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Lecciones de las Crisis Financieras

Las crisis financieras son parte de la historia financiera mundial.  Desde la crisis de los tulipanes en Holanda en el siglo XVII hasta la crisis actual, más que una excepción son una regla. La definición más aceptada de "crisis financiera" está relacionada con un rápido proceso de desintermediación financiera, es decir, el sistema financiero deja de cumplir su función central. De ahí que resulta relevante extraer algunas lecciones que dejan para minimizar, aunque no eliminar, su ocurrencia en el futuro.  Las principales lecciones que las crisis financieras han dejado a lo largo de la historia son las siguientes:

En primer lugar son crisis de deuda, sea privada o pública; es decir, el deudor no puede pagar lo solicitado al sistema financiero. En el primer caso, por lo general son bancarias (España, por ejemplo), mientras que en el segundo tienden a ser fiscales (Grecia hoy y Perú en la década de los ochenta). La lección es que no es posible vivir por encima de los medios de manera indefinida. 

En segundo lugar, la mayoría de crisis financieras comienzan con una burbuja, es decir, un ciclo de auge y caída en el precio de un activo financiado por un exceso de crédito. A lo largo de la historia han existido diversos activos sujetos de una burbuja, como los ferrocarriles, los bienes raíces, las acciones, instrumentos financieros nuevos, etc. 

En tercer lugar, no todo el aumento en el precio de un activo implica una burbuja si está respaldado por un cambio en los fundamentos. En otras palabras, si el aumento proviene de mayores expectativas sobre el crecimiento futuro de las ganancias empresariales o por una elevación de los ingresos de los individuos, entonces el aumento está justificado. Sin embargo, la falta de precisión en la determinación del nivel en el cual un aumento deja de ser justificado y solo corresponde a especulación, asegura que las crisis financieras seguirán apareciendo. 

En cuarto lugar, las crisis vienen precedidas por un período de quietud en que baja la tolerancia al riesgo y siempre se piensa que esta vez es diferente. Los buenos tiempos son malos para aprender. 

En quinto lugar, el colapso de la burbuja genera pérdidas de riqueza, pero no siempre genera una crisis financiera ni productiva. Depende del grado de apalancamiento de los inversionistas. 

En sexto lugar, los sistemas financieros son intensivos en información, por lo que es necesario regularlos y monitorearlos, pues están expuestos a períodos de euforia y manías especulativas. 

En séptimo lugar, no todas las crisis financieras de la historia han tenido efectos globales. Las crisis de 1825, 1929 y 2008 aparecen como las más representativas. 

En octavo lugar, ante una crisis financiera es necesaria una respuesta rápida y creativa de las autoridades a través de la inyección de liquidez y reestructuración del sistema financiero.  En la Gran Depresión las medidas gubernamentales aparecieron en 1933, cuatro años después de iniciada la crisis, tanto financiera como económica. En la crisis de 2008, las autoridades reaccionaron rápidamente aumentando el gasto público, acción que también ha sido tomada por Japón hace un par de meses y parcialmente por Europa. 

En noveno lugar, la respuesta usual de las autoridades es el aumento de la regulación. No obstante, con el paso del tiempo surgen innovaciones financieras que evaden la regulación existente. En décimo lugar, el crecimiento económico depende de la estabilidad financiera.  En decimoprimer lugar, una crisis global requiere de una respuesta global. ¿Estará el mundo preparado?

En el caso peruano, el sistema bancario es sólido, aunque ello es una característica de la época del auge crediticio, tal como los diversos episodios lo han demostrado en la historia. Cautela en los momentos de auge es la mejor recomendación aplicable tanto al gobierno, como a las familias.