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La inspiración sí existe, pero hay que cultivarla

El verbo "crear" implica "hacer algo nuevo". Y para crear, es necesario talento, preparación y mucho trabajo. Sin embargo, de acuerdo a teóricos de los creatividad, para que algún elemento creado sea considerado como "creativo", no sólo basta con que sea innovador, ya que hace falta la aprobación por parte del medio que rodea al creador. En teoría, esa creación debería causar un impacto significativo en el medio a través del aporte que éste pueda brindarle.

Mucho se ha escrito sobre las estrategias que las personas creativas emplean para crear. En esas teorías, se ha discutido con regularidad sobre la existencia o no de la inspiración. Algunas personas consideran que tienen que estar inspiradas para crear.

Otras, donde quizá se encuentre la mayoría de las personas que dedican su vida profesionalmente a carreras creativas, parten del principio de que la inspiración no existe y, en el caso de que existiera, su llegada sería bienvenida con el debido trabajo a partir de lo que ella pueda ofrecer. Esto era a lo que Picasso se refería cuando decía "si la inspiración viene, que me agarre trabajando."

Mihaly Csikszentmihalyi es un sicólogo húngaro que ha dedicado toda su carrera al estudio de personas creativas. Él sostiene que el proceso creativo consta de cinco partes: preparación, incubación, revelación, evaluación y elaboración.

La preparación corresponde al proceso de formación que todo artista debe emprender a través del estudio de su arte. La incubación es donde el artista cultiva ideas para que luego merodeen por debajo de los niveles de la conciencia. La revelación es cuando esas ideas suben hacia los niveles de conciencia y toman forma. La evaluación consiste en analizar si en efecto esas ideas valen la pena ser desarrolladas. Y finalmente la elaboración consiste en transformar esas ideas en realidad.

De acuerdo a Csikszentmihalyi, la "inspiración" vendría a ser la transición entre la segunda y tercera etapa del proceso creativo -la incubación y la revelación. "El material que se ha incubado en el inconciente se desplaza por encima de los niveles de la conciencia, revelándose entonces para el provecho del artista." A partir de esta teoría, podría inferirse que, para que la inspiración aparezca, primero debe existir una cantidad considerable de intencionalidad por parte del creador.

Csikszentmihalyi establece que para que la inspiración aparezca, primero es necesario estar completamente inmerso en ese campo en donde uno quiere que la inspiración salga a relucir. A esto se refiere cuando define el proceso de incubación. Por lo tanto, este paso representa un esfuerzo conciente.

Cuando uno concientemente decide ocupar todas sus energías en un objetivo específico, investigando e invirtiendo tiempo sobre él, uno está llenando al cerebro de cierto contenido sobre ese tema. (Es a esto a lo que me refiero cuando incluyo la palabra "cultivo" en el título de este post.) Es imperativo entonces estar pensando en eso todo el día -todos los días.

Sólo de esta forma le haremos saber a nuestra mente qué es lo que realmente nos apasiona y hacia dónde queremos que ella invierta toda su atención. Ésta es la semilla que estamos plantando "debajo de los niveles de la conciencia".

Una vez sembrada, debemos ocuparnos de ella. ¿Y cómo se logra esto? Con trabajo. Ése es el nutriente que se le debe proporcionar a la semilla para que la inspiración crezca, saque finalmente su cabeza de la tierra del inconciente y aflore en el plano de la realidad. Woody Allen argumenta que uno es el que tiene que caminar hacia la inspiración, en vez de que ella llegue a uno. En esa decisión de ir hacia ella, ya estamos de alguna manera prescindiendo de ella, y quizá es cuando decide aparecer -cuando no se sienta tan necesaria.

Ahora bien, una vez que esa semilla esté plantada, debemos estar preparados para cuando la inspiración llegue. Es aquí cuando muchos artistas caen presas de la desesperación o no están lo suficientemente dispuestos para escuchar su llamado. La inspiración en este sentido suele ser bien caprichosa, pues suele llegar cuando menos se le espera. Por eso que hay estar alerta para cuando aparezca.

Ese salto, esa conversión del inconciente al conciente, suele llegar en momentos cuando usualmente la mente está despreocupada. A muchos les llega cuando están tomándose una ducha, cuando están cocinando, haciendo una cola en el banco, o tomando una siesta.

Jerry Seinfeld siempre tiene un cuaderno y un bolígrafo sobre su mesita de noche para esas ideas que le vienen en la madrugada. Slash tiene una guitarra en cada cuarto de su casa, inclusive en el baño, preparada para cuando le llegue una melodía. Tim Burton suele guardar en el bolsillo de su chaqueta una libreta y un lápiz, pues sabe que la inspiración puede llegarle incluso cuando espera reunirse con alguno de sus productores.

Stephen King suele tener una libreta en la guantera de su carro. Célebres compositores confiesan tener a la mano un grabador de periodista para grabar las melodías que le vienen de repente. 
Así que más vale tener algo a la mano para registrar lo que el inconciente, disfrazado de "inspiración", nos pueda revelar.

No obstante, también hay que estar concientes de que a lo mejor la inspiración nunca llega. ¿Cuántas veces no hemos leído libros o escuchado discos de nuestros artistas favoritos que parecieran que no tuvieran vida? Eso le pasa hasta al más grande de los artistas. Van Gogh, Picasso y Pollock pintaron cuadros mediocres. Las primeras sinfonías de Mozart, Beethoven y Tchaikovsky son regulares. Hasta artistas de la talla de Shakespeare, The Beatles y Stevie Wonder han hecho obras lamentables.

Con todo lo frustrante que esto pueda llegar a ser, no podemos dejar que esto nos afecte. Al contrario, eso sólo significa que más duro tendremos que trabajar y que con ese esfuerzo estaremos demostrando el verdadero amor que le tenemos a lo que más nos gusta hacer. Como dice la escritora Elizabeth Gilbert: "en vez de sentirnos mal, deberíamos sentirnos bien con nosotros mismos porque hemos hecho nuestra parte." Esos intentos fallidos bien pudieran ser escalones para esa cima a la que pronto y seguramente llegaremos con nuestras obras.

Tenemos que despojar a la inspiración de esa carga de misterio y de incertidumbre que tanto se le ha querido adjudicar. Y eso se hace con trabajo.

La inspiración sí existe. Uno tendría que ser muy prepotente y orgulloso para negar su existencia. Pero hay que cultivarla, y eso es una decisión -una acción conciente que decidimos llevar a cabo.

Sigamos trabajando duro como si no existiera, pero no dejemos de estar preparados para recibir la bendición de su presencia.



http://manuelgross.bligoo.com/content/view/745848/Las-fases-del-proceso-creativo-segun-Mihaly-Csikszentmihalyi.html