sábado

Otra vez sopa ?

¿ Podés creer que otra vez me pasó lo mismo ?

o

Si. Lo intenté de nuevo y me fue mal otra vez.

o

Pero, ¿ nunca tengo suerte con las parejas que elijo ?

o

Sí, ya sé. Pero no puedo hacerlo de otra manera . . .

Y muchas mas por el estilo.

Y cada vez, la supuesta víctima encuentra una manera de justificar sus acciones. Tiene a mano una batería de respuestas que mas allá de dejar satisfecho a su interlocutor de turno, lo deja satisfecho a él. Es como si se hubiese sacado un peso de encima. Se deja llevar por sus conductas aprendidas y se somete a la inevitable frustración de producir las mismas acciones que provocan los mismos resultados.

Es un juego perverso en el que nadie gana. Se van repitiendo las acciones siempre con el mismo resultado desalentador, por el miedo que produce intentar caminos nuevos. Formular nuevas alternativas.

Se elige caminar por la misma senda conocida aún sabiendo que no lleva a ningún lado, antes que atreverse a ir por un camino desconocido pero que puede ser la alternativa que lo conduzca finalmente a su objetivo deseado.

¿ Porqué lo hace ?. Respuesta posible: Porque se deja llevar a su propia ZONA DE CONFORT. Ese lugar donde todo es conocido. Aún lo malo.

Porque no se anima a dejar esa “comodidad” para lanzarce a la aventura de probar con algo nuevo. Eso que algunos explican como PENSAMIENTO LATERAL. El Pensamiento lateral es una manera de pensar que evita lo habitual, desde un lugar despojado de miedo. De miedo a pensar diferente. Es así que nos permite pensar el mismo problema desde distintas alternativas. Aún las mas disparatadas. Es lo que nos saca de la ZONA DE CONFORT tan cómoda pero tan previsiblemente inútil. Algo que debemos saber es que “hacer cosas a las que no estamos acostumbrados es lo que nos lleva a aprender y crecer como personas”.

Para hacer esto es preciso animarse. Ser valiente no es NO tener miedo. Es tener el valor de enfrentarlo cada vez. En cambio, la ZONA DE CONFORT es el conjunto de creencias y acciones a las que estamos acostumbrados y que nos resultan cómodas.

Estas creencias son adoptadas por nosotros tanto formal como informalmente. Nos acostumbramos a ellas y las aceptamos como algo inevitable. Porque así nos enseñaron o porque así las aprendimos. Y las repetimos y las repetimos y las repetimos . . .

¿ Entonces ?. ¿ Tenemos que resignarnos a esta situación ?. ¿ Es posible hacer algo ?.

Claro que es posible. La ventaja de todo esto es que son cuestiones que dependen casi exclusivamente de nosotros mismos, y los mas importante, es que una vez que tomamos la resolución de hacer el click, este tiende a parecernos cada vez mas posible. Mas alcanzable. Y no hay edad para esto. Podemos intentarlo a cualquier edad y en cualquier situación. Solo está limitado a la fuerza de voluntad y a la determinación que le pongamos al tema. Podemos hacerlo a los 15, 20, 30, 40, 50, 60, 70 años. No hay límite. Por eso a veces vemos como algunas personas se asombran de los cambios en otro. Sobretodo si ese cambio NO le es funcional. Es decir, no le sirve para su propia vida. Este tipo de cambio despierta mucho temor en los que están alrededor porque los hace sentir que pierden el control sobre el otro.

- ¿ Pero cómo vas a irte de vacaciones sola ?. Los asusta que el otro pueda independizar sus deseos.

- Vos antes no eras así. ¿ Qué te cuesta quedarte cuidando a los chicos ?. Les cuesta creer que tal vez tenías tus propios planes. Ir al cine, tomar mate con tus amigas o sencillamente arreglar las plantas.

- ¿ Y desde cuando no te gusta la pechuga de pollo ?. A lo mejor, nunca le gustó la pechuga de pollo y se moría por la pata y el muslo; pero para dárselo a otro se resignaba a su suerte. Así puedo seguir dando muchos ejemplos.

Ser nosotros mismos es una tarea que siempre será bienvenida. Y remarco un punto importante. A cualquier edad. No hay edad para declarar la independencia. No hay edad para dejar de cometer siempre el mismo error producto de una conducta aprendida desde siempre y nunca revisada y modificada. Bueno. En realidad si. Hay edad. La que tenemos hoy.



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