sin ambigĂĽedad al fenĂłmeno de la creatividad (cfr. Alonso Monreal, 2000, p. 53-57).
2.- Las aplicaciones de la creatividad
la dimensiĂłn psicolĂłgica de la creatividad es un constructo complejo y teĂłrico que alude, como se ha visto, a una multitud de caracterĂsticas del comportamiento. La perspectiva aplicada del mismo ofrece una riqueza diagnĂłstica y unas posibilidades de intervenciĂłn para el psicĂłlogo en mĂşltiples ámbitos de su actividad profesional.
La creatividad participa en la explicaciĂłn de claves relevantes en las conductas de excelencia, por lo que su aportaciĂłn nos informa principalmente de las posibilidades y los problemas generados en torno al alto rendimiento. Pero la creatividad se define como un rasgo universal y alude tambiĂ©n de forma directa a pautas existenciales y laborales cotidianas. Resolver adecuadamente una situaciĂłn familiar, realizar con brillantez el trabajo para una asignatura en la Universidad, improvisar una cena de amigos con el frigorĂfico escaso, concebir nuevas posibilidades de ahorro, dilaciĂłn, extorsiĂłn, trabajo, donaciĂłn o cualquier otra para hacer frente a la hipoteca, llegar a fin de mes, intuir un pequeño negocio, redactar un poema para tu novia, conseguir una cita, optimizar el ambiente de trabajo, colocar los muebles nuevos de la habitaciĂłn, y tantas otras, son situaciones cotidianas que resolvemos gracias a este afortunado recurso.
Pero hay muchas otras, en general relacionadas con lo que se puede considerar un trabajo que evoluciona, crece y se adapta, que a diario marcan las diferencias de la satisfacciĂłn y el Ă©xito laboral. Millones de personas hacen cada dĂa su aportaciĂłn creativa a un mundo que evoluciona mucho más deprisa que las especies que lo sostienen.
La creatividad no es una cosa de artistas, diseñadores industriales, grandes empresarios, inventores, publicistas o polĂticos, que tambiĂ©n. Es de todos. En cualquier diminuto puesto de trabajo, en la escuela, en los pequeños y grandes negocios, en la concejalĂa o la consejerĂa, poder contar con la persona creativa en el puesto adecuado supone la posibilidad de subsistir en tiempos cambiantes, de crecer, de optimizar los recursos, de alcanzar la excelencia. En la vida cotidiana, en el ocio, en las relaciones humanas, en la pareja, en los propios planteamientos vitales, haber logrado desarrollar la creatividad y permitir que fluya confiadamente, puede marcar la diferencia entre el hastĂo y la alegrĂa, entre la depresiĂłn y la autorrealizaciĂłn.
Para la práctica profesional del psicĂłlogo, la creatividad es un referente inexcusable en la evaluaciĂłn y la intervenciĂłn clĂnica, educativa y organizacional. Además está el ámbito del arte, el diseño y la publicidad, donde el interĂ©s del psicĂłlogo en relaciĂłn con la creatividad tiene que ver con que Ă©sta es el eje central de la actividad que allĂ se desarrolla.
En la práctica clĂnica, el conocimiento de la creatividad nos permite distinguir planteamientos existenciales autolimitantes, inhibiciones más o menos graves, inflexibilidad para abordar los problemas, o las relaciones, etc. Pero además, una posible demanda de asistencia es hecha por niños o adultos creativos o superdotados, no siempre bien identificados, entendidos ni apoyados; con fuertes problemas de inadaptaciĂłn; con desconocimiento, rechazo o infravaloraciĂłn de sus capacidades; con dificultades de socializaciĂłn, y tantas otras. Identificar quĂ© parte de estos conflictos puede estar relacionada con una dotaciĂłn creativa, reubicar al sujeto ante su capacidad, enseñarle pautas adaptativas, liberarle de inhibiciones, son tareas profesionales cada vez mas demandadas y necesarias, y con posibilidades de Ă©xito terapĂ©utico notable.
En la práctica educativa, la aplicaciĂłn de la creatividad tiene dos grandes vertientes y posibilidades: por una parte la identificaciĂłn del niño creativo, generalmente conflictivo y mal entendido por los profesores. Comprender correctamente su problemática y darla a entender a los profesionales que lo atienden es una tarea muy eficaz de cara a su adaptaciĂłn escolar, tambiĂ©n sin duda, de cara a su Ă©xito escolar y posiblemente profesional. Es un hecho descrito infinidad de veces cuántos de estos niños quedan marginados del sistema escolar por falta de una detecciĂłn a tiempo y una ayuda adecuada. Por otra parte, lo que es la propia práctica de la creatividad en la docencia, sea como mĂ©todo de trabajo para el docente, o como propuesta de objetivo para el curriculo. Una clase creativa es un foro para el pensamiento, un antĂdoto para el aburrimiento, una fuente de motivaciĂłn para los alumnos, un recurso garantizado ante los disruptores y un caldo de cultivo para la excelencia.
En la práctica organizacional la creatividad es un recurso obligado. La empresa es un lugar de emprendimientos, de innovaciĂłn, de bĂşsqueda y adaptaciĂłn. Muchos de los puestos de mayor responsabilidad en una organizaciĂłn, empresarial, polĂtica o asistencial, exigen de sus ocupantes perfiles altamente creativos. Otros no. Seleccionar adecuadamente a unos y otros, formar a los destinados a determinadas funciones para el desarrollo de su capacidad innovadora, aplicar tĂ©cnicas para la producciĂłn de nuevas ideas, son todas ellas tareas del psicĂłlogo organizacional. Uno de sus recursos inexcusables ha de ser un adecuado conocimiento de la creatividad, tanto en su dimensiĂłn de recurso del capital humano de su empresa, como en su dimensiĂłn de tĂ©cnica aplicable a diferentes actividades de su organizaciĂłn.
Adicionalmente, la creatividad es una variable de relevancia extrema en el mundo de las artes, el diseño y la publicidad. Con menor intensidad, tambiĂ©n podrĂamos incluir aquĂ la comunicaciĂłn, la polĂtica, la ingenierĂa, la investigaciĂłn, etc. Se trata de todas aquellas actividades donde el eje central del trabajo a desarrollar exige un componente importante de creaciĂłn, puesto que sus productos han de ser permanentemente nuevos, y porque precisamente gran parte de su Ă©xito recae directamente sobre la mayor o menor creatividad que comporten. Se trata de actividades donde el estrĂ©s de la novedad marca cada minuto, donde los rendimientos se miden no por el esfuerzo ni el tiempo, sino por la sorpresa, por el Ă©xito. En este ámbito no se trata sĂłlo de seleccionar, que tambiĂ©n; sino de cuidar dĂa a dĂa la salud mental de quienes los practican; de ayudar a superar las crisis de producciĂłn; de ofrecer recursos tĂ©cnicos alternativos de innovaciĂłn para cuando la demanda supera la oferta, para cuando llega el agotamiento; de prever los estados emocionales disruptivos, y de ayudar a salvarlos; de estimular las nuevas bĂşsquedas y facilitarlas; de detectar grandes genios que puedan haber pasado desapercibidos. Una multitud de tareas para el psicĂłlogo dedicado a estas lides. Es un ámbito restringido, pero de una relevancia social y econĂłmica impresionante, un espacio donde la excelencia y la banalidad compiten a diario, y donde la creatividad marca las diferencias.
