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Arte y esquizofrenia

La relación entre la creatividad artística y el desequilibrio mental ha sido foco de atención desde principios del siglo XIX, aunque fue a mediados del XX cuando la psiquiatría y el arte estuvieron más unidos que nunca, dando paso en 1945 al Art Brut (arte en bruto) en Europa y al outsider (al margen) en Gran Bretaña y Estados Unidos. Los tres artistas outsiders más destacados son el paria traumatizado de Chicago Henry Darger (1892-1973), el espiritista y aventurero estadounidense Joseph Elmer Yoakum (1890-1972) y el mexicano, diagnosticado esquizofrénico, Martín Ramírez (1895-1963). Las obras de este último llegan por primera vez a Europa en una exposición titulada Marcos de reclusión, que el Museo Reina Sofía de Madrid inaugura el próximo miércoles.

"Es la primera exposición individual de Ramírez en Europa y en un museo de arte moderno", asegura Brooke Davis Anderson, comisaria de la exposición y directora del Contemporary Center del museo American Folk de Nueva York. "No descarto que al ser conocido en España salga alguna de sus obras, dado que Tormo Pasto [el descubridor de Ramírez] mandaba sus dibujos a todo el mundo", añade. La muestra presenta unas 60 obras sobre papel; es el primer conjunto de trabajos de Ramírez que llega a España, aunque una de sus obras, Sin título, hecha hacia 1950, se presentó en la exposición Mundos interiores al descubierto en la Fundación La Caixa de Madrid en 2006. Aquel collage de un metro de altura de lápiz y recortes de revista constituía un resumen de la vida de Ramírez.

Legado hallado en un garaje
Allí estaba el caballo, el tren saliendo del túnel, la pobreza del paisaje mexicano en monocolor y la opulencia de la vida americana en multicolor. El cielo sólo brillaba en el norte. Ramírez no firmaba, ni fechaba ni titulaba sus trabajos. Algunas de las obras que se presentan en el Reina Sofía forman parte de un legado de 140 piezas descubiertas hace pocos años en un garaje de California, donde había residido un psiquiatra que había tratado con Ramírez.

La locura del pintor es uno de los misterios que, probablemente, nunca se conocerá con precisión. Y menos todavía a partir del análisis de sus producciones artísticas. Martín Ramírez vivió una vida normal en Jalisco (México) hasta 1925, cuando emigró a Estados Unidos, dejando detrás esposa y cuatro hijos. El norte era la riqueza y a Ramírez le atraía el trabajo en los ferro-carriles de California.

La Gran Depresión en 1929 le dejó sin trabajo, perdió el habla, vagabundeó hasta que fue hallado errante a principios de la década de 1930 en un parque de Los Ángeles. La policía lo detuvo y lo ingresó en un manicomio en el que le diagnosticaron esquizofrenia. De allí pasó al psiquiátrico De Witt, de Auburn (California), donde permaneció en silencio, entre chiflados, el resto de su vida, más de 30 años. Hacía figuritas con papeles y detritos, dibujaba con lo que podía e incluso llegó a hacer algún esbozo de colorines antes que el servicio de limpieza se lo tirase a diario a la basura; pegaba papeles con saliva o puré de patata.

La locura del pintos es un misterio que nunca se conocerá con precisión
Apenas se conoce su obra antes de 1948, el año que llegó al manicomio el psicólogo Tarmo Pasto para estudiar casos de perturbados. No tardó en detectar la capacidad creativa del mudo mexicano y le proveyó de medios para dibujar y pintar: la iconografía del folclore mexicano brotó como si llevase años esperando la oportunidad de salir del interior más profundo de Ramírez. El especialista en Art Brut Laurent Danchin considera al mexicano como "un caso típico de creador brut porque no tuvo ningún tipo de formación artística, empezó a pintar de forma clandestina y desarrolló un estilo reconocible".

Desde principios de la década de 1950 hasta su muerte en 1963, Martínez dibuja, pinta y hace collages de gran fuerza expresiva. Elabora simetrías con una delicadeza y minuciosidad extraordinarias. Y con las simetrías construye formas, espacios y perspectivas como si fuese un juego e incluso un ingenioso rompecabezas. Martín Ramírez no habla pero trata varios temas, que son recurrentes y aluden a su vida: animales (con preferencia por el ca-ballo y el jinete pistolero), figuras religiosas procedentes del catolicismo familiar, los paisajes del norte y los del sur de México, los trenes y los túneles, metáfora de su vida oscura en busca de la luz.

