jueves

El impacto de la mente sobre el cuerpo

Imagina un limón, redondo y amarillo; y ahora, tras cortarlo en trozos jugosos, llévate uno a la boca. Cuando practicamos esta sencilla visualización, la boca se llena de saliva. Es una forma sencilla de comprobar el impacto de la mente sobre el cuerpo.

Algo así viví yo hace algún tiempo con Alex, mi hija mayor, que desde hacía tiempo se quejaba, de forma regular e intermitente, de que le dolía la tripa. Visitamos al pediatra, hicimos las pruebas de rigor para intentar encontrar una razón a un dolor que parecía recrudecerse sin previo aviso y sin causa aparente, para luego desaparecer durante un tiempo. Empezaba a desesperarme el tema porque no respondía ni a un cambio de dieta ni a la medicación. Descartados a priori las causas médicas más probables, decidí que tal vez el origen fuese psicosomático. Y de forma intuitiva empezamos a practicar, por las noches, antes de dormir, ejercicios de visualización de unos 5 o 6 minutos para intentar abordar de forma constructiva lo que tal vez respondía a una forma inconsciente de expresar miedo o ansiedad. Y efectivamente, en pocas semanas desaparecieron casi por completo los dolores de tripa. Hoy en día, cuando algún dolor de tripa todavía amenaza, es la propia Alex la que sabe cómo reaccionar para desactivarlo: ha aprendido a reconocer que el miedo o la ansiedad -algo que habita en su cabeza- pueden causarle síntomas extraños y dolorosos. Este aprendizaje, sencillo y natural, forma parte de su creciente capacidad de gestión emocional.

Uno no suele compartir con los demás este tipo de experimentos caseros porque nadie lo toma en serio. Así que cual fue mi sorpresa cuando apareció en el número de noviembre 2009 de la revista Pediatrics los resultados de un estudio que acaba de mostrar como el uso de la imaginación puede, efectivamente, aliviar de forma significativa las molestias gastrointestinales funcionales de los más pequeños, es decir -y esto es importante- aquellas en las que no existe evidencia de un trastorno conocido. Miranda van Tilburg, principal autora de la investigación, declara que “los dolores de tripa crónicos son muy difíciles de tratar. Ni las intervenciones en la dieta ni la medicación suelen ser efectivas… Nuestro estudio es especialmente emocionante porque constata que la terapia de la imaginación guiada para el dolor de tripa tiene mejores resultados que los tratamientos convencionales.” Mientras que un 73% de los chicos asignados a la nueva terapia reconoció que sus dolores de barriga se habían reducido a la mitad, solo el 26% de los que siguieron la terapia convencional consiguieron buenos resultados. La técnica utiliza la guía verbal para ayudar a los pequeños pacientes a imaginar beneficios o proyectar cambios sobre su comportamiento, sus emociones o su fisiología.

Esperemos que sus pautas de aplicación no se queden en manos de unos pocos profesionales y padres y estén pronto al alcance de los pequeños pacientes que las necesiten, para que puedan empezar a practicar, como Alex, la posibilidad de gestionar esas emociones a veces incómodas, pero siempre flexibles y dispuestas a re-canalizarse de forma constructiva.



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