3.- TeorĂas de la creatividad
Sintetizar la historia de la preocupaciĂłn y la investigaciĂłn de la creatividad es bastante complejo. A quien le interese seguir el discurso histĂłrico que han seguido las diferentes lĂneas de investigaciĂłn, le sugerimos la lectura de Taylor (1975), quien hizo una conocida sĂntesis que, aunque resulta algo reduccionista (no todos los autores se autosituarĂan donde Taylor los coloca), da una idea bastante detallada de lĂneas, autores y referencias puntuales.
En perspectiva, y partiendo de la clasificaciĂłn de Taylor, podrĂa decirse que la creatividad ha sido tratada desde todos los ángulos imaginables. Estos se extienden a lo largo de los siglos desde la postura de asombro de los "inspirados" o embargados por la "locura divina" (esto significa enqousiastikoj, entusiasmado) hasta las teorĂas actuales del procesamiento de la informaciĂłn y planteamientos cognitivos. Puede hablarse inicialmente de una lĂnea mágica o poĂ©tica que de alguna manera intenta hacer pervivir el impulso primitivo de la magia, y que ha persistido hasta hace no mucho (Rothbart, 1972). En los planteamientos más generalizados de la PsicologĂa, se ha tratado la creatividad desde un aspecto básicamente biolĂłgico (Galton, 1870; Berlyne, 1971), o básicamente ambiental (Osborn, 1953; Parnes, 1962), o como un resultado mixto de fuerzas hereditarias y ambientales (Wertheimer, 1945), o como un producto de la personalidad estudiado tanto desde la teorĂa de los rasgos, como desde el psicoanálisis o las teorĂas humanistas, o como un producto básicamente cognitivo (Guildford, 1968: Sternberg, 1988).
Nosotros vamos a centrarnos en los hallazgos sobre la creatividad obtenidos en dos contextos: el de la psicologĂa de los rasgos y el de la psicologĂa de los procesos. Vamos a intentar agrupar los hallazgos básicos sobre la creatividad en torno a dos ejes: las caracterĂsticas del individuo creativo y las caracterĂsticas del producto creativo.
3.1.- El individuo creativo
La intención nuestra es permitir, de alguna manera, contemplar cómo se construye el individuo creativo en los dos contextos teóricos de los rasgos y de los procesos. Como ya sabemos, y aquà comprobaremos una vez más, rasgos y procesos son realidades distintas, pero no antagónicas.
3.1.1.- El individuo creativo en el contexto de la PsicologĂa de los rasgos
En el contexto de los rasgos se ha investigado la creatividad fundamentalmente en relaciĂłn con dos aspectos básicos: la personalidad (sistema afectivo-motivacional) y la inteligencia (sistema cognitivo). Utilizando la denominaciĂłn clásica, agrupamos los principales planteamientos de la teorĂa de los rasgos en torno a los tĂ©rminos personalidad e inteligencia.
3.1.1.1.‑ La personalidad del individuo creativo
La PsicologĂa cientĂfica se encontrĂł con una aportaciĂłn cuantitativamente muy importante sobre personalidad y creatividad hecha por el Psicoanálisis. Desde Freud mismo, los psicoanalistas han estado muy interesados por el hecho de la creatividad fundamentalmente artĂstica y, como no podĂa ser de otra manera, de los aspectos motivacionales y psicolĂłgicamente conflictivos como interĂ©s fundamental. Esta informaciĂłn pesĂł de manera importante en muchas de las investigaciones sobre la creatividad surgidas en la PsicologĂa de los rasgos. Constantemente pesĂł la idea de las motivaciones para la creatividad y que algo relacionado con la salud mental iba y venĂa entre rasgos y creatividad. Las hipĂłtesis fueron muy diversas. Es posible que globalmente la postura de Cattell, R. y Drevdahl, J.E. (1958) sea la que más acertadamente ha expresado una teorĂa de relaciĂłn de personalidad con la creatividad: segĂşn ella, determinadas diferencias en personalidad entre individuos, o son necesarias para la creatividad o de alguna manera están implicadas en ella, aunque puede ser de forma transitoria por deberse a situaciones ambientales que pueden cambiar.
3.1.1.1.1.- Cuestiones básicas
La PsicologĂa de los rasgos tuvo que intentar resolver una cuestiĂłn fundamental que, de alguna manera, se enfrentaba a la corriente más vieja del pensamiento mágico que estimaba que la creatividad era cosa de pocos y privilegiados. No fue fácil el abrirse camino para la idea de que la creatividad es una caracterĂstica universal de todos los individuos, y puede decirse que ha sido relativamente lento el llegar a una convicciĂłn definida sobre el tema. La universalidad de la creatividad fue una adquisiciĂłn creciente. Entre los que expresamente han planteado el tema, podemos recordar a Steinberg, L. (1964), quien dice que la creatividad es una aptitud con la que el individuo nace, un rasgo universal: pero, a la vez, esta caracterĂstica universal de la naturaleza humana puede inhibirse por aculturaciĂłn; a Martin, A.R. (1950, 1952) que no cree en la diferencia entre creativos y no creativos: son los conflictos Ăntimos los que inhiben la creatividad; a Maddi, S.R. (1965), para quien lo que realmente hace que se produzca el acto creativo es la motivaciĂłn, que como opinan Murray (1938) y McClelland (1951) debe ser pluralĂstica. Lo que nadie dice es que este rasgo sea del mismo nivel en todos los individuos. Presenta formas y potencias distintas en cada uno de los individuos.
AquĂ surge un nuevo interrogante para la PsicologĂa de los rasgos. Si admitimos la universalidad del rasgo, parece que deberĂamos rechazar que los orĂgenes de la creatividad se deban a las diferencias de personalidad. Y efectivamente es asĂ en cuanto a la existencia de la capacidad básica creativa. Lo que la creatividad va a deber a las diferencias de personalidad va a ser la historia personal y el perfil concreto de creatividad de cada sujeto: el distinto nivel o forma o estilo de creatividad, asĂ como el hecho de la inhibiciĂłn de la creatividad a partir de determinados rasgos.
Desde esta plataforma, la PsicologĂa de los rasgos se planteĂł una nueva cuestiĂłn: ¿las diferencias de personalidad son predictivas de la creatividad?. Hay matizaciones importantes en la manera de responder a este interrogante. Unos opinan, como Guilford, J. P. (1967), que las cualidades temperamentales y de motivaciĂłn pueden ayudar a identificar a los creativos, pero no son indicio independiente cada una de ellas, ni globalmente todas juntas, de la creatividad ni del proceso creativo. De otra manera opina Cattell, R.B. (Cattell, Eber, y Tatsuoka, 1970), hasta el punto de que creĂł su "ecuaciĂłn de creatividad" (con esquizotimia, imaginaciĂłn y sensibilidad como caracterĂsticas nucleares productoras de creatividad en el 16 PF). En esta lĂnea ha habido otros intentos de desarrollar predictores similares para otros cuestionarios, realizados por el IPAR (Hall y McKinnon, 1969).
