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«La creatividad es lo que me animó a tomar la ruta de la enseñanza»

María Conde La labor pedagógica que desarrolla José Carlos Otero tiene su lado más visible en su faceta como director del CEIP Campolongo, al frente del que está desde hace siete años. Pero lo que quizás pocos saben es que su verdadero compromiso está en sus actividades extraescolares. Hace catorce años que puso en marcha con su familia un proyecto para atender a menores que tienen que cumplir medidas judiciales y desde entonces ha convivido con 73 chicos y chicas que en su gran mayoría, como subraya, «han podido reorganizar y rehacer su vida», a pesar de que en muchos casos el período de estancia en la vivienda tutelada no supera varios meses.
Él asegura que tiene el secreto para compaginar todas estas facetas, porque «dirigir es el arte de saber rodearte de un buen equipo», algo que ha conseguido tanto en el centro de enseñanza como en su proyecto educativo, denominado Maluma. «Tengo la suerte de que todo lo que hago me gusta, y estoy bien rodeado -afirma-. Por eso resisto y todo lo hago con gusto».
Lo de sacar el máximo partido a las 24 horas del día es algo a lo que está acostumbrado desde sus tiempos de estudiante. Y eso que en su adolescencia, no era un alumno modelo. «En esa etapa manifesté mi rebeldía y mi falta de motivación para los estudios-cuenta-. Así que mis padres, con muy buen criterio, me pusieron a trabajar. Entonces era más fácil que ahora y entré en el Centro Forestal de Lourizán como telefonista». Al año siguiente pasó a auxiliar administrativo y después, a bibliotecario. «Y automáticamente me di cuenta de la necesidad de estudiar», apunta.
En horario nocturno, compaginándolo con su trabajo, se sacó el Bachiller y el COU. También la titulación de profesor de EGB y luego en Santiago la carrera de Pedagogía y los cursos de doctorado. Siendo ya funcionario del Ministerio de Agricultura en Lourizán, daba clases de Educación Física en FP y al poco tiempo aprobó las oposiciones de Magisterio. «Pasé de suspender hasta el recreo a sacar todo», ríe.
Sus destinos en la enseñanza arrancaron en Canarias, donde fue voluntario, para regresar a Galicia a principios de los 80. Primero en Reibón (Moaña), luego dos años en Campolongo y después catorce en Radio Ecca. Su plaza la logró en el colegio número 1 de Monte Porreiro, aunque a Campolongo regresó destinado por Educación para ser director en funciones en el 2002. Después de sacarse la plaza por concurso de méritos, ahora le quedan dos años al frente del centro y no tiene claro si se jubilará o volverá a presentarse al cargo, «pero no me importaría renovar otros cuatro años». Él resume su trayectoria diciendo que pasó «del paradigma cuantitativo al cualitativo». «En las tareas administrativas la creatividad no tenía sentido, y eso quizás es lo que ha influido para tomar la ruta de la enseñanza, donde la creatividad es fundamental, máxime cuando estás en un cargo directivo».
Maluma tuvo su germen en el trabajo que desarrollaban Otero y su pareja en los campamentos de verano en A Lanzada, donde atendían a niños de la Ciudad Infantil Príncipe Felipe. «Viendo aquella necesidad de cariño que tenían, nos planteamos abordar un proyecto en este campo», cuenta. En 1998 ofrecieron a la Xunta «una infraestructura familiar y una vivienda» para acoger a niños con estas necesidades. «Pero era el mes de octubre y no tenían presupuesto en aquel momento, así que nos ofrecieron la posibilidad de acogernos al programa Mentor, de la UE, pero hablábamos ya de adolescentes -añade-. Nos pareció interesante y nos metimos en esa aventura».
Hoy, muchos de los 73 chicos que atendieron -ahora tienen cuatro- vienen a visitarles con sus «nietos» y reconoce que es una labor con muchas satisfacciones, aunque difícil. «Cuando tienes un fracaso es doloroso, porque no has sido capaz de alcanzar los objetivos -explica-. Pero son chicos con una problemática muy fuerte, que en muchos casos se genera dentro de la propia familia. Entonces, la terapia se hace extensiva a la familia y desde el primer momento en que ingresan nuestro primer objetivo es curar heridas, que no pierdan el contacto, y cada vez intensificarlo más». Reconoce que su pareja, Marisa, es la que lleva el peso del proyecto. «Y cuando ves a menores que tienen a sus espaldas una denuncia por agresión a sus padres y que ahora llevan una vida familiar normalizada, o les ves colgados del cuello de ella besándola y tratándola como una madre, es muy gratificante».



http://www.lavozdegalicia.es/pontevedra/2010/01/30/0003_8260919.htm