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Parar el reloj es bueno para renovarse y recuperar creatividad

Yo también quiero un año sabático
- La opción de Adrià debería -según los expertos- generalizarse

DAVID FERNÁNDEZ 03/02/2010

La decisión de Ferran Adrià de cerrar durante dos años El Bulli ha desempolvado un debate impensable en una recesión: la posibilidad de tomarse un año sabático. La cultura de parar durante un tiempo para ampliar conocimientos o reflexionar de forma pausada hacia dónde se quiere orientar la carrera profesional está mucho más extendida en países anglosajones que en el ámbito mediterráneo. En un país como España, con más de cuatro millones de parados, cualquier referencia a un año sabático puede sonar ahora como un sarcasmo; sólo unos pocos elegidos como el cocinero catalán se lo pueden permitir. Los expertos en formación y recursos humanos son conscientes de la sima que se ha abierto entre teórica y práctica en el mundo laboral. Sin embargo, señalan que tomarse un año sabático eertada, aunque no exenta de riesgos. Hay que planificar muy bien esa etapa de tránsito para sacarle el máximo provecho.

“Debería ser una práctica obligatoria. Desde el punto de vista físico el estrés al que estamos sometidos nos hace perder creatividad. Poder mirar las cosas desde fuera es el secreto del éxito“, argumenta Juan Mateo, consultor y presidente de la Factoría del Cine Empresarial, empresa especializada en la formación de directivos mediante sistemas audiovisuales. “Con su decisión, Adrià vuelve a demostrar su inteligencia. Es cierto que no todo el mundo tiene el fuelle financiero para parar durante un tiempo, pero también es verdad que no todo el mundo está dispuesto a renunciar a las candilejas del éxito y retirarse cuando se está en la cresta de la ola”, opina.

La práctica del periodo sabático está mucho más generalizada en el ámbito académico que en otros gremios profesionales. Muchos profesores universitarios, principalmente en EE UU, suelen parar en su actividad docente cada seis u ocho años y dedican un curso a investigar, viajar e intercambiar conocimientos con otros colegas. En el ámbito empresarial los casos más típicos de ceses temporales de la actividad, según los expertos, suelen ser los de aquellos empresarios que, tras vender su empresa, se toman un descanso antes de dar el salto a un nuevo negocio. También suelen optar por este camino determinados profesionales que, después de trabajar para otro mucho tiempo, prueban suerte por su cuenta. Lamentablemente, ahora abunda un tercer tipo de sabático: el forzoso.

“Creo en un parón muy activo, con una agenda muy ocupada”, indica Guido Stein, profesor del departamento de dirección de personas de IESE. “Lo idóneo sería cambiar durante un tiempo de empresa. Eso enriquece la perspectiva del profesional. Es interesante salir de nuestro ámbito habitual y si se puede cambiar de país mejor que mejor. Al final terminamos leyendo los mismos periódicos, viendo las mismas películas, coincidiendo con la misma gente en los mismos restaurantes… Tenemos unos hábitos que nos uniformizan y dificultan nuestra capacidad de innovación”, añade este experto.

Carlos Alemany, director en España de la empresa de cazatalentos Korn/Ferry, considera importante que todo profesional, en un determinado punto de su vida laboral, haga un balance de su carrera para poder reorientarla en caso de que no esté contento con ella. “Suelo recomendar a los ejecutivos que cojan una hoja. En una cara les pido que escriban cuáles eran sus aspiraciones laborales cuando comenzaron su carrera; en la otra deben poner lo que han conseguido. Muchas veces las dos listas no tienen nada que ver. En esos casos es importante tomarse un periodo para la reflexión, de lo contrario vas a tener siempre más de lo mismo”, explica.

Todo el mundo tiene un momento clave en su vida profesional. Para Ferran Adrià este momento llegó en 1987, justo el año en que se convirtió en el único chef de El Bulli, y tuvo lugar en la Fundación Escoffier de Cannes. En esta localidad francesa asistió a una demostración culinaria impartida por Jacques Maximin. De la intervención del célebre cocinero francés se quedó con una frase que ha marcado su carrera: “Creatividad significa no copiar”. Más de dos décadas después, y coronado como el mejor cocinero del mundo, Adrià decide parar. En 2012 y 2013 El Bulli permanecerá cerrado al público. Será un periodo que dedicará a “reflexionar, programar y preparar” el nuevo formato del restaurante para los años siguientes. Adrià quizás se haya dado cuenta de que corría el riesgo de copiarse a sí mismo y, para no traicionar la máxima de Escoffier, ha preferido hacer un alto.

Una de las personas que mejor conoce a Adrià, tanto desde el punto de vista personal como profesional, es Marcel Planellas. Profesor de Empresa de Esade, Planellas elaboró tras una minuciosa investigación el caso de Adrià en 2007. Este trabajo, que ahora estudian los alumnos de la escuela de negocios, basa su tesis en la creatividad como elemento diferencial y clave del éxito de El Bulli. El restaurante no es ni el más lujoso ni el mejor situado y por eso debe usar otras armas para atraer clientes. Esa arma es la innovación, el talento. Es una baza que, sin embargo, tiene como peaje un enorme desgaste, lo que justificaría la decisión del chef de tomarse un periodo de reflexión.