La abundante investigaciĂłn ha encontrado correlaciones entre personalidad y creatividad: esto parece hablar a favor de una posible predictibilidad, por lo menos en la lĂnea de Guilford: es decir, como ayuda y como parte del complejo multidimensional de componentes de conducta que producen los actos creativos. En definitiva, el sistema afectivo-motivacional acompaña al acto creativo, pero no lo produce. Se hace, pues, necesaria una amplia investigaciĂłn, y no sĂłlo de la predicciĂłn de la capacidad básica de la creatividad, sino sobre todo de la predicciĂłn de las distintas formas y estilos (en el sentido de Taylor, I.A.) de creatividad, que es donde más oportunidad predictiva parecen tener las caracterĂsticas de personalidad.
3.1.1.1.2.- CaracterĂsticas de personalidad de los creativos
Las investigaciones realizadas en este campo han sido ingentes, y pertenecen en su gran mayorĂa a la dĂ©cada prodigiosa. Uno de los autores (Alonso Monreal, 1983) ha hecho una sĂntesis, que ahora resumimos, de las caracterĂsticas de personalidad que han ido descubriendo las investigaciones dentro de la PsicologĂa de los rasgos. Para su comprensiĂłn debemos advertir fundamentalmente dos ideas. Estas investigaciones han sido hechas sobre personas diferentes, a veces grupos especĂficos y determinados (arquitectos, escritores, pintores...), y a veces personas sin especial determinaciĂłn (estudiantes, varones, mujeres...). Dada la enorme aportaciĂłn de investigaciones, hemos tratado de alguna manera de sistematizarlas y ordenarlas en torno a unas coincidencias de significado. Hemos procurado que no ocurra, pero es posible que al intentar esta confluencia sistemática hayamos caĂdo en el inevitable peligro del sesgo. Hay que tenerlo en cuenta. Indudablemente hemos tenido que prescindir de aspectos y elementos menores que enriquecen el conocimiento de cada caracterĂstica, pero harĂan prolija e ininteligible la sistematizaciĂłn.
Estas son las agrupaciones de resultados que nos parecen posibles respecto a los rasgos de personalidad de los individuos creativos.
Complejidad. Psicodinámicamente son complejos, pero a la vez con mayor potencial para una sĂntesis compleja del yo. Sienten preferencia por la complejidad y cierto grado de aparente desequilibrio en los fenĂłmenos (Barron, F. 1968). Poseen un alto nivel de tolerancia de la ambigĂĽedad. Prefieren el desorden, al menos en las formas visuales, pero con deseo de resolver la ambigĂĽedad y el desorden (Guilford, J.P. 1975)
Impulsividad. Son impulsivos, no disciplinados (Guilford, J.P. 1975). Son menos controlados (Rees, M. G. y Goldman, M. 1961). Rechazan la supresiĂłn como mecanismo para el control del impulso: de aquĂ que se prohiben menos pensamientos (no aceptan los tabĂşes) y tienen un cierto tipo de indisciplina que corresponde psicoanalĂticamente al primer estadio anal (Barron, F. 1968). La creatividad está asociada con la falta de negativismo y con el entusiasmo positivo más que con actitudes crĂticas (Thurstone, L.L. 1952). Son personas genuinamente serias y responsables (McKinnon, D.W. y otros, 1961), aunque Rees, M.G. y Goldman, M. (1961) los encuentran menos graves y reflexivos. Tienen gran sentido del humor (Guilford, J.P. 1975, Getzels, J.W. y Jackson, P.W. 1958). Necesidad de aventura: puede ser la razĂłn de su tendencia al riesgo (Guilford, J.P. 1975; Brim, D.G. y Hoef, D.B. 1957).
Identidad sexual. Los creativos tienden a tener una puntuaciĂłn alta en Mf (femineidad) del MMPI, lo que puede explicarse por el amplio espectro de intereses, muchos de los cuales son propios del sexo femenino. Biográficamente parece haberse originado en una identificaciĂłn ambigua con los padres (McKinnon, D.W. 1962). La tendencia a modelos femeninos de interĂ©s y conducta podrĂa relacionarse con la bisexualidad de los creativos de que hablan los psicoanalistas (Rees, M. G. y Goldman, M. 1961). Los jĂłvenes artistas tienen intereses femeninos y las jĂłvenes tienen intereses masculinos (Guilford, J.P. 1975; Getzels, J.W. y Csikszentmihalyi, M. 1976) Los cientĂficos en general no sienten gran admiraciĂłn por la madre, aunque no se rebelan contra ella: son más bien distantes que rebeldes. En los fĂsicos investigadores aparece una mayor distancia entre padre‑hijo. (McClelland, D.C. 1962). El individuo original tiene imperfectamente internalizadas las reglas paternas, particularmente las acompañadas por una clase contrastante de reglas: la fuerza del superyo es baja (Anderson, CH. 1966).
Sociabilidad. Bajo nivel de sociabilidad, y a la vez seguridad y valentĂa ante el grupo social (Guilford, J.P. 1975, Thurstone, L.L. 1952, Garwood, D.S. 1964). Menos amistosos, más hostiles y agresivos, lo que podrĂa interpretarse como inseguridad (Rees, M.G. y Goldman, M. 1961). Son introvertidos (Guilford, J.P. 1975). Menos extravertidos y sociales que el promedio de las personas (Thurstone, L.L. 1952). Hay una fuerte relaciĂłn del psicoticismo (segĂşn Eysenck) con el pensamiento divergente (Claridge, G. 1972; Woody, C. y Claridge, G. 1977).
Disposiciónes para el cambio. Los creativos tienen un alto nivel de intereses (McKinnon, D.W. 1962). Son menos sumisos a la realidad: no aceptan las cosas como son, quieren mejorarlas. Sienten gran necesidad de variedad (Guilford, J.P. 1975). Son más flexibles y fluidos (Crutchfield, R.S. 1963, y passim Guilford, Barron, McKinnon, Taylor, etc.).
Autoconfianza. Su autoevaluaciĂłn y autoconfianza son altas (Guilford, J.P. 1975; Taylor, C.W. y Ellison, R.L. 1964). Tienen seguridad y valentĂa ante el grupo social (Guilford, J.P. 1975; Thurstone, L.L. 1952; Carwood, D.S. 1964), aunque Rees, M.G. Y Goldman (1961) los perciben inseguros, y por eso agresivos. Son más lĂderes que seguidores. Sienten fuerte necesidad de ser reconocidos por los otros (Guilford, J.P. 1975). Tienen un alto nivel de aspiraciĂłn para sĂ mismos (McKinnon, D.W. 1962).
Autosuficiencia. Guilford, J.P. (1975) los ve con un alto nivel de autosuficiencia, pero con fuerte necesidad de autonomĂa y autodirecciĂłn. McKinnon, D.W. (1962) por el contrario los ve preocupados con la propia suficiencia como personas.
Independencia de juicio. Valoran su propia independencia o autonomĂa (McKinnon, D.W. 1962). Son inconformistas (Anderson, CH.C. 1966). Es condiciĂłn indispensable para que exista la creatividad (Maslow, Rogers, May). Barron, F. (1968, 1969) es quien más ha estudiado este aspecto y sus conclusiones son generalmente aceptadas. Piensa que las personas originales son más independientes en sus juicios, lo que parece contener estos factores: en los independientes parece haber:
a) una cierta evaluaciĂłn positiva del entendimiento y la originalidad cognitiva, asĂ como del espĂritu de libertad de prejuicios;
b) un alto grado de implicaciĂłn personal y reacciĂłn emocional;
c) falta de facilidad social, o ausencia de las virtudes sociales comĂşnmente evaluadas.
