sábado

Estamos en la Era de Hielo…

¡¿En la era de Hielo?! ¿Qué le pasó a José Luis? ¿Se volvió loco?, se preguntarán mis fieles lectores. Pero no, yo estoy loco hace rato. Lo que pasa es que parece que no hay otro tema de conversación más importante que la “alerta naranja”, “la sensación térmica”, “¡que calor que hace!”, “¡está terrible!” y otras expresiones semejantes que tienden a monopolizar y cansar de repetitivas.

Entonces considerando la persistencia de la temática me pareció muy apropiado contarles acerca de un hombre sumamente persistente, tozudo y testarudo: Frederic Tudor. Este joven de 20 años vivía en la fría Boston, pero podía darse el lujo de viajar a países caribeños. Al regreso de uno de sus viajes bromeando con su hermano dijo que vender bebidas frescas al Caribe sería un buen negocio que les permitiría ser millonario.

¿Y que tenía de extraordinaria esa idea, si todo el mundo toma bebidas frías? Sí, es una costumbre común ahora. Pero hace 190 años pensar en poner trozos hielo dentro de una bebida era considerado algo sumamente estrafalario. Pero esa era, justamente, la idea con la que se obsesionó Tudor, quien comenzó a aserrar hielo de las congeladas aguas de los lagos de Massachusetts y lanzarse a la aventura:

Claro que los comienzos no fueron muy sencillos. Mostrándose escépticos por lo extraño del cargamento, ningún dueño de buque mercante aceptó transportar la fría carga de Tudor, quien se vio forzado a consumir todos sus ahorros en la compra de un navío propio. Su primer objetivo consistió en exportar los bloques de hielo a la isla de Martinica, en donde pensaba obtener el monopolio de las bebidas refrescantes.

En 1806, el “Favorite” llegó a Martinica llevando 80 toneladas de hielo pero la operación comercial resultó un fracaso absoluto. Los lugareños no estaban dispuestos a estropear el sabor de sus bebidas locales y se negaron a comprar el hielo de Tudor, quien veía con desesperación cómo su mercadería se derretía sin remedio.

Durante los años siguientes, las cosas fueron de mal en peor. La situación política, el caluroso clima y la falta de ventas conspiraron contra su sueño. La gente no se animaba a mezclar sus bebidas con un trozo de hielo; la idea les asqueaba y se burlaban del pobre Frederic, a quien creían loco de remate. Su hermano William se retiró del negocio y las deudas lo agobiaron a tal punto que Frederic estuvo preso tres veces entre 1809 y 1813. Pero la obstinación de Tudor era inquebrantable, e hizo lo imposible para convencer al mundo de que comprasen sus cubitos de hielo.

En la década de 1820, recurrió a todas las técnicas de marketing que se le ocurrieron para demostrar las bondades de su producto, incluyendo la degustación de “muestras gratis”. Tenía por costumbre invitar a cenar a personajes distinguidos, a los que servía bebidas en vasos de cristal con frescos cubos de hielo flotando en su interior. Pese a la resistencia inicial de la gente a beber los preparados de Tudor, una vez “roto el hielo” los invitados adoptaban para siempre el hábito de agregar hielo a sus bebidas.

Tudor viajó por todo el país ofreciendo su original producto. Poco a poco, convenció a los dueños de los bares para que vendiesen las bebidas con hielo al mismo precio que al natural, enseñó a los restaurantes cómo fabricar helados usando sus bloques de hielo y hasta dialogó con los médicos en los hospitales para explicarles que el hielo resultaba una cura ideal para los pacientes afiebrados. Lo cierto es que las personas jamás habían necesitado el hielo hasta que Tudor se los hacía probar. De allí en adelante, no podían vivir sin él.

Los negocios prosperaron a partir de entonces y Tudor no sólo consiguió vender bloques de hielo en el Caribe sino que también transportó su producto a toda Europa e incluso hasta la India. En su época de mayor esplendor, las compañías hieleras de Tudor realizaban embarques de más de 180 toneladas de hielo hacia Calcuta.

Frederic Tudor murió el 6 de febrero de 1864, sin alejarse jamás de de la máxima que escribió en la primera página de su primer diario el 1 de agosto en 1805, justo antes de empezar su aventura: “He who gives back at the first repulse and without striking the second blow, despairs of success, has never been, is not, and never will be a hero in war, love or business” que mas o menos se traduce: “Aquel que ante la primera dificultad, sin intentarlo otra vez, pierde la esperanza de triunfar. No ha sido, no es y nunca será un héroe en la guerra, el amor o los negocios”.



¿Les gustó la historia? A mí me dejó pensando en lo importante de luchar por lo que uno quiere y además me dieron ganas de tomar algo con mucho hielo. ¿me acompañan?



http://blogs.clarin.com/cocinaprender/2010/02/03/hielo/