lunes

Sigue la naturaleza

- Maestro, ¿Cuál es tu sistema para liberarte y progresar en el camino de la Verdad? -, preguntó el discípulo.

- Yo cuando como, como; cuando duermo, duermo. Si paseo, paseo; si arreglo el jardín, me dedico a ello -, repuso con una sonrisa el Maestro.

- Pero eso, – replicó el discípulo -, es lo que hace todo el mundo.

- No, Sergei, no lo creas. La gente cuando come, está pensando en otras cosas y cuando duerme, sueña con otras cosas. Llegará un día en que comerán mientras contemplan una caja tonta, y que sufrirán por lo que todavía no ha sucedido.

- Y que a lo mejor no sucede -, dijo pensativo Sergei.

- Eso, es. Los antiguos siddhis de India descubrieron que el yoga es el control de las ideas en la mente. Lo que nos roba la paz interior es una mente alocada, perdida en el pasado y en el futuro. La mente, Sergei, siempre está dónde no está el cuerpo.

- ¿Cómo hacer, Maestro, porque cuando yo trato de alejar un pensamiento éste persiste y me aturde más?

- Es que no se trata de alejar nada, sino de imitar al cuco que canta en un lugar distinto de donde pone los huevos.

- ¿Es esa la estrategia?

- Es el sentido común, Sergei, que me estás alargando para no ocuparte de los alcorques y mira cómo proliferan las plantas salvajes.

- ¡Son hermosas, es la naturaleza!

- Pero no la propia de un jardín. Tú también llegaste aquí medio salvaje, en estado de naturaleza apaleada, y poco a poco, te vas desasnando.

- ¡Maestro! ¿Cómo hacer cuando me importunan los pensamientos?, – volvió a insistir el discípulo, que andaba esos días algo removido por la primavera -.

- Imitar al Himalaya cuando pasan las nubes, las lluvias, las nieves o las tormentas. ¡Dejarlas pasar! No luchar contra ellas. Por eso, si estás ocupado en algo y te concentras en ello, como si fuera lo único que tienes que hacer en la vida, fortalecerás el músculo de la atención. Pero sin agobiarte. ¿Qué necesidad tienen las aguas del río de que las empujes? El junco se inclina cuando pasa la corriente.

- ¡Pero…!

- Anda, Sergei, no me des vueltas. La naturaleza tiene sus leyes y, si hay que aliviarse, pues se alivia uno… y no le da más vueltas. ¿Será mejor andar todo el día abrasado? Si hay que pegar un grito, pues se pega y ya está.

- Como cuando las lágrimas pugnan por salir.

- Eso, pero uno no se dedica a pegarse pellizcos para que salgan más lágrimas. Sigue a la naturaleza, Sergei



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