Salud Mental. Aunque parezca un poco sorprendente, el tema de la relaciĂłn de la creatividad con la salud mental ha sido un tema muy estudiado, y sobre el que sigue siendo frecuente encontrar estudios sobre todo en revistas de PsiquiatrĂa. Puede decirse que hay dos lĂneas básicas de opiniĂłn: los que creen que la creatividad está relacionada con el conflicto mental y los que opinan que está relacionada con la salud. Entre los que relacionan la creatividad con el conflicto la figura paradigmática es Lombroso (1891), quien del estudio de los genios histĂłricos deduce que la genialidad es una “psicosis degenerativa del grupo epileptoide”. Nadie le acepta hoy ni sigue este original diagnĂłstico. Pero actualmente resucita por otros caminos: Hasenfus, N. y Magaro, P. (1976) han hecho estudios sobre creatividad y esquizofrenia en las que encuentran una igualdad de constructos empĂricos (fluencia ideacional, superinclusiĂłn y complejidad de la percepciĂłn), que no hacen esquizofrĂ©nico al creativo ni siquiera esquizotĂmico: pero que abren interrogantes para las conexiones entre salud y enfermedad.
La prolongaciĂłn real de la tradiciĂłn de Lombroso ha consistido en situar el origen de la creatividad en relaciĂłn con el conflicto psicolĂłgico. Entre las teorĂas que subrayan la importancia del conflicto psicolĂłgico en el origen de la creatividad, ocupa el primer lugar el psicoanálisis. Freud, S. (1910) establece que la obra artĂstica equivale a la sublimaciĂłn de la neurosis del artista originada en los conflictos edĂpicos que están asĂ presentes en todas las obras del artista. LlegĂł a afirmar que un artista psicoanalizado dejarĂa de ser artista.
Hay otras teorĂas que, aun situando el origen de la creatividad en relaciĂłn con el conflicto, lo que subrayan es el esfuerzo por alejarse de Ă©l. De la lĂnea psicoanalĂtica deberĂamos situar aquĂ a Jung: en realidad sigue pensando que la obra de arte realiza una funciĂłn estructurante (quizá terapĂ©utica) de la personalidad del artista: pero la obra de arte no es sĂłlo funciĂłn de la psicologĂa del artista, sino expresiĂłn de su Ă©poca, obra colectiva. AquĂ situarĂamos tambiĂ©n a Kris, E. (1952) con toda su importancia en el psicoanálisis del arte: afirma expresamente que la potencialidad creativa surge en conexiĂłn con los conflictos primitivos de la persona, pero el Ă©xito depende del grado en que la actividad se ha vuelto autĂłnoma y se ha alejado del conflicto.
Entre los cientĂficos, situarĂamos aquĂ a dos nombres muy conocidos, quizá representativos de otros. Uno es Vigotski, L.S. (1970), quien ataca y niega las concepciones psicoanalĂticas del arte: Ă©l lo define como catarsis, no en el sentido usual, sino como soluciĂłn de problemas de personalidad. Otros nombres son Cattell, R.B. y Drevdal, J.E. (1958), quienes dicen que el individuo creativo no es el que mejor se puede definir como "ajustado" sino como el "divino descontento": aluden a que con frecuencia se encuentra en ellos alta ansiedad. En realidad más que un acento patolĂłgico, quieren poner un acento en la diferencia respecto a la media.
La posiciĂłn que tiende a predominar entre psicĂłlogos cientĂficos es la de que la creatividad se relaciona más con la salud mental. Galton, F. (1878) veĂa la salud como una caracterĂstica de los cientĂficos. Guilford, J.P. (1975) dice que los creativos no son ni neurĂłticos ni psicĂłticos: los que puntĂşan alto en producciĂłn divergente tienden a puntuaciones un poco más bajas en tendencia neurĂłtica o inmadurez emocional, lo cual es consistente con la observaciĂłn comĂşn de que los neurĂłticos son menos creativos. Barron, F. (1958) opina que aunque la persona creativa puede aparecer como desequilibrada, puede de hecho ser más saludable que el promedio. McKinnon, D.W. y otros (1961) afirman que no hay evidencia empĂrica que apoye la postura de una relaciĂłn necesaria entre creatividad y neurosis: los estudios del IPAR han mostrado que las personas creativas son superiores en las escalas de fuerza del yo, lo que presumiblemente ofrece creativos con mecanismos adecuados para manejar los problemas. Varios estudios confirman que no existe relaciĂłn entre la ansiedad y la creatividad (Wadia, D. y Newell, J.M. 1963; Ruebush, B.K. 1963; Feldhusen, J.F., Denny, T., Condon, Ch.F. 1965). Rees, M.E. y Goldman, M. (1961) afirman que no hay indicaciĂłn de que la creatividad estĂ© relacionada con el desajuste emocional en la poblaciĂłn experimental (aunque en ella no habĂa sujetos de estatura creativa indiscutible).
Recientemente Sandblom (1995), en un anecdĂłtico y curioso libro, ha ofrecido una direcciĂłn reductivamente práctica: “cĂłmo influye la enfermedad en la literatura, la pintura y la mĂşsica”; y Prentky (1989) tras estudiar artistas relevantes diagnosticados de esquizofrenia o desĂłrdenes afectivos o de personalidad concluye que creatividad y psicosis no están relacionadas causalmente. Aunque quizá como Sandblom Ă©l cree que la verdadera pregunta no es Ă©sa, sino más bien si la comprensiĂłn de la enfermedad mental ofrece algĂşn insight sobre el proceso creativo.
3.1.1.2.‑ La inteligencia del individuo creativo
las relaciones entre creatividad e inteligencia plantean dos interrogantes básicos. ¿Es lo mismo ser creativo que ser inteligente? ¿A una inteligencia alta o baja corresponde siempre una creatividad alta o baja, y viceversa? Veamos cuáles han sido las respuestas de los investigadores.
Durante mucho tiempo se identificĂł al individuo creativo con el individuo inteligente, de manera que no se diferenciaba entre creatividad e inteligencia. El primero que establece formalmente la diferencia es Guilford (1950): segĂşn su teorĂa habĂa determinados factores de la inteligencia que eran caracterĂsticos de la conducta creativa. Dentro de su modelo estos factores están en el eje "operaciones del pensamiento" y confirman la hipĂłtesis de Barron de que los creativos tienen una estructura intelectual más compleja que los no creativos. Estos factores son los siguientes:
a) Los conocimientos (cogniciones), que presentan la capacidad de comprender datos. Tienen menor relaciĂłn con la creatividad.
b) La memoria que es, en general, necesaria para el saber, para los conocimientos. También tienen menor relación con la creatividad.
c) La producción divergente, o pensamiento divergente que conduce a diversas posibilidades de solución de un problema, o, según otros, que se diversifica de la norma social. Ambas acepciones se encuentran en la literatura psicológica como sinónimos de "pensamiento creador". Guilford destaca tres grupos de factores: Fluidez (figurativa, verbal, de ideas, de asociación, de expresión), flexibilidad (espontánea, que permite al individuo reestructurar por sà mismo los datos de que dispone; de adaptación, cuando hay indicaciones adicionales), elaboración (producción cuantitativa y cualitativa). Guilford califica a la flexibilidad adaptativa de "originalidad" y cree que es la condición más excepcional del individuo creador.
d) La producciĂłn convergente. Aunque parezca un factor de difĂcil correlaciĂłn con la creatividad, Guilford estima imprescindibles para la misma dos grupos de factores convergentes: la capacidad de establecer un orden entre datos muy diversos y proceder a su transformaciĂłn.
e) La evaluaciĂłn. SegĂşn Guilford es necesaria a lo largo de todo el proceso creativo tanto para hacerse cargo del problema inicial como para la comprobaciĂłn de los pasos lĂłgicos y de la soluciĂłn definitiva.