Murales de hasta tres metros
Sus cerca de 500 obras abarcan todos los formatos, desde piezas miniaturas de varios centímetros hasta murales de tres y cuatro metros que extendía en el suelo y llenaba de imágenes sin perder la proporción del papel en silencio sepulcral; dibujaba en un trozo de papel mientras tenía el resto enrollado.

Los personajes que crea Ramírez están a menudo encerrados en círculos, rectángulos o cuadrados, rodeados de paisajes o animales en un lenguaje personal y coherente. Las líneas repetitivas o la fragmentación del cuadro en espacios cerrados como hacía el esquizofrénico Adolf Wölfli son dos características del artista mexicano. Su obra muestra a un creador audaz, imaginativo y sen-cillo en su manera de hacer arte, lo que para él era su único medio de comunicación con el exterior, adverso y hostil a su vida interior.

Permanecía en silencio, hacía figuritas con papeles y detritos
La comisaria Brooke Davis asegura que "los últimos trabajos descubiertos son de líneas más claras, más coloridos, mejor conservados, y hechos sobre papel de mejor calidad que los anteriores recogidos por Tarmo Pasto". La comisaria reconoce que "está pendiente de clasificarse todo su trabajo por la falta de fechas y títulos de sus obras, pero eso lo tendrá que hacer la próxima generación de estudiosos, yo soy demasiado mayor para ponerme a ello".

Ramírez es el caso del artista outsider más cercano a los artistas europeos. Tarmo Pasto lo protegió, promocionó sus producciones y le hizo un análisis constatando que el diagnóstico de esquizofrénico había sido un error. Era demasiado tarde para salvarlo y el estudio del psicólogo no invalidó el diagnostico psiquiátrico.

"En los últimos 15 años ha habido una gran explosión de espacios de exhibición permanente, publicaciones, exposiciones y disertaciones universitarias sobre Art Brut. Ahora está de moda. La tendencia actual es hacer exposiciones juntando arte contemporáneo profesional y arte outsider, pero este último continúa siendo de creadores sin formación. Ha dejado de ser el jardín secreto de apasionados aficionados como lo era cuando surgió", explica el estudioso Laurent Danchin. En Estados Unidos hay una red de museos de arte outsider, mientras que en Europa es Francia el país que continúa llevando el estandarte de estos creadores alternativos. "En Francia hay una larga tradición y un fuerte interés artístico e intelectual por el arte ajeno al que surge en los canales oficiales. En EEUU se ha creado un mercado muy eficaz de este tipo de arte porque los americanos son muy eficaces en muchos otros campos. La vida artística francesa siempre ha sido muy variada y retadora para los aficionados al arte. Por eso, los dos países líderes en este arte son Francia y Estados Unidos", añade.

Litigios de herencia
Ramírez no llegó a mandar a su familia el dinero que les prometió y que él hubiese querido enviarles. Murió en la misma miseria en la que vivió en el manicomio. Tras su muerte, sus obras, como el arte outsider en general, se han revalorizado. Sus descendientes y herederos, encabezados por dos de sus muchos nietos, han demandado a la profesora Maureen Hammond por sacar a la venta en Sothebys de NuevaYork 17 obras de Ramírez que Hammond obtuvo de Tarmo Pasto. Los herederos del pintor aducen que los dibujos les pertenecen y que Hammond no tiene derecho a venderlos. La casa de subastas las retiró de la venta mientras las partes en conflicto resuelven el litigio.

Su descubridor, Tarmo Pasto, mandaba dibujos a todo el mundo
En 2003, la sala Christies vendió en Nueva York la co-lección de arte outsider y autodidacta del publicista Robert M. Greenberg en la que tres trabajos de Ramírez se adjudicaron por 95.600, 71.700 y 20.315 dólares, respectivamente. ¿Qué diría Ramírez de los precios de sus obras y de sus exposiciones? Él, que no pisó un museo en su vida para contemplar arte.

Los mexicanos tuvieron que esperar hasta 1989 para ver el nombre de Martín Ramírez reconocido como uno de sus grandes artistas. Sus obras formaron una exposición monográfica en el Centro Cultural de Arte Contemporáneo de la capital de México, que dio la bienvenida así al pobre de los Altos de Jalisco que se vio forzado a ir al norte, donde perdió el habla por razones desconocidas, lo declararon demente, lo ingresaron en un manicomio y descubrió qué era el arte, que su vida era el arte.

A diferencia de la exposición de México, Marcos de reclusión no tiene el objetivo de reivindicar a un héroe nacional, pero sí tiene una larga duración hasta el 12 de julio en el Museo Reina Sofía de Madrid para dar a conocer su obra como si España también estuviese en deuda con este hombre frágil de espíritu y hábil en el manejo del lápiz, la tinta y la pintura sobre el papel o el lienzo.



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