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El ajedrez como herramienta pedagógica en la educación inicial

El ajedrez, un juego aparentemente estático presenta múltiples facetas fascinantes. Un observador desprevenido no podría imaginar que dos ajedrecistas experimenten el encanto de calcular variantes, proyectar jugadas, inventar estrategias y solucionar problemas en tan sólo un tablero de sesenta y cuatro casillas.

Más allá del placer intelectual que genera este milenario juego, se puede aprovechar en el campo educativo para desarrollar diversas habilidades mentales a través de la resolución de problemas concretos de ajedrez. Este tipo de ejercicios exigen al alumno comprender la situación, lanzar hipótesis, analizar rigurosamente, calcular distintas variantes, evaluar las posiciones finales a las que se llegaría según las jugadas elegidas, detenerse en todas las probabilidades del adversario e investigar sus opciones, para finalmente encontrar la solución adecuada y tomar una decisión. Todo este proceso fomenta el pensamiento crítico y requiere un buen nivel de atención que los estudiantes alcanzan en la medida de la ejercitación. Convertir el tablero de ajedrez en un campo de entrenamiento para el desarrollo de las capacidades mentales de los niños y jóvenes es factible y está al alcance de los maestros.

Tal vez lo más asombroso, es que se puede iniciar la enseñanza del ajedrez con niños de tres años de edad. Si bien es cierto que en tan temprana edad no se puede explicar aspectos complejos y estratégicos del juego, si se puede dar a conocer las partes del tablero, el movimiento de las piezas y realizar ejercicios simples de cálculo, visualización, percepción, atención, análisis y memoria. El éxito radica en la magia, creatividad y entusiasmo del maestro: un tablero gigante de piso para desplazarse con los niños sobre las filas, columnas y diagonales y experimentar con el cuerpo el movimiento de las piezas; títeres, disfraces y cuentos para motivar a los pequeños, son algunas de las muchas actividades previas al manejo del tablero de mesa para resolver problemas y jugar cortas partidas con otro compañero.

Por otra parte, nos da la posibilidad de forjar valores en nuestros niños. Ellos aprenden la cortesía, a acatar normas y turnos, a respetar las ideas de los demás, a responsabilizarse de sus propios actos y entender que toda acción tiene un efecto. Ha sido muy valioso poderles enseñar a los niños a ganar y a perder y sobre todo inculcar en ellos la disciplina, el aprecio por el silencio y el autocontrol. Un factor agregado es que podrán estrechar aún más los lazos con sus padres y madres a través de esta disciplina que produce satisfacción para los adultos y sigue siendo juego para el niño preescolar.

En ajedrez es fundamental la comparación para tomar decisiones. Luego de analizar diversas posibilidades, se concluye que una probabilidad es la acertada cuando se mide en una balanza los beneficios que traería cada jugada, es decir que se compara las opciones y sus resultados finales.

Analizar posiciones a través de la descomposición de sus partes y por medio del cálculo exacto de variantes le permiten al jugador llegar a una síntesis y hacer deducciones.

Cada jugada que se realiza nace de un razonamiento hipotético, de predecir una posición y partir de premisas. El pensamiento creativo aparece en el jugador de ajedrez después de tener bases sólidas, conceptos claros y suficiente información que ha relacionado para dar paso a la originalidad, a las novedades y fantasías.

Todo este proceso conduce al pensamiento lógico, al pensamiento ordenado que lleva a la verdad apoyado en las diferentes operaciones mentales. Es precisamente el ajedrez un juego lógico y como tal estimula el pensamiento científico en los jóvenes y niños.

Uno de los procesos más emocionantes para niños y adultos que se inician en el ajedrez es la solución de problemas. Un punto fundamental al colocar problemas de ajedrez es iniciar por el grado más elemental de dificultad e ir aumentando poco a poco su complejidad.

Creo que todos los maestros que enseñamos ajedrez disfrutamos este proceso porque notamos cómo se acrecienta la velocidad en el pensamiento de los niños, podemos detectar fácilmente cuáles son los errores típicos que cometen y ver la capacidad de relacionar y asociar posiciones


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