Otra lĂnea de trabajo que ha resaltado la independencia de la inteligencia respecto a la creatividad es la de Getzels y Jackson con las controversias que ha originado. El punto de partida fue un estudio (Creativity and Intelligence, 1962) con adolescentes, del que dedujo la diferencia entre alta creatividad y alta inteligencia, aunque ambas eran factores predictivos del Ă©xito escolar. A partir del estudio de Getzels y Jackson surgiĂł una intensa polĂ©mica. Otros estudios (Fletscher (1963), llegaron a una conclusiĂłn contraria: cuando el C.I. es más semejante a la poblaciĂłn general (más cercano, por tanto, a la media) hay menos relaciĂłn entre creatividad y Ă©xito acadĂ©mico que entre inteligencia y Ă©xito acadĂ©mico. En otro estudio, Torrance (1963) llega a la conclusiĂłn de que los niños con creatividad alta aparecen en las aulas separados del grupo restante: si son aceptados es porque han renunciado a su originalidad. En un estudio posterior, Getzel y Jackson encuentran que los profesores suelen preferir a los alumnos de C.I. elevado más que a los de creatividad elevada, de los que rechazan su humor exasperante. Los de capacidad creadora más elevada son más libres, imaginativos, humoristas, agresivos. Se considera que, tras otras intervenciones (puede verse la descripciĂłn de la polĂ©mica en Butcher (1974), páginas 122-136) fue un estudio de Wallach y Kogan (1965) el que estableciĂł unos resultados que hoy dĂa se aceptan generalmente como comprobados. Puede afirmarse que no son lo mismo la creatividad y la inteligencia. Parece que para que exista un buen nivel de creatividad es necesario un cierto nivel de inteligencia. Inteligencia y creatividad interactĂşan entre sĂ y dan origen a cuatro grupos básicos de sujetos:
1.- Individuos con inteligencia alta y creatividad alta: dan pruebas de control de sĂ mismos y de libertad, tanto en conducta adulta como infantil,
2.- Individuos con inteligencia baja y creatividad alta: generalmente son individuos con fracaso escolar y personal. Pueden ser favorecidos por un ambiente permisivo.
3.- Individuos con inteligencia alta y creatividad baja: centrados en el rendimiento escolar: sienten como una tragedia el fracaso escolar.
4.- Individuos con inteligencia baja y creatividad baja: individuos profundamente perturbados, con grandes problemas de orientaciĂłn.
En resumen. Al final de la polĂ©mica dentro de la psicologĂa de los rasgos, la conclusiĂłn más importante puede establecerse en el hecho de que inteligencia y creatividad tienen estructura propia y distinta, y que existen profundas interacciones entre una y otra.
3.1.2.- La creatividad como proceso
El estudio del proceso creativo es uno de los campos de investigaciĂłn más prometedores dentro de la evoluciĂłn cognitiva de los paradigmas de la PsicologĂa. En parte, porque está casi todo por recorrer. Pero curiosamente, y dentro de las limitaciones teĂłricas y metodolĂłgicas inevitables, ha sido a su vez un campo por el se ha interesado intensamente el paradigma correlacional. Sus hallazgos están siendo asumidos como macroprocesos por la PsicologĂa cognitiva que, a su vez, ha introducido el estudio de macroprocesos de menor amplitud. De manera que podemos organizar la revisiĂłn de las vĂas cognitivas en dos pasos, referido el primero a los macroprocesos más amplios, y el segundo a los macroprocesos intermedios, menos amplios.
3.1.2.1.- Los procesos fenomenolĂłgicos (macroprocesos) de la creatividad
Puede verse una amplia sĂntesis de las investigaciones sobre el proceso creativo (macroproceso) en Ulmann, G. (1972), pp.28‑48. AquĂ nos limitamos a aludir a las hipĂłtesis e investigaciones más clásicas.
Dentro del estudio de los procesos de creatividad se ha desarrollado una doble direcciĂłn. Unos han intentado buscar lo que tienen en comĂşn los diversos procesos de creatividad. Otros se han inclinado hacia ulteriores análisis de diversos procesos creativos para diversos productos. En esta segunda direcciĂłn la atenciĂłn principal se ha dirigido a la creatividad cientĂfica y a la creatividad artĂstica, y todavĂa se ha especificado más en procesos concretos: por ejemplo, en procesos artĂsticos visuales; en procesos artĂsticos musicales; en procesos artĂsticos verbales; en procesos creativos matemáticos. Esta segunda direcciĂłn es interesante al acercarse al hecho empĂrico concreto. Sus resultados son imprescindibles para conseguir un acercamiento global a una teorĂa del proceso creador. No es Ă©ste lugar para poder desarrollar todas estas vĂas. Pero no debe olvidarse en la investigaciĂłn que Ă©ste es el largo camino necesario. Mientras tanto, veamos cĂłmo han funcionado las hipĂłtesis más globales que se hicieron hasta el momento sobre el proceso creador (Ulman, 1972).
Dewey (1910) describe cinco niveles en el proceso creador: 1.- Encuentro con una dificultad. 2.‑ LocalizaciĂłn y precisiĂłn de la misma. 3.- Planteamiento de una posible soluciĂłn. 4.- Desarrollo lĂłgico de las consecuencias del planteamiento propuesto. 5.‑ Ulteriores observaciones y procedimientos experimentales conducen a la aceptaciĂłn o rechazo de la soluciĂłn‑hipĂłtesis.
PoincarĂ© (1913) analiza su propia experiencia de gran matemático creativo, y distingue cuatro momentos o fases: 1.‑ Fase de preparaciĂłn. 2.- Fase de incubaciĂłn.‑ 3.‑ Fase de iluminaciĂłn.‑ 4.‑ Fase de verificaciĂłn.
Woodworth (1934) admite el planteamiento de Dewey, pero subraya que el pensamiento creativo se caracteriza por seguir un camino de solución antes no recorrido. Por eso estima que es más adecuado el análisis del proceso hecho por Poincaré.
