jueves

NEUROMARKETING Y DEPRESIÓN

Entrevista con Marcus E. Raichle. Nació en 1937 en Washington. Es uno de los mayores expertos en cerebro del mundo. Cree que la depresión se acabará curando y que la neurociencia impregnará todas las disciplinas y actividades humanas.
El Neuromarketing se estudia porqué nuestro cerebro elige una marca y no otra. Esto interesa mucho a las empresas.
XL. ¿En qué se ha avanzado en el estudio del cerebro?
Marcus E. Raichle. En los años 50 y 60 del siglo pasado, cuando no había las complejas técnicas con las que hoy trabajamos, debíamos inyectar un agente de contraste en el sistema sanguíneo y observar su acción por rayos X para detectar un tumor o un coágulo. Eran procedimientos dolorosos y difíciles de interpretar. Hoy podemos mirar el cerebro mientras trabaja. Y nos está abriendo interesantes puertas.
XL. ¿Podría ser más específico?
M.E.R. Hay dos técnicas cruciales –la imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) y la tomografía por emisión de positrones (PET)– que han permitido ‘mapear’ el lenguaje, la memoria, la atención... Incluso hay ya una disciplina, la neurociencia cognitiva, que combina el trabajo de psicólogos, interesados en medir comportamientos, y neurocientíficos, como yo, con acceso a fMRI. Y van surgiendo nuevos campos como neurociencias sociales, neuroeconomía, neuromarketing...
XL. Perdone, ¿neuromarketing?
M.E.R. [Se ríe] Es una disciplina que estudia cómo tomamos decisiones de consumo: por qué prefieres Pepsi a Coca-Cola. En fin, la gente puede decirte lo que piensa, pero si le tapas los ojos, sus decisiones ya no son tan definitivas. Esto interesa mucho a empresas como General Motors y General Electric.
XL. ¿La fMRI traerá avances en el campo de la psiquiatría?
M.E.R. Muchos. Yo participé en un estudio sobre depresión: buscábamos alguna anormalidad en el cerebro de gente deprimida y hallamos una en medio de la cabeza, a la altura del entrecejo, hacia dentro, una zona pequeñísima, relacionada con las emociones, que consumía menos glucosa de lo que debía. Después, en autopsias a gente que sufrió depresión, vimos que esa área se había reducido y que carecía, incluso, de células específicas. Y los equipos que investigan la predisposición genética a la depresión llegaron al mismo sitio del cerebro.
XL. ¿Y se curará la depresión?
M.E.R. Es que un neurocirujano canadiense y un neurólogo norteamericano ya han hecho experimentos. Pensaron que si introducían electrones en esa zona, podrían generar alguna reacción, y funcionó: al activar los electrones en la mayoría de los voluntarios, la depresión se `desactivó´. ¡Increíble! Éste es un método que ya se ha probado también con personas con párkinson; al activarles los electrones en diferentes partes del cerebro, se levantan y caminan por la habitación. Es como poner un marcapasos en el corazón, pero en el cerebro.
XL. ¿Se aplicará a otros males?
M.E.R. No se sabe aún; quizá, al trastorno obsesivo compulsivo. La fMRI, combinada con herramientas como la genética y otras técnicas, será muy útil para encontrar pistas en el desarrollo de terapias cada vez más específicas. Ya se trate de drogas, implantar electrones u otras. Cada vez conocemos mejor cómo alcanzar células específicas en el cerebro, de forma que respondan selectivamente ante fármacos. Lo primero es saber adónde quieres llegar. Debes conocer la arquitectura del problema y la fMRI es una herramienta muy útil en este campo.
XL. ¿Cuál es la principal tarea del cerebro?
M.E.R. Dicho de una forma muy general, la predicción. Nuestro cerebro se pasa la vida intentando averiguar qué puede ocurrir, si algo bueno, malo o indiferente, para reaccionar ante ello. A través de nuestra experiencia y el `equipaje´ genético de cada uno construye un modelo del mundo. Y a lo largo de nuestra vida, básicamente, comparamos este referente con el mundo en sí. A veces somos conscientes de ello; otras, no, pero ése es su cometido principal.
XL. ¿Y de qué se alimenta?
M.E.R. Es totalmente dependiente del oxígeno para quemar la glucosa que le proporciona la energía. Y es tan dependiente de la glucosa que no trabaja bien si se la suprimes. Y gasta mucho, créame. El cerebro apenas supone el dos por ciento de nuestro peso, pero consume el veinte por ciento del oxígeno que necesitamos. ¡Una desproporción!
XL. ¿Cuáles son las actividades que consumen más energía?
M.E.R. El mayor consumo se va en la función primaria de la que hablaba antes: en establecer las conexiones neuronales que nos permiten percibir y analizar la información que recibimos y la que ya tenemos y en generar respuestas apropiadas. Una parte de lo que percibimos proviene, por nuestros sentidos, de lo que nos rodea y la otra parte, quizá mayor, de nuestro propio cerebro. La idea es que hace muchas cosas y la mayoría no tiene relación con lo que uno está haciendo en ese momento.
XL. Duermo poco. ¿Es muy Grave?
M.E.R. El cerebro no tolera la falta d sueño. y como no para de tomar decisiones, necesita reorganizarse, construir nuevas conexiones durante la noche y reempezar. Antes de acostarse, estás al borde del abismo en cuanto a costes cerebrales.
Por: Fernando Goitia



http://ciclog.blogspot.com/2010/01/neuromarketing-y-depresion.html