miércoles

Vender por narices

Cerramos los ojos en busca de una sensación que nos haga recodar y lo primero que nos viene a la mente no es un sonido, ni esa sensación táctil o gustativa que nos produjo, ni tan siquiera una imagen, lo que más fácil logramos recodar es su olor.





Nuestro cerebro es capaz de recordar el 35% de lo que olemos, mientra que sólo recordamos el 5% de lo que vemos, el 2% de lo que oímos y el 1% de lo que palpamos. Y no es que lo diga yo, es un estudio de estos “serios” y aparentemente “sin sentido”, que elaboran infinidad de universidades de todo el mundo. Este en concreto, lo firma la Universidad Rockefeller de Nueva York y aunque pueda parecer una nimiedad, tiene una gran importancia en el mundo el marketing; el olor como estrategia de ventas o cómo vender más gracias al buen aroma.


De esto ya se dieron cuenta hace tiempo los americanos que llevan muchos años utilizando técnicas de marketing sensorial y utilizan “el poder del olfato” para conseguir aumentar las ventas. Disney ya utilizaba en sus parques temáticos el olor a palomitas y golosinas para incitar al consumo, pero no sólo eso, utilizaba el olor de pólvora o goma quemada para dar más realismo a sus espectáculos. No cabe duda que los olores pueden relajarnos, estimularnos, seducirnos, provocarnos y por supuesto, volcar nuestra atención sobre un producto. Esto lo saben muy bien cadenas hoteleras como Hilton y Sheraton, restaurantes como Hard Rock, la productora Paramount e incluso empresas del sector del automóvil como Lexus que consiguen despertar sensaciones “personalizando” aromas con el fin de aumentar las ventas. Aumento que pueden llegar, según los expertos, al 33% de incremento en ventas si nuestro establecimientos utiliza estos “buenos” aromas.

En nuestro país ya han surgido empresas especializadas en marketing sensorial como Aromarketing que ha logrado reproducir el olor a césped recién cortado para Leroy Merlin, u Odotipo que a través de Akewuele, ha logrado desarrollar una fragancia que venda la imagen de Lleida. Empresas como Rodilla, Pans & Company, las tiendas Telefónica y AC Hoteles ya utilizan el marketing sensorial. Incluso Renfe está experimentando, y aunque a priori no busque un beneficio directo traducido en aumento de ventas, si persigue lograr un aroma propio que transmita sensaciones de confort, fiabilidad y silencio que estamos seguros que, de lograrlo, repercutirá en su cifra de negocio.




¿A quién no le ha seducido el olor a palomitas del cine o el del café recién hecho de un bar? Los expertos saben que hay clientes que no pueden rendirse a ciertos olores y de las ventajas de los olores personalizados para conseguir la fidelización de esos clientes, por eso recomiendan cierto tipo de olores según la tipología del comercio:

El olor a naranja es adecuado para las clínicas, consultorio y tiendas de dietética.
Para las tiendas de hogar, textil o decoración, el aroma más atractivo es el de pastel de manzana, que rememora el hogar.
Agencias de viaje, solarium y gimnasios es mejor que opten por el olor a bronceador.
En farmacias, por supuesto, olor a talco, que es olor a limpio.
Panaderías y heladerías deben optar por el aroma a canela.
La teoría está muy bien y sus ventajas son evidentes, pero por más vueltas que le doy no dejo de preguntarme: ¿a qué huele el hosting?


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