Wallas (1926) es quizá un nombre clásico. A su modelo fenomenológico no se le puede negar el éxito de ser unánimemente citado y comentado. En parte se debe a que el modelo es en realidad una buena sistematización del autoanálisis de Poincaré y de los análisis de Dewey, asà como una herencia de lo dinámico y cognitivo atribuido a lo largo de la historia al proceso creativo. Quizá por esto sigue siendo un rompeolas de las distintas hipótesis y contrastes. Wallas distingue las mismas fases de Poincaré y las caracteriza del siguiente modo:
1.‑ Fase de preparaciĂłn. Su nĂşcleo serĂa el enfrentamiento del individuo con un problema que debe resolver.
2.‑ Fase de incubaciĂłn. Su nĂşcleo es un estado de tensiĂłn psĂquica, difĂcilmente analizable, en el que se dan actos involuntarios no conscientes, desde brevĂsima a larguĂsima duraciĂłn, y que giran en torno a la soluciĂłn del problema planteado.
3.‑ Fase de iluminaciĂłn. La soluciĂłn del problema se presenta de manera sĂşbita, y frecuentemente inesperada, bien de modo global, bien a travĂ©s de complementarias y sucesivas iluminaciones.
4.‑ Fase de verificaciĂłn. El individuo verifica el producto ofrecido por la iluminaciĂłn con normas o cánones considerados necesarios por el creativo en los campos en que se mueve (cientĂfico, artĂstico, polĂtico, social, etc.).
Estas cuatro fases no siempre se producen de forma sucesiva, sino que con frecuencia se solapan y entretejen, produciéndose también regresiones hacia las más primitivas.
Se han intentado diversos tipos de comprobaciĂłn o crĂtica de estas cuatro fases: Patrick (1937) estima haberlas confirmado empĂricamente; Eindoven y Vinacke (1952) creen que las cuatro fases se presentan de un modo recursivo a lo largo de todo el proceso, pero no consideran defendible la ordenaciĂłn temporal sucesiva de los mismos. Recientemente Armbruster (1989) ha hecho unas propuestas de interĂ©s sobre el papel de la metacogniciĂłn en cada una de las cuatro etapas que considera válidas como macroprocesos, y la necesidad de investigar en esta direcciĂłn.
3.1.2.2. Tratamiento cognitivo actual de la creatividad
Resumimos las lĂneas cognitivas de tratamiento de la creatividad en torno a cuatro puntos: la orientaciĂłn teĂłrica del trabajo cognitivo sobre la creatividad, las aportaciones de los cognitivistas a su conocimiento, la relaciĂłn de la creatividad con los estilos cognitivos, y el planteamiento de una hipĂłtesis: la consideraciĂłn de la creatividad como un estilo cognitivo.
3.1.2.2.1.- OrientaciĂłn del tratamiento cognitivo de la creatividad
Damos por supuesto y conocido todo lo que en los temas 4 y 5 hemos estudiado sobre el sistema cognitivo. Es teóricamente sencillo aplicar al estudio de la creatividad los principios del procesamiento de la información. Pero, en la práctica, no puede decirse que haya hasta el momento hallazgos espectaculares en el estudio de la creatividad desde el campo cognitivo.
Hasta el momento la psicologĂa cognitiva se ha centrado en el estudio de la creatividad como macroproceso. Básicamente el procesamiento de la informaciĂłn ha asumido como punto de partida los planteamientos de Guilford (1967) sobre el pensamiento divergente y la creatividad. Nada hay hasta el momento de investigaciĂłn de microprocesos, donde se da todavĂa un vacĂo (y un salto no conveniente) entre la neurobiologĂa y el macroproceso. Como se sabe, un microproceso es una operaciĂłn simple, no reducible a otras operaciones inferiores, y que de ordinario no es directamente observable en la conducta. Un macroproceso está constituido por microprocesos relacionados o secuenciados y aparece generalmente como una conducta observable y diferenciada. Los macroprocesos surgen del substrato de microprocesos y de su interacciĂłn por una parte, y, por otra, de su transacciĂłn ambiental. Pero tambiĂ©n puede surgir de la interacciĂłn entre otros macroprocesos, con lo que viene a establecerse una cierta jerarquĂa de amplitud entre los macroprocesos: los más amplios están más en la superficie de la conducta, son más observables y manejables. La creatividad estarĂa formada por un conjunto de macroprocesos intermedios: concretamente el procesamiento de la informaciĂłn asume como tales los contenidos en el pensamiento divergente de Guilford.
¿De quĂ© manera se explica desde el campo cognitivo el origen de las diferencias individuales en creatividad? Indudablemente por los mismos procesos que se originan en general en los campos cognitivos. CastellĂł Tarrida (1993) precisa cĂłmo se originan fundamentalmente en dos campos: la cantidad y combinaciĂłn de microprocesos, y la combinaciĂłn de recursos creativos con los otros recursos intelectuales del sujeto.
3.1.2.2.2.- Algunas aportaciones del cognitivismo
Vamos a aludir a algunas aportaciones especĂficas del planteamiento cognitivo.
Uno de los elementos que aporta el cognitivismo es la relevancia que para el pensamiento creativo poseen las actividades de bĂşsqueda. En Ă©stas se distingue entre “bĂşsqueda en amplitud” y “bĂşsqueda en profundidad”, segĂşn se trate de exploraciones de todas las posibilidades de un nivel antes de pasar al siguiente o profundizaciĂłn en una Ăşnica soluciĂłn hasta sus Ăşltimas consecuencias a fin de verificar su eficacia. Pero, en cualquier caso, existe una evidencia objetiva de que, ante un problema, la mente que pretende resolverlo no trabaja sĂłlo deduciendo, antes al contrario, parece que trabaja “buscando” la soluciĂłn, siendo este no “un mĂ©todo entre otros, sino el más fundamental de nuestra inteligencia” (Newell y Simon, 1972).
Otro concepto propuesto en este tipo de estudios es el de “problema mal definido” sobre el que la mente trabaja para generar un estado final igualmente mal definido; por ejemplo, un escritor que “comienza su tarea en una situaciĂłn mal definida (sus posibilidades literarias, su criterio, el conocimiento de la literatura, el conocimiento del lector, etc.) y quiere alcanzar otro estado mal definido, que es la novela, de la que sĂłlo posee el proyecto” (Marina, 1993). En conceptos como Ă©ste (“ill-defined problem”) se observa, no obstante, la virtual convergencia que puede llegar a existir entre los planteamientos clásicos de la creatividad (Getzels, J.W.; Csikszentmihalyi, M., 1976) y sus más recientes avances (Glover, J.A.; Ronning, R.R.; Reynolds, C.R., 1989).
Desde los planteamientos cognitivistas, se entiende con claridad el destacado papel que los aspectos motivacionales tienen en el surgimiento de las conductas creativas. Un reciente estudio de J.R. Hayes (1989) sobre procesos cognitivos en creatividad concluye que las diferencias en creatividad “tienen su origen en diferencias en motivaciĂłn. Esas diferencias en motivaciĂłn causan a su vez diferencias cognitivas, y esas diferencias motivacionales y cognitivas informan conjuntamente sobre las observadas diferencias entre individuos creativos y no creativos”.
