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Razón y creatividad, realidades de los dos hemisferios cerebrales

El cerebro humano es un gran mecanismo que está constantemente en movimiento, pero ¿quiénes y cómo somos lo marcan sólo un entramado de fibras nerviosas?


El cerebro es un gran mapa, con dos continentes muy diferenciados entre sí, que alberga cada uno de ellos dos áreas de actividad totalmente distintas.

Si bien es cierto que necesitan complementarse, también pueden funcionar el uno sin el otro y a veces hasta compiten entre ellos.

Hablamos de los hemisferios cerebrales izquierdo y derecho.

Resulta que a medida que se va creciendo uno de los dos hemisferios toma las riendas y se impone frente al otro. Y en esta, nuestra sociedad actual, predominan las características de uno sobre el otro. De lo que se trata, como en todo, es de encontrar el equilibrio.

Hemisferio Izquierdo
Este área del cerebro es la que procesa la forma lógica de la cosas, la aritmética, las matemáticas, el habla y la escritura, pero en un contexto analítico, podríamos decir que es el continente de lo convencional, que su lectura es un proceso lógico, lineal y binario. Su función es analizar la información que recibe paso a paso, siguiendo unas reglas y aceptándolas.




Es el hemisferio de la razón y de la lógica. El lado clásico de nuestro cerebro. Podemos imaginarlo correctamente colocado, transmitiendo un discurso perfectamente organizado, en un tono sensato y con una organización exacta.

Es el lado comunicativo, ya que tiene la capacidad de expresar no de experimentar. Es el que más actúa porque es el encargado de hablar, escribir, contar. Es el optimista porque desengrana parte a parte cualquier entramado complejo hasta darle una solución práctica.

Hemisferio derecho
Este lado es el representante de la corriente opuesta al izquierdo, o sea que está relacionado con el movimiento, la creatividad, la sensibilidad, percibe globalmente las cosas, espacialmente, su lectura es el concepto del todo.

Es el que rige la intuición, su mundo es el de los símbolos, las metáforas, los sentimientos, la imaginación. Es el lado artístico de nuestro cerebro, y una visualización gráfica de él podría ser un discurso fantástico, emotivo, transmitiendo información con mucha pasión, con mucha intensidad, con cambios frecuentes en el tono y absolutamente organizado para los sentidos.

Es el lado amable, el soñador. Se adapta a su entorno poco a poco, porque va experimentando con las emociones, las sensaciones, y es su intuición la que marca su lenguaje. Es el inventor y le falta cierta precisión porque no tiene lógica. Es el pesimista porque es el que siente el miedo y el dolor.

Dos mejor que uno
Es evidente que cualquier circunstancia extrema no es positiva, por eso trabajar sólo un hemisferio tampoco lo es, pero vivimos en un mundo en el que las características del lado izquierdo priman sobre las del derecho. Tendemos a aplicar más la lógica mientras que nuestro sentido artístico lo aplicamos en menor porcentaje. No hay más que ver las asignaturas, por ejemplo, de primaria, ¿cuántas horas dedicamos a las matemáticas y cuántas a plástica? o ¿si se suspende música los padres se lo toman de la misma manera que si no se aprueba lenguaje? Las respuestas no hace falta escribirlas. Desde luego lo ideal sería equilibrar estos dos continentes, y llegar a entender que el uno sin el otro difícilmente pueden funcionar. Tan malo es ejercitar un lado, como trabajar sólo el contrario. Por ejemplo una pizca de perspicacia en un razonamiento científico da como resultado una solución única y probablemente más entendible para todos, o también trabajar nuestro sentido musical con unas pautas ordenadas puede crear una sinfonía magnífica. Esa es la mezcla que consciente o inconscientemente se debe aplicar.

De todas formas y aún sabiendo que en Occidente se trabaja mucho más el hemisferio izquierdo, es satisfactorio saber, que en general, lo que la mayoría siente aunque no aplique proviene de su hemisferio derecho. Eso sí, es posible que todo sea un entramado de fibras nerviosas que componen los dos cortex cerebrales, pero es más poético pensar que en la mezcla está la clave, además ya lo dijo Aristóteles: “Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos”.



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