sábado

INNOVAR O INVENTAR: El ritual actual del arte de los jóvenes. (Parte I)

…si tú me domesticas tendremos el uno necesidad del otro.

Serás entonces para mi el único del mundo.

Yo seré también para ti el único en el mundo
El Principito de Saint Exupéry.


Hoy en día se debe de hacer una reflexión del arte contemporáneo en México y de su forma de persuasión en los jóvenes. Restos formativos y culturales que intermedian de forma directa con el entorno cotidiano, más cercano a realidades tangibles, contrastables y socialmente relevantes. La reconstrucción no solo formal sino conceptual de las vías creativas que los artistas han abordado, la profunda contradicción entre el cuerpo ideológico y discursivo que constituye la construcción de la “identidad” cívica o nacional, asi como las formas de pensamiento de la cultura, fincada en superlativos recurrentes. En muchos casos de franca ironía involuntaria, con la realidad circundante, de prolífica presencia en medios de comunicación, discursos políticos y materiales educativos.

Hasta ahora no parece fuera de lugar el tender líneas de explicación histórica en la construcción discursiva de México como un país de recursos naturales desbordados, enunciados de forma superlativa y de productores a granel de arte. Es así cundo surge un ansia unificadora, o para ser mas claros la ansiedad que causa el ver la precariedad con que un territorio se mantiene unido, lleva a utilizar todos los medios retóricos, visuales y no visuales a crear una serie de “ideas” y “conceptos” que posibiliten la integración –por lo menos en el plano discursivo- de los nociones mínimos que facilitaran, la interacción de mujeres y hombres de entornos geográficos diversos y antagónicos. Mirarnos pues en un mismo plano de voluntades y normas para la cultura y el arte.

Como sucede con muchos otros procesos productivos de nuestra sociedad, el arte también construye sus objetos que se generan, ya sea para vender o consumirse, no sin antes pasar por el proceso de creación. Por lo demás, el arte actual habla sobre sus propios procedimientos de producción, comparándose, contrastándose o fundiéndose con los medios de vinculación social. Sin embargo, en este espacio, los creadores, los artistas, han generado una familia que delega la creatividad para que su transición sea promovida a través de sus piezas, como lo diría Cruzvillegas: un proceso que desnuda la forma para develarnos la idea. Es entonces cuando todos los que nos vemos dentro de este circulo, ampliamos el lenguaje del arte. La vigencia en los procesos creativos que abordan esta problemática parecería casi de manera fatídica ligada a la ironía descarnada, sin embargo es importante distinguir el amplio espectro de caminos y posibilidades de interacción que artistas desde las más diversas posiciones han planteado en algún momento del desarrollo de su trabajo como una veta pertinente de reflexión productiva.

Hoy en día, hay un debate generacional sobre si los artistas jóvenes innovan o crean. La verdad de esta premisa no existe. Mi tesis radica en que los jóvenes han vinculado la tecnología para su beneficio personal y así satisfacer la necesidad de acercamiento con otras sociedades afines a su vitalidad de comunicación. El artista innova lo que quiere saber para darlo a conocer en su ambiente, lo hace inventando nuevos medios de difusión.

Walter Benjamin mencionaba que la obra de arte reproducida permite que las masas piensen y que al mismo tiempo, generen alcances ilimitados. Esto sucede por la accesibilidad. Entonces hoy en día no es de extrañarse que salgamos a la calle y observemos lo mismo bardas pintadas con graffiti, que semáforos con calcomanías de monitos chistosos, o bien, impartición de talleres de organización de tiempo libre. Es en este caso, donde la reproducción tiene un vínculo más acertado: generar cultura, no importando el medio, sino el bagaje que dejará a los que la reciben directa o indirectamente.

Sin embargo, mucho se ha castigado al mundo de las artes. No sólo por su institucionalización, sino por los problemas nacionales (y ahora internacionales) como las crisis financieras. Se ha castigado porque se piensa que es un gasto innecesario. Porque se cree que la expresión artística no sólo se usa para generar grilla o desordenes emocionales, sino también como protesta, nublando nuestra razón. Entonces es cuando me pongo a pensar que no son las crisis lo que nos hace enfrentar a nuestra sociedad, sino la necesidad de un reconocimiento y la creación de mundos, imaginarios colectivos y formas de vida, entendiéndose como una manera de organización para pertenecer a la cultura; esa misma que está siendo explotada por las nuevas generaciones y su necesidad de ser apoyados, ya no para crear, vender o darse a conocer, sino para hacer un frente común a la contemporaneidad y al bienestar de usar la expresión plástica como modelo vivo de lo que pasa en el mundo.

Creo que no debemos subestimar las condiciones del arte emergente. Si se piensa que uno de los actos principales de esta generación de artistas es emanar relaciones, entonces debemos apoyar que estas relaciones pueden ayudarnos a crear modos de acercar al público. Usemos entonces esta plataforma. Dejemos de abrazar y apapachar a los artistas y ofrezcamos mejores herramientas y acceso a la información para apoyarlos a conseguir becas, patrocinios, galerías. Hagámoslos profesionales y no sólo mecánicos de su material de trabajo. Dejemos que se relacionen entre sí, quizá de esta forma dejaremos de maravillarnos que el uso de materiales sui generis sean tan comunes hoy en día.

Al mismo tiempo, dejaremos de sorprendernos y se crearán discursos de reflexión y debate, dicho de otra forma: el arte de las nuevas generaciones apuesta por una rápida creencia que pueda cambiarse de acuerdo al día que viven: a la violencia, a las sociedades de poder, al autorretrato, al austero espacio de promoción y de difusión que les ofrecemos.

Es tiempo de que profesionales le enseñen a los artistas a desplazarse, a promoverse y a usar esa creatividad para la resolución de sus piezas sin necesidad de materiales caros. Los contratos se articulan en el contexto de las complejas relaciones entre instituciones y fuerzas sociales productoras y consumidoras de imágenes y de manifestaciones artísticas en general. Entre ellas, hay una dinámica de conflicto y concertación permanente que define su valoración. Quizá el valor ético es la propiedad comunicativa por excelencia: su poder para generar el encuentro entre personas, grupos o mundos, pero no para alejarlos como usualmente hacemos.

El arte, pero en sí el artista, ya no sólo actúa como indigente, o vendedor ambulante, sino ahora es un antropólogo que colecciona encuentros y experiencias de vida cotidiana; es observador, pero también participante: junta, hace y articula mapas, fragmentos, anotaciones, hace dibujos, toma fotografías, videos, pequeños artefactos, que al ser y estar, se han recogido residuos, convirtiéndose en un acto de lenguaje.

Es en este ambiente cuando las estrategias artísticas en una cultura netamente digital, pretende legitimizar algo que no existe, al menos no para nuestra sociedad, que es productora de artistas a granel. No es en balde que existen escuelas en Tijuana, Yucatán, Estado de México, Colima, Querétaro, o en DF, que se interesen por el arte, pero no basta con eso, hay que ser más que espectadores.

Y es que a diferencia de las prácticas cotidianas de cualquier quehacer, mejor conocido como procedimientos, el hacer arte, no debe limitarse a las escuelas, sino debe de hacerse partícipe a la sociedad, pero sobre todo, a la interacción de los sentimientos que florecen durante el proceso creativo, ya sean agradables o no, pero llenos de experiencias.



http://amaliaortizcortez.wordpress.com/2010/01/22/innovar-o-inventar-el-ritual-actual-del-arte-de-los-jovenes-parte-i/