Una aportaciĂłn importante es la denominada lĂnea computacional, que pretende responder a las cuestiones de si la Inteligencia Artificial podrĂa tanto servir como referente para la comprensiĂłn de la propia creatividad humana, mediante la construcciĂłn de modelos computacionales creativos, como ser capaz de generar innovaciones y creaciones susceptibles de ser confundidas con las humanas, e incluso de realizar genuinos actos creativos (Partridge, D.; Rowe, J., 1994). El debate es enormemente amplio y polĂ©mico, aunque, en general, da la impresiĂłn de poderse responder afirmativamente a todas las cuestiones excepto a la Ăşltima, que parece entrar en un terreno más allá de lo definible tĂ©cnicamente (Boden, 1994).
3.2.- El producto creativo
El estudio del individuo creativo que hemos resumido hasta aquà tiene un contrapunto importante: el del producto creativo. Como ya dijimos más arriba, es importante su delimitación puesto que en definitiva será el producto quien nos diga si el individuo es o no creador.
Para definir el "producto" como creativo podemos prestar atenciĂłn a diversos criterios. Uno de ellos serĂa la cantidad: es decir, hablarĂamos de creatividad en cuanto que el individuo produce "muchos" objetos. Se tratarĂa indudablemente de un criterio altamente objetivo (puede perfectamente cuantificarse) pero de gran pobreza de contenido. En la práctica equivaldrĂa a confundir la creatividad con la productividad. Otro aspecto serĂa la cualidad, es decir, la clase y especificidad del objeto en sĂ, bien Ăşnico y diferente de otros, bien dotado de caracterĂsticas superiores en un aspecto determinado. Otro aspecto importante serĂa la significaciĂłn, es decir, la amplitud comprehensiva del producto que permitirĂa su aplicaciĂłn a muy diferentes objetos y situaciones: por ejemplo, una tĂ©cnica determinada (industrial, o de soluciĂłn de problemas) puede ser de amplia significaciĂłn por la posibilidad de ser utilizada en situaciones o problemas diferentes.
Una cuestiĂłn discutida: ¿cuándo comienza a existir un producto creativo? "Rhodes (1961) entiende ya por "producto creativo" la idea, tan pronto como es puesta en forma "captable" (comprensible). "Esto no quiere decir que la idea ha de verse realizada en un objeto (esto puede ser llevado a cabo por otros medios o instrumentos), sino que la idea es comunicada (hecha comĂşn) de alguna manera, de modo que deja de estar ligada a la vida exclusiva de un determinado individuo" (Brogden y Sprecher, 1964). AsĂ, Leary entiende que solamente puede ser calificado de creativo, en rigor, quien, aparte de descubrir una nueva idea, descubre, asimismo, caminos nuevos para la comunicaciĂłn de esa idea. Ello implica que la forma de comunicaciĂłn no es indiferente, sino que a determinada idea le corresponde una muy especĂfica forma de comunicaciĂłn, de expresiĂłn. De esta manera, cierta idea puede ser comunicada a travĂ©s de la imagen; cierta otra, a travĂ©s de la mĂşsica, a travĂ©s de unidades semánticas, desprendiĂ©ndose siempre de la idea misma si se trata de un producto artĂstico o cientĂfico" (Ulmann (1972), p.43).
En Ăşltimo tĂ©rmino nos enfrentamos con la siguiente cuestiĂłn: ¿cuándo una idea es creativa? Las respuestas son variadas, pero pueden organizarse en torno a dos criterios: el criterio de la novedad, que se define como una condiciĂłn necesaria, pero no suficiente; y el criterio de valor, verdad y utilidad.
A) El criterio de novedad es el más utilizado. Pero ¿quĂ© es la novedad? No hay unanimidad en las respuestas. Para Guilford lo nuevo es lo inusual, es decir, lo estadĂsticamente raro o no frecuente (se refiere a respuestas a tests). Mednick (1968) define la novedad de las asociaciones por la lejanĂa de las mismas. Por ejemplo, asociar mesa con silla serĂa una asociaciĂłn cercana, mientras que serĂa lejana asociar mesa con dromedario. Wallach y Kogan (1965) consideran que la novedad se da cuando la respuesta es Ăşnica en una poblaciĂłn dada. (Se refiere a respuestas de tests). Ghiselin (1958) dice que una idea es nueva cuando aparece por primera vez en el tiempo. Barron (1955) dice que si una idea aparece raramente serĂa una idea original. Si original no coincide con creativo parecerĂa que este criterio no serĂa suficiente para determinar los productos creativos. Henle (1963) opina que lo importante no es ser el primero en pensar algo o ser de los pocos que piensan algo: esto serĂa una diferenciaciĂłn gradual, no una diferenciaciĂłn cualitativa. En este sentido la comprensiĂłn de un orden nuevo de ideas es tan creativo como su hallazgo. Diferentes autores (Henle, Bruner, Jackson y Messick...) creen que lo nuevo consistirĂa en evadirse de un sistema conceptual previo percibido como incompleto o inexacto. Lo nuevo serĂa más bien lo libre, lo inesperado, lo trascendente.
Puede resultar Ăştil en orden a la valoraciĂłn general de productos creativos, la sugerencia de Boden (1994) de distinguir entre P-creatividad y H-creatividad, segĂşn nos refiramos a la novedad de la producciĂłn respecto de la mente individual que la crea (psicolĂłgica) o respecto de toda la cultura humana (histĂłrica).
B) Los criterios de valor, verdad y utilidad se suelen exigir como condiciones de la idea creadora. Digamos que exigen su eficacia social y su sensatez, puesto que para ser creadora una idea no solo debe ser nueva, sino tambiĂ©n valiosa, verdadera y Ăştil. Hay diferentes formas de pensar en torno a estos criterios. Jackson y Messick (1965) creen que una idea creativa se caracteriza más que por su verdad por su bondad. La verdad se aplicarĂa a la valoraciĂłn de ideas en un sistema lĂłgico donde puede darse lo verdadero y lo falso, pero no podrĂan aplicarse en sistemas no lĂłgicos (por ejemplo, la pintura, la mĂşsica, la escultura...) en los que han de utilizarse otros criterios de tipo psicolĂłgico y subjetivo. Henle (1963) propone sustituir el criterio de verdad por el de armonĂa, que exigirĂa soluciones por un lado adecuadas al problema planteado y por otro elegantes. Bruner (1963) elabora el criterio de utilidad distinguiendo tres clases de lo que Ă©l llama efectividad: efectividad formal (equivale al criterio de "armonĂa" de Henle), efectividad metafĂłrica (la "armonĂa" dentro del campo artĂstico) y efectividad de predicciĂłn (indica lo que va a suceder si se dan unas condiciones determinadas).
4.- Ser más creativos: PedagogĂa de la creatividad
Al hablar del desarrollo de la capacidad creativa podrĂamos hablar del Ă©l de dos maneras: desde el punto de vista de la educaciĂłn para la creatividad, o desde la utilizaciĂłn de tĂ©cnicas de potenciaciĂłn de la creatividad. Vamos presentar brevemente cada uno de estos aspectos.
4.1.- FormaciĂłn para la creatividad.
El clásico en esta materia es sin duda Torrance (1963), quien con sus textos sobre la enseñanza creativa ha intentado elaborar un programa para la introducción de esta dimensión del aprendizaje en la práctica docente cotidiana de los educadores.
