sábado

Inca Kola, la bebida que derrotó a un gigante

Perú debe ser uno de los pocos países del mundo donde la famosa Coca Cola se vio obligada a formar una alianza con los fabricantes de Inca Kola, una gaseosa convertida en símbolo nacional que ya tiene 75 años.

Entre los peruanos es común decir que su bebida más reconocida basa su éxito en el complemento ideal que ofrece a los intensos sabores de los platos nacionales, que concentran su sazón en la combinación de especias y ajíes, muchos de ellos picantes.

Es ese detalle, afirman, el que le ha permitido a la Inka Cola imponer la dulzona bebida amarilla sobre cualquier otro competidor y protagonizar uno de los pocos casos en que la Coca cola no ha podido imponerse en un mercado en el mundo.
Un poco de historia
En el distrito del Rímac, uno de los más antiguos y tradicionales de Lima, se levanta la planta de la embotelladora Lindley, donde se cumple todo el proceso de fabricación de la Inca Kola y, para mayor sorpresa, también de la Coca Cola, su más enconado rival hasta hace pocos años.

La familia Lindley ha celebrado este año el primer centenario de una embotelladora que ostenta un liderazgo indiscutible en el mercado, con más del 60% de participación en la venta de la gaseosas y, según fuentes especializadas, ingresos por casi 2.000 millones de soles (más de 700 millones de dólares / 532 millones de euros) durante el año que termina.

Y si algo enorgullece a los Lindley es haber logrado que Perú sea uno de los pocos países en el mundo donde la Coca Cola ocupa el segundo lugar en las preferencias.
La embotelladora fue fundada por el inglés José Robinson Lindley, quien llegó a Lima junto a su esposa en 1886, y entró a trabajar en una fábrica de aguas gasificadas en el puerto del Callao, hasta que ya con cinco hijos se mudó al Rímac y constituyó en 1910 la fábrica de gaseosas "La Santa Rosa".

A pesar de la competencia, la empresa se fue consolidando, al atender las demandas de las zonas periféricas de la ciudad con muchas marcas de sabores y colores de lo más diverso.

EFE
En 1928, la fábrica pasó a ser controlada por su hijo mayor, José, oportunidad en la que se transformó en una sociedad anónima, con el 70% de las acciones en manos de los hijos de Lindley y el 30% en poder del padre.

La empresa cambió, entonces, nuevamente de nombre, esta vez al de Fábrica de Aguas Gaseosas Santa Rosa de José R. Lindley e Hijos S.A. y se empezó a sellar las botellas con lata o chapa.

Fue José Lindley hijo quien, en 1935, creó la Inca Kola, una bebida gaseosa amarilla que, según el investigador Luis Corvera, se inspiró en la "hierbaluisa" (cedrón o verbena de indias), una infusión que se toma hasta la actualidad como un relajante natural en Perú.

Sin embargo, el hijo mayor falleció en 1936, por lo que el control de la fábrica pasó a manos de Nicolás, el siguiente hermano, quien tuvo que enfrentarse al auge que comenzaba a tener en el país la famosa Coca Cola.

En 1945, tras la muerte de Nicolás, Isaac Lindley inició el proceso de expansión de la compañía, dedicada ya únicamente a producir Inca Kola, mediante el convenio con otras embotelladoras del país, lo que ayudó a la masificación de su consumo y su identificación con la comida peruana.
Fue Johnny, el hijo de Isaac, quien desarrolló la exitosa iniciativa de asociar a su bebida con la comida peruana, con el eslogan "Inca Kola, la bebida de sabor nacional".

Tras la muerte de don Isaac, Johnny inició junto a un grupo de asesores las negociaciones para alcanzar una asociación con la Coca Cola, una operación que se selló en 1999.

Según ese acuerdo, los Lindley seguirían produciendo la Inca Kola y también se encargarían de embotellar y distribuir la Coca Cola en la mitad de Lima, parte del norte y la selva central del país.

La otra fábrica de Coca Cola, Embotelladora Latinoamericana S.A. (ELSA), pertenecía al grupo chileno Embonor y se quedó con la comercialización de Inca Kola y la producción de las marcas de Coca-Cola en el sur del país y la otra mitad de Lima.

Pero luego de cinco años, Embonor decidió vender su subsidiaria, con lo que en 2004 los Lindley tomaron el control nacional de la producción de la Inca Kola y la Coca Cola.

EFE
En el 2007 se desató la polémica, porque se aseguró que la gaseosa nacional se estaba produciendo en Chile, algo que puso en pie de guerra a algunos nacionalistas que alertaron de la "amenaza" de perder a su bebida emblemática.
Sin embargo, la empresa salió de inmediato a atajar los rumores y aseguró que la producción y el embotellamiento seguiría haciéndose en Perú, aunque admitió que la Coca Cola Company, propietaria de la marca, había decidido que la fórmula de la Inca Kola sería en adelante producida en su planta en la ciudad de San Fernando, unos 300 kilómetros al sur de Santiago de Chile.

El secreto del sabor

Pero ¿cual es el secreto de este sabor que ha seducido a los peruanos?.
El actual gerente general de la corporación Lindley, Johnny Lindley Suárez, asegura que el sabor de la Inca Kola "es un gusto adquirido" que, en su opinión, ya está "en los genes" de los peruanos.

En una entrevista publicada en su web oficial, Lindley Suárez explica que al crear la formula de su bebida gaseosa se buscó algo diferente en aroma, sabor y color.
"El color amarillo refleja el oro de los incas. En cuanto a aroma y sabor, se buscó que no estuviera asociada a algo específico, sino que fuera inclusiva. Allí está su éxito: su sabor es único y con todo combina", señala para afianzar la imagen del producto estrella de su empresa.

El gerente también se mostró orgulloso porque, antes de ser parte del "sistema Coca Cola", fueron "el único caso en el mundo donde una bebida local le ganaba" a la famosa bebida de origen norteamericano.

Aunque admite que el éxito de la Inca Kola se restringe al territorio peruano, no deja de ser cierto que los restaurantes peruanos que surgen por doquier por toda América y España también están difundiendo la bebida, pues la gaseosa amarilla nunca puede faltar en su menú.

Para Lindley Suárez su bebida "tiene elementos tan peruanos que, inevitablemente, la limitan" a un territorio en el que no hay visos de que algún otro producto pueda hacer peligrar su reinado.