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LA CREATIVIDAD EN CHARLES S. PEIRCE

“¿No es de todas las cosas la más maravillosa que la mente sea capaz
de crear una idea de la que no hay ningún prototipo en la naturaleza,
nada con el menor parecido, y que por medio de esta completa ficción
sea capaz de predecir los resultados de los experimentos futuros,
y que por medio de ese poder haya transformado la faz de la tierra?”
(CP 7.686, 1903).

1. Introducción

¿Cómo llega el ser humano a producir una obra de arte? ¿Cómo llega su inteligencia a formular una ley científica o a descubrir algo que cambiará el curso de la historia? ¿Cómo es posible la novedad? ¿Dónde radica la originalidad de la creación humana? Se han dado numerosas explicaciones sobre la creatividad, tanto desde un punto de vista filosófico, como psicológico e incluso neurológico. Sin embargo, se ha olvidado, a mi entender, que la actividad creadora del ser humano no es una actividad más de entre todas las que realiza, exclusiva de la ciencia o del arte, sino una característica central de su razón. Esta consideración pocas veces se ha tenido en cuenta. Así lo muestra el sistemático olvido a que se ha visto sometida la imaginación -la facultad más estrechamente ligada con la capacidad de crear- durante los últimos siglos, y su consideración en ocasiones como una capacidad anárquica, subjetiva e irracional.

En Charles Sanders Peirce (1839-1914) es posible encontrar unas líneas maestras que permiten esbozar una respuesta a estas preguntas, y desarrollar una teoría de la creatividad ligada a la propia experiencia y a la acción humana, una teoría que nos permite comprender esta cuestión desde un punto de vista vital. En la noción de abducción, que Peirce concibe como una mezcla peculiar de lógica e instinto, radica la clave para proporcionar esa explicación. Peirce define la abducción como "el proceso por el que se forma una hipótesis explicativa", y como "la única operación lógica que introduce una idea nueva" (CP 5.171, 1903). Daré en primer lugar una breve explicación de la vida y el pensamiento de este original pensador, que fue por encima de todo un hombre creativo; examinaré después el concepto de creatividad a partir de su pensamiento; me detendré en tercer lugar en la abducción, clave de la creatividad para Peirce, y por último en la enriquecedora noción de "racionalidad creativa" implícita en la abducción y en el completo sistema peirceano.



2. Charles S. Peirce: un hombre creativo

Charles Sanders Peirce ha sido considerado como el pensador más original y versátil que América ha producido1. Nacido en Cambridge (Massachusetts), creció en un influyente entorno intelectual, cultural y social. Peirce se graduó en ciencias químicas y fue un científico fascinado no sólo por la práctica sino también por la teoría de la ciencia y por su historia, así como por la filosofía y por la lógica.

A lo largo de toda su vida Peirce intentó desarrollar una enorme empresa creativa: construir todo un sistema filosófico en el que se articularan arquitectónicamente los distintos saberes y convicciones. La interdisciplinariedad, el enraizamiento vital de la filosofía, el discurso filosófico salpicado de imágenes, de referencias a otros ámbitos que no fueran estrictamente discursivos, son elementos que él empleó en ese intento de construir un sistema en el que todo enlazara con todo. Peirce trabajó tenazmente durante décadas. A lo largo de los años modifica una y otra vez los conceptos, escribe y reescribe, dialoga con los pensadores que le precedieron y consigo mismo en una comunidad formada por todos aquellos que buscan la verdad, cuida a sus ideas, sus creaciones, como a pequeñas personas (CP 6.289, 1891), las perfecciona hasta arrojar concepciones que sorprenden por su claridad y acierto, "fogonazos de luz sobre un fondo de oscuridad tenebrosa", como escribió William James2.

Peirce fue un hombre complejo y nada convencional. Rozó en ocasiones la extravagancia -no faltó quien lo tildara de loco- y tuvo siempre dificultades para sujetarse a convenciones o ideas preestablecidas. Su vida estuvo estrechamente ligada a la creatividad: su dedicación a la ciencia no estuvo exenta de logros, y su pensamiento abarcó los ámbitos más diversos, de alguno de los cuales se le ha considerado "padre", como en el caso de la semiótica. Así mismo se le considera fundador del pragmatismo. El pragmatismo, que después Peirce denominó "pragmaticismo" para a distinguirlo de interpretaciones incorrectas, nació como un método para clarificar conceptos, y busca comprender las ideas desde sus posibles efectos prácticos. Esa doctrina puede verse, en una generalización más amplia, como una teoría de la acción en la que ésta es entendida como creativa, pues supone la generación continua de nuevas posibilidades de acción, de nuevas lineas de conducta, de formas de proseguir el ideal de la razón3.

