domingo

El proceso creativo

Es un hecho que si los diseñadores sometiéramos el desarrollo de nuestros proyectos a la llegada del consagrado momento de inspiración, poco o nada llegaríamos a concluir. El diseño ante todo es un proceso y como tal es necesario identificar sus pasos para llegar a las soluciones, cuyo punto de origen es un razonamiento lógico. Aunque no se puede ver al método como una fórmula segura de llegar al buen diseño – puesto que puede haber mal diseño con un buen método – lo cierto es que no habrá buen diseño si se carece de método, por más que muchos insistan en sostener lo contrario.

Hace algunos años conocí a una persona que hacía muchos años había hecho un cartel para una película, el cual le dio cierta celebridad. En un ocasión una joven estudiante de los primeros semestres de diseño llegó y le preguntó cuál había sido el método que siguió para llegar a esa imagen. Él respondió que no había método, que se le había ocurrido mientras viajaba en el tren y al llegar a su casa ejecutó la idea. Bien, sin embargo, para que en el momento de estar en el tren le llegara esa idea su mente debía estar abierta, a manera de radar que busca algo específico y para saber qué es eso que se debe buscar hay que reflexionar, analizar la información, imaginar las posibilidades. Es como crear en la mente una imagen “sin rostro” de lo que se busca; sabemos cómo es pero no cómo se ve, entonces en el momento en que nos topamos con esa imagen nuestra mente la reconoce, hemos visto el rostro de lo que buscábamos. Así pues, por muy poético que sea el sentido de nuestra obra, el método está ahí, debe estar ahí, de lo contrario crearíamos imágenes sin contenido, sin propósito y condenadas a una vida efímera. Pero no hay que ver al método como el medio para obtener soluciones prefabricadas, como si fueran hechas automáticamente a través de un algoritmo. Si así fuera, todos los diseños serían iguales y el espíritu creativo del diseñador no sería necesario. Siguiendo los pasos cualquiera sería diseñador. Lo que hace única y revolucionaria una solución es la mano de su autor. Y mientras más información y acervo cultural traiga consigo esa mano, más sorprendente será el resultado. La búsqueda de la solución óptima del problema tiene que ser racional y rigurosa, pues de lo contrario no estaría soportada por bases sólidas. Pero paralelamente a este proceso disciplinado se debe dejar paso a la imaginación, a la intuición y a la experimentación.

La investigación, la planeación y el análisis que anteceden a las propuestas gráficas representan un mapa a seguir, pero no pueden indicar como será visualmente el resultado. Es ahí donde el carácter individual del diseñador entra en juego, pues él generará una idea y no es posible determinar cómo se verá algo tan abstracto y personal como una idea. Un buen diseño es el que logre combinar en su proceso creativo un método racional con la fuerza expresiva y la calidez que provoca e inspira a la gente; dando como resultado imágenes conceptualmente sólidas, técnicamente perfectas y con rasgos únicos que denoten la creatividad, el bagaje cultural y el sentido estético del creador. Llegar a este nivel no es fácil, pero para dejar huella hay que intentarlo, de lo contrario nuestra responsabilidad con la sociedad quedaría condensada en obras estériles y efímeras.



http://beatrizmtzsosa.wordpress.com/2010/02/13/el-proceso-creativo/