Mas recientemente, Mayer (1986) presenta un interesante capĂtulo con el mismo tĂtulo que utilizamos en este apartado. En Ă©l presenta una sĂntesis histĂłrica, en la que se percibe con toda claridad cĂłmo la idea del pensamiento como destreza adquirible, en concreto bajo la forma de capacidad creativa, no es una idea nueva: es una antigua idea, que se ha ido desarrollando de formas diferentes. Aconsejamos su lectura. La sĂntesis básica del desarrollo histĂłrico es literalmente la siguiente:
“Las dĂ©cadas de 1930 y 1940: formaciĂłn para la creatividad en la industria. La dĂ©cada de 1950: recuperaciĂłn de resoluciĂłn de problemas en estudiantes universitarios. La dĂ©cada de 1960: enseñanza del pensamiento productivo a niños de escuela. La dĂ©cada de 1970: formaciĂłn especĂfica en procedimientos. La dĂ©cada de 1980: conocimiento especĂfico contra destrezas generales” (Mayer, 1986, pág. 375).
Esta simple enumeración de etapas es suficientemente clarificadora del hecho de que la creatividad se puede enseñar. Seguramente no podremos enseñar la creatividad emergente que convierta a un sujeto negado aptitudinalmente en un genio de la pintura o de la ciencia. Pero sà podemos aprender a generar ideas y soluciones nuevas para situaciones concretas.
Como afirma Ambruster (1989), la metacognición de cada sujeto sobre sus procesos creativos es posible que deba considerarse como la base teórica sobre la que deben elaborarse cualesquiera métodos de formación de la creatividad. Partiendo de esta base, suelen establecerse los siguientes criterios educativos de la creatividad:
1.‑ SupresiĂłn de los procedimientos inhibitorios.
2.‑ CreaciĂłn de un clima de libre producciĂłn.
3.‑ Fomentar las motivaciones para la creatividad: necesidad o deseo de crear, curiosidad, implicaciĂłn profunda en el campo de trabajo, necesidad interior de recogniciĂłn y autoafirmaciĂłn, etc.
4.‑ Utilizar tĂ©cnicas educativas que no marginen el pensamiento divergente, sino que lo exijan y mantengan. No debe olvidarse que es muy frecuente que los profesores se encuentren incĂłmodos con los alumnos más creativos que fácilmente resultan incordiantes, mientras se encuentran muy satisfechos con los alumnos "convergentes" que se someten fácilmente a los sistemas preconcebidos.
5.‑ Utilizar las tĂ©cnicas de creatividad en grupo que resultan generalmente provocadoras y estimulan la creatividad de los menos motivados. Hoy dĂa existe una amplia experiencia de trabajos en la escuela y en la industria para la formaciĂłn de la creatividad. Muy en contacto con esta idea están los contenidos del apartado siguiente.
4.2.- Técnicas de potenciación de la creatividad
Desde el comienzo de la preocupaciĂłn por la enseñanza de la creatividad, sobre todo a impulsos de la industria americana, se pensĂł en la posibilidad de utilizar determinadas tĂ©cnicas que ayudaran a los sujetos a romper los esquemas mentales y de acciĂłn recibidos y descubrir nuevas vĂas de soluciĂłn de problemas. La primera tĂ©cnica propuesta fue la del “listado de atributos” (Crawford, 1931). Consiste básicamente en hacer un listado de atributos de un objeto, y preguntarse luego cĂłmo puede modificarse cada uno de ellos. El “listado de atributos” tuvo larga vida, y puede considerarse el germen de las tĂ©cnicas posteriores.
Puede decirse que las dos tĂ©cnicas básicas utilizadas posteriormente en la industria fueron la “tormenta de ideas” (brainstorming) y la “sinĂ©ctica” (synectics).
El brainstorming (Osborn, 1963) es una tĂ©cnica para aportar ideas nuevas en grupo. Se parte de la base de no utilizar ningĂşn tipo de crĂtica en las aportaciones (se dice en voz alta lo que viene a la mente), hacer el mayor nĂşmero de aportaciones, intentar que sean ante todo originales (aunque parezcan locas), procurar combinar y mejorar las aportaciones de los otros. Al final se hace una sĂntesis y discernimiento de lo Ăştil y lo inĂştil,
La sinĂ©ctica (Gordon, 1961) es una tĂ©cnica que consiste en reunir elementos que no tienen entre sĂ ninguna relaciĂłn: se trata de utilizar las analogĂas posibles en la resoluciĂłn de problemas. Por ejemplo, ¿quĂ© caracterĂsticas de un Ăłrgano electrĂłnico podrĂan aplicarse a una maquina de escribir?
A partir de estas dos tĂ©cnicas han surgido multitud de otros instrumentos que o utilizan diversas combinaciones de los criterios del listado de atributos, el brainstorming o la sinĂ©ctica; o buscan orientaciones en torno a la soluciĂłn de problemas (Fustier, 1975. Brandsford y Stein, 1987). Básicamente se clasifican como mĂ©todos analĂłgicos -los que emplean el poder evocador y creativo de la metáfora (vgr. el euridrama)-; los mĂ©todos aleatorios -o serendĂpicos, que fomentan una actitud de provocaciĂłn azarosa de relaciones interpretables en tĂ©rminos de sugerencias nuevas (vgr. la “Ars magna” de Raimon Llull, o el “Pensamiento lateral” de Edward De Bono) y propugnan una visiĂłn conciliada con el error como fuente de inspiraciĂłn-, y los mĂ©todos antitĂ©ticos -en los que se fuerza el contraste de los elementos estudiados para resaltar sus aspectos más contradictorios y romper los convencionalismos sobre su percepciĂłn-.
Para lo que es el desarrollo de la propia capacidad individual tomamos como propias las sugerencias de Sternberg (1997, págs. 295-298), que suponen una excelente sĂntesis de lo que uno puede hacer por sĂ mismo para ir más allá de sĂ.
1.- Redefinir los problemas. No limitarnos a aceptar lo que se nos dice a cerca de cĂłmo hemos de pensar o actuar.
2.- Buscar lo que otros no ven. Reunir las cosas de modos que otros no hacen; y pensar de qué modo las experiencias pasadas, incluso aquellas que inicialmente pueden parecer irrelevantes, pueden desempeñar un papel en nuestros afanes creativos.
3.- Aprender a distinguir nuestras ideas buenas de las precarias, y prestar atenciĂłn a su contribuciĂłn potencial.
4.- No nos sintamos como si lo supiéramos todo acerca de un ámbito en el que trabajamos antes de que seamos capaces de realizar una contribución creativa.
5.- Cultivar un estilo legislativo, global.
6.- La perseverancia ante los obstáculos, asumir riegos sensibles y querer crecer.
7.- Descubrir y ahondar en las propias motivaciones endĂłgenas.
8.- Encontrar los entornos creativos que nos recompensen por lo que nos gusta hacer.
9.- Los recursos necesarios para la creatividad son interactivos y no aditivos.
10.- Tomar una decisiĂłn acerca del modo de vida que fomenta la creatividad.
Asà pues, la creatividad no aparece como un territorio marcado. Conocer las potencialidades no es sino el inicio de un posible proceso de expansión. Superar las pautas inhibitorias, aprender los modos de estimular las propias capacidades, recurrir a técnicas externas que complementen o suplan nuestros recursos. Son muchas las posibilidades de optimización de que disponemos; el desarrollo creativo es una meta que corre más que sus perseguidores.
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