Veamos, pues, qué podemos aprender acerca de la creatividad a través de este peculiar pensador.



3. ¿Qué es la creatividad?

La creatividad es una noción tan amplia que escapa a los límites de una definición sencilla. ¿Puede medirse la creatividad como han intentado hacer algunos estudios científicos y psicológicos? ¿Qué valor tienen las generalizaciones o los cambios experimentales a la hora de explicar un fenómeno que se caracteriza por la espontaneidad, que tiene en su misma esencia algo inexplicable, un elemento de sorpresa? Parece que a lo sumo podremos establecer una serie de variables desde las que apresar la complejidad del fenómeno, y tratar de acercarnos a ella desde la experiencia.

Para Peirce la creatividad es la capacidad de generar nueva inteligibilidad. La creatividad envuelve nuestra vida entera e incluso la evolución del universo, que está en continuo crecimiento. La creatividad, como posibilidad de crecer, es una característica de la racionalidad humana, de su modo de funcionar, y por tanto no exclusiva de ningún ámbito del conocimiento sino indisolublemente unida a toda aplicación de la razón humana.

Lo creativo es para Peirce lo nuevo, ideado a través de la abducción. Lo creativo es valioso, inteligible y original (MS 816, c.1903), es expresión de la propia subjetividad, que Peirce entiende en términos semióticos y que aparece caracterizada por la continuidad y el crecimiento, llamativamente marcada por la apertura. Para Peirce todo es signo (MS 278, 34, n.d), también la mente humana (CP 5.313-14, 1868), y todo signo, que es irreductiblemente triádico y está por algo para alguien en algún respecto o capacidad (CP 2.228, c.1897), está abierto a la interpretación, abierto a otros.

En esa concepción del sujeto como signo, y por tanto como capacidad de comunicarse, de mediación, de estar en relación con otros signos, radica la capacidad inagotable de crecer del ser humano, su poder creativo. Para Peirce siempre existe en la mente un elemento de espontaneidad, "la mente no está sujeta a 'ley' en el mismo sentido rígido en que lo está la materia. (...) Siempre permanece una cierta cantidad de espontaneidad arbitraria en su acción, sin la cual estaría muerta" (CP 6.148, 1891). Este elemento de espontaneidad conjugado con el control propio de la razón, explica la creatividad como la aparición de nueva inteligibilidad a través de la que se va encarnando el idea de razonabilidad en el universo (CP 1.615, 1903). Por encima de cualquier determinismo, hay una nueva -y en ese sentido inesperada- inteligibilidad, y esa aparición de lo nuevo se da a través de la abducción, cada interpretación es de naturaleza abductiva.



4. La abducción

No seríamos capaces del más mínimo avance en el conocimiento, tampoco del necesario para la vida ordinaria, sin la abducción, sin esa operación lógica que permite explicar la aparición de nuevas ideas. Se trata de un salto de la mente hacia lo nuevo: apoyada en la experiencia, pero salto; con referencias a lo antiguo, pues no sería posible sin conocimientos previos y sin experiencia, pero nuevo. La abducción es la explosión de una idea sin el apoyo de unas premisas en las que esté contenida, la aparición de una respuesta 'sorprendente', originaria (CP 5.181, 1903), a unos hechos sorprendentes, que llaman nuestra atención: sorprende la facilidad con que acertamos con la hipótesis correcta, y eso es posible para Peirce por un instinto que nos permite 'adivinar' la verdad, una luz natural (il lume naturale), en palabras que toma de Galileo, que permite penetrar en la naturaleza y adivinar la explicación verdadera (CP 5.604, 1903; 7.219, 1901). El universo es una gran obra de arte, un poema, "un gran símbolo del propósito de Dios" (CP 5.119, 1903), por eso posee inteligibilidad; hay una afinidad entre la mente y la naturaleza y nosotros podemos descifrarla tarde o temprano.