“El modelo exige un gran esfuerzo y ha forzado a Adrià a dosificarse. Primero tuvo que abrir sólo medio año, luego optó por dar sólo cenas y ahora le lleva a anunciar el cierre de los servicios durante dos años”, explica Planellas. Este profesor compara la labor de Adrià con el de los diseñadores, que cada cierto tiempo tienen que presentar una colección en la pasarela y someterse al juicio de la crítica. “El Bulli no da a Adrià ingresos sino reputación que es la que le permite abrir otros negocios como la consultoría, la publicidad, que son las que le hacen ganar dinero para poder comprar su libertad creativa”.

Planelles cree que todos los trabajadores que deciden tomarse un periodo de reflexión en algún momento de su carrera deben hacerse preguntas vitales, ser conscientes de lo que quieren conseguir, marcase objetivos. También se ha de asumir que esta alternativa implica riesgos. “La alternativa es quedarse igual. Dejar un entorno estable y embarcarse en otro proyecto es una incertidumbre. Nadie nos garantiza que el nuevo puesto sea mejor, pero al menos habremos crecido como personas. La mejor decisión de futuro es protagonizarlo”, enfatiza el profesor de Esade.

A diferencia de lo que ocurre en otros países desarrollados, la cultura del año sabático está poco extendida en España. Esta falta de práctica explica en parte la reacción de escepticismo que ha tenido mucha gente tras conocer la decisión de Adrià, vinculando ese tiempo de parón a vacaciones cuando el cocinero ha reiterado que se tratará de una fase de trabajo aunque no de cara al público.

En EE UU, por ejemplo, nadie se llevó las manos a la cabeza cuando el vicepresidente ejecutivo de Oracle, Charles Rozwat, decidió el pasado verano tomarse un año sabático. Tras la compra de Sun Microsystems y el lanzamiento de uno de los paquetes de software más ambiciosos de la compañía, Rozwat comunicó que se había matriculado para realizar un máster en Administración Pública en la Universidad de Harvard, donde pasará un año acudiendo a clase.

“La imagen que tenemos los españoles de los periodos sabáticos es claramente diferente por un aspecto cultural”, argumenta Juan Mateo. “En los países anglosajones, contrariamente a lo que podría pensarse porque el protestantismo sitúa el trabajo como lo más importante y se relaciona directamente con la felicidad, es donde hacen más hincapié en la teoría del año sabático porque saben que el descanso facilita y mejora la productividad”, añade.

En el mapa empresarial español uno de los pocos y más conocidos ejemplos de periodos sabáticos fue el protagonizado por Juan Arena. En 1999 el entonces consejero delegado de Bankinter decidió marcharse a Harvard para completar su formación. “Necesitaba entender lo que significaba Internet. La penetración de la web en España era muy pequeña y por tanto la experiencia era muy corta. Necesitaba ver un mundo mayor, distinto al de aquí”, explica. Arena considera que esta experiencia ha sido una de las mejores de su vida porque le abrió “un mundo de posibilidades” y le ayudó a proponer cambios en el modelo de negocio de Bankinter.

Este directivo califica de “excelente” la decisión de Adrià. “Me hace sentir un enorme respeto por él”. Sin embargo, reconoce que no es fácil tomar una decisión de este tipo. “No sólo porque a veces no se entiende en el entorno sino porque también implica un cierto riesgo personal y porque en el fondo da pereza asumir ese riesgo”. Eso sí, reivindica las ventajas de hacer un alto en el camino. “Te enfrentas a cosas nuevas que te obligan a reflexionar, a mirar el mundo de otra manera, a cambiar. En definitiva, te hace rejuvenecer, te hace sentirte que estás empezando de nuevo”.

Como reconoce el ex consejero delegado de Bankinter, que un profesional en España anuncie que se va a tomar un tiempo de descanso, aunque éste sea activo y dedicado a la formación, todavía está mal visto e incluso puede llegar a estigmatizar a la persona que decide dar este paso. “Las cosas están cambiando, pero no muy rápido”, señala Juan Mateo. “El año sabático se vincula todavía con profesionales raros, conflictivos. Todo el mundo apuesta por la formación pero cuando llega una crisis una de las primeras partidas que rebajan las empresas es la destinada a formación”.

Esta opinión es compartida por Carlos Alemany: “En España, cuando alguien salta de una actividad a otra se le mira con poca apertura de miras, se le ve como alguien poco consistente cuando en realidad puede ser todo lo contrario. Por eso la vuelta tras un año sabático es muy complicada. Vemos a estas personas diferentes a nosotros”. Sin embargo, este head hunter cree que la decisión de parar para reciclarse es un camino que habrá que seguir. “Sobre todo porque la mitad de los empleos actuales ya no existirán dentro de 15 años”.

El profesor Guido Stein de IESE, cree que a las personas que optan por tomarse un año sabático en las circunstancias actuales hay que reconocerles al menos el mérito de la valentía. “El mercado laboral ahora es como uno de esos autobuses que circulan por las carreteras de algunos países en vías de desarrollo que de tan llenos que van sale la gente hasta por las ventanas. Hay mucha gente que quiere tu puesto y quizás cuando quieras subirte al autobús no haya sitio para ti”. El Bulli ha sido elegido durante varios años seguidos como el mejor sitio para comer del mundo. ¿Conseguirá Adrià recuperar el centro cuando vuelva? Todo es posible con el gran alquimista de la cocina moderna. Aunque sus rivales ya están afilando los cuchillos.



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