miércoles

Sensación. Emoción. Pensamiento

Reflexiones tras el seminario de meditación y silencio compartido por mis compañeros de Sadhana en La Plana.





Dejar que la sensación sea, natural, espontánea, inmediata, neutra.
Las sensaciones son como nubes pasando por el cielo.
Sin valor, sin historia, tenues, sutiles, presentes.
Permitirles que pasen.
Evitar atraparlas y convertirlas en emoción.
Densificarlas relacionándolas con la historia personal.
Saldar cuentas pendientes con las sensaciones del presente.
Las sensaciones son ahora,las emociones forman parte del pasado.
Éstas últimas duermen en nuestro interior hasta que un nuevo estímulo las despierta.
Un estímulo, que no fue el creador de la primera sensación densificada en emoción, aparece.
Y se viene al presente y se trae todo su equipaje.
Su equipaje que no es de ahora y que no puede resolverse en el ahora.
Observar las sensaciones, sin valorarlas.
Es, ni más ni menos, en su justa medida. Sólo Es.
No hay nada más. El resto lo añades tú.
Tú, que en realidad ni eres.
Cuando convertimos las sensaciones en emociones y, no sólo contentos con sentirlas, además las racionalizamos y damos pábulo al discurso mental, la simple sensación, transmutada ya en emoción, pasa a ser un cul-de-sac. Un infinito, improductivo y estéril razonamiento que no conduce a ningún lado. Un explicarnos nuestra vida que nos aburre y aburre.
Sensación Es y Se Siente.
Emoción se confunde con el sentir porque lleva cargas que no le pertenecen.
Razonamiento se elabora.
Sólo la sensación, sin juicio ni valor, es real, es raíz; el resto es añadidura.
Evidentemente que en la vida necesitamos emoción y razón -y son mecanismos evolutivos muy útiles- pero en meditación sé, ni sientas ni elabores, porque estarás añadiendo algo que no está ahí per se.
Per se sólo hay sensación, un movimiento, primero, original, sostenible.
Sosténlo, observa y déjalo marchar.
Ésa es su función.
Evita atraparlo y empezar la rueda.
Manténte lo más cerca del centro, del eje, hasta que un día -o a ratos- puedas reposar en él.
Entrégate a la sensación en el momento de emerger y suéltala después. Está detrás de la emoción. No las confundas, es muy fácil, pero la sensación pasa delante de ti y la emoción proviene de ti, porque unes la sensación horizontal con el sentir vertical. Viene de ti porque trae la historia que has almacenado en tu interior. El día que las emociones están purificadas podrás unir horizontal y vertical pero, hasta entonces, quédate en lo horizontal y poco a poco inmérsate en lo vertical para purificar. En silencio, con la sensación de tiempo ampliado de la meditación, conoces el proceso de elaboración.
Sensación horizontal.
Emoción vertical.
Pensamiento circular sobre la base precedente.
Cuando sensación. emoción y pensamiento se unifican hay experiencia absoluta sin forma en el espacio.


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¡Cuánta carga del pasado colocamos en nuestras relaciones presentes!
Sin conciencia del momento actual y de las interacciones que suceden, contaminamos nuestras relaciones demandando aquello que no fue colmado en una etapa anterior.
Dejamos de ver al Otro como es, un profundo ser abierto al mundo en este instante.
Lo miramos pero no lo vemos.
Porque lo vemos desde nuestra carencia y no desde su plenitud.
Y no lo vemos desde su plenitud porque no estamos plenos.
Porque aún no hemos abrazado e integrado aquellas carencias que se quedaron insatisfechas.
Porque esa carencia fue enajenada y reprimida.
Y para seguir avanzando y creciendo en la relación y en la vida, debe ser integrada e incluida en un abrazo abarcante que permita trascender e incluir lo precedente.
Esa cuenta debe ser saldada por ti mismo, la única persona que hoy puede hacerse cargo de ello.
Por eso, si queremos mantener relaciones sanas, fértiles y creativas con el Otro, de adultos, la única manera de satisfacerlas es dártelas tú mismo.
Apelar a esos arquetipos internos y cuidarnos desde esa parte sabia y profunda de nosotros mismos.
De esta manera, iremos libres, sin equipajes, a entregarnos en una intensa relación con el Otro, una relación verdadera, única, creativa, donde dos seres escriben su historia libre de las cadenas anteriores.
Reconocer esas cadenas, identificarlas, acudir a su causa y raíz y sanarlas -generando ese arquetipo interno de sostenimiento y contención de ese ansia infinita de ser amado y reconocido- es el proceso para liberarnos del lastre y ofrecernos en hermosa dádiva al Otro, nosotros mismo aparentemente ahí fuera.


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A David (amor universal a través del amor personal):


Tú eres yo ahí fuera.
Y no estás fuera sino dentro.
Porque somos lo mismo y nos reconocemos.
Y es así de sencillo y natural.
Así de inmediato y absoluto.
Sin artificios, sin decorado.
Sólo así. Directo y simple.
Ahora.
Siempre ya.



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