La abducción es un fogonazo, un acto de intuición (insight) (CP 5.181, 1903), aunque esa intuición no debe entenderse como conocimiento directo e infalible, no inferencial, que para Peirce no existe. La abducción tiene tambiém forma lógica (CP 5.188, 1903) y se puede dar cuenta de las razones de por qué escogemos una hipótesis. Por eso puede otorgársele valor racional y el que abduce no es sólo un "iluminado". Existe en la abducción un control racional, aunque ésta es muy poco estorbada por reglas lógicas (CP 5.188, 1903). El hecho de que sea falible, el argumento lógico más débil e inseguro, no resta un ápice a su importancia para el entero edificio del conocimiento, pues también es el más fecundo (8.385-8, 1913).

La abducción inventa, permite ir más allá del ámbito de lo observable (CP 2.632, 1877) y explicar la aparición de nuevos conceptos, no sólo de nueva información. El punto de partida del arte o de cualquier investigación es para Peirce la obtención de la hipótesis, no la prueba de una hipótesis obtenida inexplicablemente. Esa hipótesis debe ser proseguida por otros procesos que la comprueben o que la encarnen, pero su obtención es el momento que transmite el impulso creativo al conocimiento.

La hipótesis surge al percibir hechos y experiencias que se elaboran de un modo novedoso, no como conclusión de una deducción ni de un proceso formal en sentido lógico. Peirce habla de una "lógica del descubrimiento" (2.107, c.1902), y rescata así la creatividad del ámbito de lo místico o irracional, de una repentina inspiración o del mero azar: es posible explicar cómo creamos, pero es preciso hacerlo desde una concepción de la lógica más amplia que la deductivo-matemática.



5. La nueva "racionalidad creativa"

La abducción supone imaginar explicaciones posibles (CP 1.48, c. 1896) hasta encontrar la hipótesis que encaje como la llave en la cerradura. Si toda la creatividad depende de la abducción y ésta surge de esa peculiar mezcla de razón lógica, instinto e imaginación , si es una forma de razonamiento más libre, no inhibida por reglas, más cercana al juego, si se da esa peculiar mezcla de lógica y espontaneidad, es preciso abrirse a una noción ampliada de racionalidad que permita comprender mejor al ser humano. En ella, el uso creativo de imaginación va a tener una importancia decisiva: "El raciocinio completo, y todo lo que nos hace seres intelectuales, se desempeña en la imaginación" (CP 6.286, 1893).

Se dan en Peirce las claves para superar la empobrecida visión de la razón humana que hemos heredado del racionalismo. La vida humana es la creativamente vivida, esto es, de acuerdo con nuestra racionalidad, haciéndola crecer, y ésta no se limita a una reducida visión lógico-deductiva, sino que abarca también a los demás ámbitos que forman parte del ser humano. No somos razones separadas, tenemos cuerpo y tenemos manos para manipular, para sentir, para experimentar. La racionalidad científica como modo de conocimiento excluyente de sentimientos, instintos e imaginación muestra así sus limitaciones. No hay razones separadas, sino personas razonables que tienen sentimientos y que pueden crecer.

No puede darse por tanto una explicación exacta de la creatividad, pero sí una "razonable". Lo creativo es para Peirce lo comunicable, supone la aparición de nueva inteligibilidad que puede expresarse. Lo que se encuentra en el fondo de la teoría de la creatividad de Peirce es su concepción de la persona como sistema dinámico y orgánico de hábitos, sentimientos, deseos, tendencias y pensamientos que crece en su interacción comunicativa con los demás. Habrá que prestar atención por lo tanto a la articulación de racionalidad y sensibilidad, a la educación de la imaginación y de los sentimientos: esa es la gran tarea que tenemos por delante para llegar a ser más creativos, esto es, más razonables y humanos.




Notas
1. M. H. Fisch, "Introductory Note", The Play of Musement, T. A. Sebeok (ed), Indiana University Press, Bloomington, 1981, 17.

2. W. James, Pragmatism, Harvard University Press, Cambridge, 1907, 10.

3. Véase H. Joas, El pragmatismo y la teoría de la sociedad, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid, 1998.



http://www.unav.es/gep/Articulos/SRotacion1.html